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El sumo sacerdote
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Aparte del llamamiento el sacerdote ha de estar cualificado por una vida que destaca sobre la de aquellos a quienes va a representar. Por eso Levítico 21 especifica las cualidades que deben adornar a los sacerdotes. Aunque muchas de las prescripciones tienen un sentido ceremonial, es evidente que su propósito último es moral. Cuestiones que le son permitidas al resto del pueblo, no le están permitidas al sacerdote, en razón de la función que desempeña. Esa alta representatividad que desempeña es la causa de que los que tengan defectos físicos que puedan desmerecer o desprestigiar a Aquel a quien representan, les incapacitan para el ejercicio sacerdotal pleno.

Uno de los argumentos que podían esgrimirse en contra de los cristianos por parte judía era la carencia de un sacerdocio legítimo, toda vez que Jesús no era descendiente de Aarón y por tanto estaba incapacitado para ser sacerdote. El argumento parecía contundente y si fuera cierto significaría la descalificación de lo que creían los cristianos. Porque si Jesús no es sacerdote, quiere decir que dependemos del sacerdocio aarónico, al ser la clase de sacerdocio que Dios ha instituido para que nos acerquemos a él. Y si dependemos del sacerdocio aarónico, ¿para qué introducir novedades que son ajenas a Dios? ¿No querrá decir eso que después de todo el cristianismo es una herejía del judaísmo y Jesús un impostor que se hace pasar por lo que no es? Parecía que el judaísmo, con la cuestión del sacerdocio, había acorralado al cristianismo, no solamente por dicha cuestión sino por todo lo que implicaba: pacto, sacrificios, templo...

Pero aquí es donde el autor de Hebreos va a tomar el argumento de los adversarios y le va a dar la vuelta, hasta el punto de que quienes parecían triunfadores en el debate salen derrotados y los que parecían derrotados salen victoriosos. Todo el capítulo 7 está dedicado a demostrar que Jesús es sumo sacerdote, no de la categoría de Aarón sino de otra categoría más antigua y superior, que la misma Escritura se encarga de señalar. Se trata de la categoría de Melquisedec. Es el personaje que aparece en Génesis 14:17-20 y que bendecirá a Abraham. No se trata de un pagano, porque la Escritura misma le adjudica el título de 'sacerdote del Dios Altísimo' y de hecho, va a bendecir al patriarca, quien, a su vez, le va a entregar el diezmo. Todo un cuadro revelador de que estamos ante un personaje que no cuadra con el sistema sacerdotal aarónico, sencillamente porque Aarón no había nacido. No solamente eso, si el antepasado de Aarón, Abraham, le da los diezmos quiere decir que, en Abraham, Aarón es quien se los está dando, con lo cual se certifica que el mismo sacerdocio aarónico reconoce al sacerdocio de Melquisedec como superior. Además Melquisedec aúna en su persona el sacerdocio y la realeza, cosa insólita en el judaísmo al estar ambas funciones separadas por proceder de linajes diferentes. Luego la noción cristiana que enseña que en Jesús sacerdocio y realeza van unidos no es ninguna innovación descabellada.

Y si el sumo sacerdote debía destacar en santidad respecto al resto del pueblo, en Jesús tenemos a aquel que es santo por excelencia, con una santidad sublime y perfecta que no puede encontrase en ninguna criatura (Hebreos 7:26).

Pero el autor de Hebreos va más allá y se apoya en un texto mesiánico, Salmo 110:4, para demostrar que el Mesías, que es Rey, es constituido también sacerdote por Dios. Hasta tres veces va a usar ese pasaje en su carta (Hebreos 5:6; 7:17, 21). El cuadro inferior muestra de forma esquemática los contrastes y diferencias entre un tipo de sacerdocio y el otro.

 

Aarón

Jesús

Llamamiento

Sin juramento (Hebreos 7:21)

Con juramento (Hebreos 7:21)

Categoría

Mero hombre (Hebreos 7:28)

Hijo de Dios y hombre (Hebreos 7:28)

Santidad

Relativa (Hebreos 5:2)

Absoluta (Hebreos 7:26)

Ministerio

Sombra (Hebreos 8:5)

Realidad (Hebreos 8:2)

Vigencia

Temporal (Hebreos 7:23)

Perpetua (Hebreos 7:24)

Sacrificio

Ajeno (Hebreos 9:7)

Propio (Hebreos 9:12)

La palabra mejor en Hebreos define la superioridad de la obra de Cristo respecto al viejo sistema, estando esparcida por toda la carta, pero concentrada en un solo pasaje capital: 'Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.' (Hebreos 8:6). Mejor ministerio, mejor pacto, mejores promesas. No hay duda, no solo no estamos ante un impostor sino realmente ante aquel a quien el Antiguo Testamento miraba y esperaba para que pusiera fin a la provisionalidad sacerdotal existente.

El fracaso del sacerdocio del Antiguo Testamento se aprecia en dos incidentes de la mayor importancia. El primero sucede mientras Moisés está recibiendo en la cumbre del Sinaí las instrucciones concernientes al tabernáculo y al sacerdocio. Pues bien, entre tanto Aarón cede ante las presiones del pueblo y fabrica un becerro de oro, al estilo de lo que habría visto en Egipto para representar a Dios (Éxodo 32:1-5). No se puede dar un ejemplo más claro de la debilidad de ese sacerdocio que, a las primeras de cambio, ya ha pervertido su ministerio. El otro incidente sucede el día de la inauguración del sacerdocio de Aarón y sus hijos, cuando dos de éstos, Nadab y Abiú, ofrecen incienso con fuego extraño, contraviniendo el mandato de Dios. A consecuencia de esta acto de prevaricación mueren en el mismo tabernáculo (Levítico 10:1-2). Un día que debería haber sido de regocijo y solemnidad se convierte en tragedia. Por las indicaciones que luego hace Moisés, es posible que estos hijos de Aarón ministraran bajo los efectos del alcohol (Levítico 10:9).

Una de las responsabilidades que el sumo sacerdote tenía cuando el tabernáculo se desmontaba, era la de ser portador de cuatro cosas fundamentales: el aceite del alumbrado, el incienso aromático, la ofrenda continua y el aceite de la unción (Números 4:16). Estos cuatro elementos eran vitales, porque sin aceite para el alumbrado el candelabro no tendría luz, sin incienso el altar no tendría función, sin la ofrenda continua el otro altar, el de bronce, tampoco tendría sentido y sin el aceite de la unción no habría consagración de objetos ni personas. En otras palabras, sin estos cuatro elementos no sería posible el ministerio en el tabernáculo. De ahí la importancia del cuidado que sobre ellos ejercía el sumo sacerdote. ¡Qué bueno es saber que todos estos elementos están bien asegurados porque nuestro sumo sacerdote, Cristo Jesús, es el responsable último de su custodia!

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