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Las herejías cristológicas
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Mucho de lo dicho sobre la controversia trinitaria entraría en este apartado, porque tenía que ver con la identidad de Cristo. Por eso no volveremos a redundar sobre este asunto. Sin embargo la cuestión no terminaba aquí. Porque si Cristo es Dios y también es hombre ¿cuántas naturalezas hay en él? ¿cuántas personas? ¿cómo se relacionan en él persona y naturaleza? Estas y otras preguntas eran las que estaban en el aire y no eran meras preguntas académicas, sino que envolvían conclusiones importantes acerca de la fe cristiana y de la salvación.

Básicamente en la controversia cristológica hubo la tendencia a irse a dos extremos, lo mismo que ocurrió con la controversia trinitaria. El primer extremo era negar alguna de las dos naturalezas de Cristo; el segundo extremo era dividir la única Persona de Cristo. El combate de los Padres que permanecieron fieles a la revelación fue el mantenerse equidistantes de ambos extremos.

Ya hemos visto cómo Arrio negó la naturaleza divina de Cristo; pero hay quien se fue al otro lado negando la naturaleza humana, como por ejemplo Apolinar, quien enseñó que la naturaleza humana está compuesta de tres elementos: cuerpo, alma y espíritu. En Cristo se daban los dos primeros, cuerpo y alma, pero no el espíritu cuya ausencia estaba suplida por el Verbo; de esta manera Apolinar pensó que había dado con la solución para una pregunta que había surgido: ¿pudo Cristo pecar?. Él dijo, no, y ello por la sencilla razón de que Cristo no tenía libre albedrío humano, sino que el Verbo tenía toda la capacidad de decisión. A primera vista esto daba una solución a la pregunta en cuestión, pero a costa de sacrificar la plena humanidad de Cristo. Porque si Cristo carecía de espíritu humano, no era hombre en el pleno sentido de la palabra, y si no era hombre, no podía ser nuestro sustituto ni nuestro Salvador. Por lo tanto la enseñanza de Apolinar era claramente errónea.

Al otro lado estaba Eutiques quien enseñaba que Cristo era hombre y Dios, pero en la encarnación la naturaleza humana de Cristo fue absorbida por la divina y hubo una especie de mezcla, igual que cuando dos líquidos se juntan, de modo que el resultado fue una tercera cosa en la que el elemento divino tenía preponderancia. Esto planteaba serias dificultades porque significaba que los atributos humanos y divinos en Cristo se habían mezclado y no se podía hacer distinción entre ambos, mientras que la Escritura nos enseña que sí la hay, pues unas veces vemos que Cristo tiene hambre, sueño, cansancio, temor, etc., y otras que lo puede todo, lo sabe todo, no tiene limitación ni en el tiempo ni en el espacio, etc. Es decir, la Escritura sí distingue entre humanidad y divinidad en él.

También estaban los que abogaban por una sola naturaleza en Cristo: la divina. Pero esto volvía a poner en evidencia la debilidad de ese sistema, porque le faltaba uno de los dos fundamentos: si Cristo ha de ser Salvador, es preciso que, por un lado sea Dios para que pueda salvar, y por otro sea hombre, para que pueda asumir nuestro castigo en nuestro lugar.

Frente a estas tendencias, que negaban una de las naturalezas de Cristo, reaccionó Nestorio, enseñando que efectivamente Cristo tenía las dos naturalezas completas, pero lo hizo de tal manera que hablaba como si ambas naturalezas estuvieran asociadas a dos personas: por un lado el Verbo a quien correspondería la naturaleza divina, y por otro Jesús a quien correspondería la naturaleza humana. Esta enseñanza era totalmente antibíblica porque la Escritura no habla de dos personas, sino de una sola persona. Jesús, Cristo, Verbo, Hijo, se refieren a una misma persona. En definitiva el problema de Nestorio era el opuesto al de Eutiques, pues mientras éste último mezcló las dos naturalezas, Nestorio lo que hizo fue dividirlas.

Fue Cirilo de Alejandría quien tomó sobre sí la lucha contra todas estas enseñanzas. Si bien doctrinalmente él fue correcto en los puntos en conflicto, no siempre su comportamiento estuvo a la altura de lo que se supone un cristiano debe ser. Pero en la cuestión teológica trabajó incansablemente para, por un lado fijar la importancia de las dos naturalezas en Cristo: divina y humana, y por otro lado aclarar que ambas están unidas entre sí por una sola persona: el Verbo. De esta manera hay una distinción entre las dos naturalezas y se salvaguarda la unidad de la persona. Hay una comunicación de ambas naturalezas con la persona del Verbo; y por eso el Verbo encarnado participa de los atributos humanos: hambre, cansancio, debilidad, limitación, etc., y de los atributos divinos: eternidad, omnisciencia, omnipotencia, etc. Por eso se dicen de Cristo en el Nuevo Testamento cosas que, a primera vista, parecen contradictorias entre sí, pero eso no es más que la consecuencia de la comunicación de propiedades que hay entre la persona y las dos naturalezas.

Al haber una sola Persona en Cristo, que es divina, eso quiere decir que su naturaleza humana es impersonal; es decir, el Verbo no se unió a una persona humana, sino a una naturaleza humana. Por eso es que a María se le puede llamar apropiadamente madre de Dios, porque lo que dio a luz no fue una naturaleza humana sino una persona divina que había tomado una naturaleza humana de ella.

Todavía estalló una disputa más en lo referente a las dos naturalezas de Cristo, y tenía que ver con la voluntad. Si en Cristo hay dos naturalezas ¿cuántas voluntades hay en él? ¿una o dos?. Los que defendían que solamente una, la divina, fueron llamados monotelitas (una voluntad); pero esta postura era contraria a la Escritura y despojaba a Cristo de un atributo esencial para ser hombre. Sin voluntad humana, sus actos como hombre eran actos reflejos, como si de un robot programado por el Verbo se tratase. Con ello su obra redentora no tenía valor, porque le faltaba el elemento primordial de voluntariedad. Además la Escritura nos habla de su voluntad como hombre, por ejemplo en el huerto de Getsemaní, cuando lucha entre hacer la voluntad del Padre y la suya propia.

HEREJÍAS CRISTOLÓGICAS
HEREJÍA PRINCIPALES DEFENSORES TEXTOS NOTABLES RESUMEN PROBLEMAS PLANTEADOS
Apolinarismo Apolinar (c.310-390) 'Es imposible que dos esencias espirituales y dotadas de voluntad cohabiten en el mismo, pues en ese caso la una estaría en contraste con la otra en virtud de su propia voluntad así como también de su propia actividad. Por consiguiente el Verbo no asumió un alma humana.'
(Apolinar, Fragmento 2)

'El instrumento y el agente fundamentan de modo natural una única actividad; y si es una única actividad, entonces es una única naturaleza; por tanto, se convirtió en una única naturaleza: la del Verbo y la del instrumento.'
(Apolinar, Fragmento 17)

Cristo no tuvo un espíritu humano, sino que el Verbo hacía las veces de tal. La naturaleza humana de Cristo es incompleta porque le falta la parte espiritual; de esta manera no es verdadero hombre.
Nestorianismo Nestorio (c.† 451) El Verbo moró en la persona de Jesús, haciendo de Cristo el portador de Dios en lugar de ser Dios-hombre.

Afirmó que la unión de las dos naturalezas es moral en lugar de ser personal.

Se destruye la unidad de persona que hay en Cristo y las dos naturalezas quedan unidas por un vínculo moral o de inhabitación, semejante al que el cristiano (una persona) tiene con el Espíritu Santo (otra persona).
Eutiquianismo Eutiques (c.378-454)

'Confieso que nuestro Señor era de dos naturalezas antes de la unión, pero después de la unión confieso una sola naturaleza.'

La naturaleza humana de Cristo fue absorbida por el Verbo. Se borra la distinción entre la humanidad y la divinidad de Cristo, confundiéndose así las dos naturalezas.
Monofisismo Severo (c.460-538)

'Creemos... en un único Señor Jesucristo... encarnado, no hecho hombre, ya que él no asumió ningún alma humana, sino que se hizo carne...; no dos naturalezas, ya que él no era perfectamente hombre, sino Dios en la carne en vez del alma, siendo todo ello una naturaleza debido a su conjunción; capaz de padecer debido al plan de salvación, ya que el sufrimiento de un alma o de un cuerpo no tenía el poder de salvar el mundo.'
(Eudoxio de Constantinopla † 369)

'Aquel que era eternamente consustancial al que le engendra es quien descendió voluntariamente y se hizo consustancial a su madre. Así, se hizo hombre, siendo Dios; se hizo lo que no era, al tiempo que seguía siendo lo que era, sin cambio alguno. Porque no perdió su divinidad, en su encarnación, y el cuerpo no perdió el carácter tangible de su naturaleza.'
(Severo)

Cristo tuvo una sola naturaleza, la divina. Se anula la naturaleza humana de Cristo a costa de su naturaleza divina.
Monotelismo Sergio († 638) '...Si Dios nos guía, llegaremos hasta la medida de la recta fe, que los Apóstoles extendieron con la cuerda de la verdad de las Santas Escrituras: Confesando al Señor Jesucristo, mediador de Dios y de los hombres [1 Timoteo 2:8], que obra lo divino mediante la humanidad, naturalmente [griego: hipostáticamente] unida al Verbo de Dios, y que el mismo obró lo humano, por la carne inefable y singularmente asumida, quedando íntegra la divinidad de modo inseparable, inconfuso e inconvertible...; es decir, que permaneciendo, por modo estupendo y maravilloso, las diferencias de ambas naturalezas, se reconozca que la carne pasible está unida a la divinidad... De ahí que también confesamos una sola voluntad de nuestro Señor Jesucristo...'
(Honorio I, De la carta 1 Scripta fraternitatis vestrae a Sergio)
Cristo no tuvo voluntad humana, solamente voluntad divina. Se le priva a Cristo de tener libre albedrío humano para escoger y decidir.

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