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VESTIDURAS E INSIGNIAS ECLESIÁSTICAS
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Un peregrino, una monja y un monje
Introducción.
Las vestiduras y adornos clericales de uso católico son casi totalmente de origen antiguo y secular. Durante mucho tiempo se consideró que su fundamento histórico estaba en la adoración del Antiguo Testamento, pero investigaciones más exhaustivas mostraron un origen diferente; no obstante, este hecho no abrogó enteramente el simbolismo asociado a la indumentaria eclesiástica. La Iglesia antes del tiempo de Constantino no conocía distinción entre la indumentaria secular y la religiosa, aunque puede entenderse que la segunda era dignificada y rica, lo que se demuestra por las representaciones en las catacumbas. Pero el crecimiento de la autoridad del clero, dentro y fuera de la Iglesia, el aumento de la estima por la liturgia y su progresivo desarrollo, y la continua especialización de la indumentaria oficial, se combinaron en favor del uso de materiales más ricos y variados que denotaran la diferencia de rango entre el clero, como la que se notaba entre los oficiales seculares; todavía no se trataba de una cuestión sobre una clase distintiva. La indumentaria eclesiástica se hizo peculiar en un sentido estricto cuando, bajo la influencia de la emigración de las tribus germánicas, las costumbres así como las formas del mundo antiguo desaparecieron y la indumentaria medieval, más conveniente, la sustituyó, mientras que la Iglesia, y durante un periodo más o menos largo, las clases superiores y los altos oficiales también, se aferraron a las formas romanas o griegas. Bajo la influencia del descubrimiento por los liturgistas de una supuesta relación de la costumbre litúrgica con la adoración del Antiguo Testamento y después por el efecto de la costumbre y las modas de comienzos de la Edad Media, se inició un desarrollo que no acabó con el uso tradicional, sino que lo transformó más o menos. Sin embargo, la historia de las vestiduras eclesiásticas en la Edad Media no muestra gruesas divisiones. El periodo del Renacimiento y del rococó, por otro lado, afirmó fuertemente su peculiar gusto. En la Iglesia griega el movimiento fue mucho menos marcado. Las iglesias evangélicas rompieron con el tipo de vestidura que expresaba el carácter sacerdotal y jerárquico del clero, encontrando un sustituto modesto. En este terreno los monumentos son una guía más segura para la investigación que las fuentes literarias. Pero una cronología positiva no puede, en muchos casos, fijarse para la evolución histórica, lo que se explica porque esta evolución no siguió en todas partes las mismas líneas.

En la Iglesia católica
Vestiduras ordinarias.
Un punto de partida se encuentra en las vestiduras del sacerdote en la celebración de la misa. El proceso de vestirse la ropa tiene lugar según unas normas eclesiásticas en un orden establecido:

El amito (amictus, humerale, más raramente superhumerale) es una tela de lino rectangular (de 80 centímetros de largo por 60 de ancho) que se coloca alrededor del cuello, donde se ata con un cordón. Originalmente servía para cubrir la cabeza del sacerdote; actualmente sólo unas pocas órdenes lo llevan sobre la cabeza al ir y volver del altar. La existencia del amito se puede probar sólo desde mediados del siglo VIII y es probablemente referible a algunas ceremonias sacerdotales antiguas. Su referencia al efod del Antiguo Testamento es puramente arbitraria, al igual que la interpretación simbólica (fe) de escritores litúrgicos; el intento de explicarlo como un pañuelo al cuello para proteger la indumentaria sobrepuesta de la transpiración es insatisfactorio. En tanto el amito iba puesto sobre la cabeza o incluso sobre las otras vestiduras, podía mostrar el bordado u otra ornamentación, pero gradualmente quedó escondido bajo las otras vestiduras, por lo que actualmente sólo lleva una cruz; cuando el sacerdote se lo pone lo besa.

Sacerdote con alba, de Historia del vestido por Albert Racinet
Sacerdote con alba, de Historia
del vestido por Albert Racinet
El alba es idéntica con la túnica ligera de la antigüedad, más precisamente con la túnica blanca con mangas (tunica manicata) que llegaba hasta los pies (tunica tolaris, poderis, griego, podērēs, chitōn). Incluso en época carolingia fue llevada ordinariamente por el clero como parte de su indumentaria normal. La exclusión de la túnica del uso diario realzó al alba a la dignidad de una vestidura litúrgica específica. Aparte de su corte y color, su origen es evocado por las tiras de púrpura o de tela de oro que iban cosidas (clavi, lorum; de ahí los nombres albæ monolores, dilores, trilores) con otras piezas ornamentales de materiales coloreados (paraturæ, paruræ) en la forma de un cuadrado o un rectángulo; al haber cinco se hizo un paralelismo con las cinco llagas de Cristo (cf. las designaciones plagæ, plagulæ). Además se le añadía otra ornamentación e incluso ilustraciones completas. Tras el siglo XVI se puso en marcha una fuerte reacción, usándose encajes y ribeteados. Actualmente se requieren encajes de lino y también ese mismo material para la pieza en sí. El alba la visten los clérigos que no están por debajo del subdiácono en rango, siendo su simbolismo la pureza e inocencia.

El cíngulo (cingulum, cinctorium, balteus) es necesario para sujetar e alba. Se prefiere el lino, pero no se excluyen la lana y la seda. En la Edad Media el cíngulo levaba a veces una espléndida ornamentación en el alto clero, estando ricamente adornado con oro, plata y piedras preciosas.

Manípulo del siglo XVIII.
Museo Lázaro Galdiano, Madrid.
El manípulo (mappula, manipulus, fanon) es una estrecha tira de material similar a la estola, llevado sobre el brazo izquierdo; anteriormente los extremos colgaban libremente, pero luego se cosieron entre sí. El material era originalmente lino, pero actualmente es el mismo que el de la casulla. La rica ornamentación del manípulo usual en la Edad Media, cuando era más largo, ahora casi ha desaparecido. No se requieren más de tres cruces, aunque una satisface la rúbrica. Lo llevan los obispos, sacerdotes, diáconos y subdiáconos, y, como norma, sólo durante la misa. El origen de esta prenda, cuyo origen se puede demostrar desde el siglo VIII, es incierto. Se considera normalmente que fue originalmente un pañuelo; luego se ha hecho un intento para relacionarlo con las bandas en los brazos que llevaban los ayudantes en los sacrificios paganos. El simbolismo es fuerza, resistencia.

Estola de taller segoviano (siglo XVIII).
Museo Lázaro Galdiano, Madrid.
La estola (orarium) es una larga tira de tela que cuelga desde el cuello y cae por el lado izquierdo y el derecho sobre el pecho. Durante la celebración de la misa las bandas se cruzan en el pecho, llevándolas paralelas solamente el obispo; el diácono, que puede llevar la estola en grandes celebraciones, sólo puede llevarla sobre el hombro izquierdo. El material suele ser el mismo de la casulla. La ornamentación se limitó generalmente a cruces latinas bordadas; sin embargo, las estolas episcopales suelen ser muy elaboradas. Las campanitas que a veces lleva en el borde inferior se basan en Éxodo 28:33 y sgg. El nombre stola, que se introdujo en un periodo posterior y no se aplica al objeto, tiene un origen oscuro, ya que este nombre designaba un objeto del arreglo femenino. El paralelo orarium-sudarium muestra claramente que la estola procede del pañuelo que se llevaba alrededor del cuello o en el brazo en tiempos antiguos. El simbolismo es la paciencia.

Sacerdote con casulla, de Historia<br>del vestido por Albert Racinet
Sacerdote con casulla, de Historia
del vestido por Albert Racinet
La casulla, vestidura sacerdotal especial para la misa, era al principio un largo manto sin mangas provisto con una abertura en el centro para que pasara la cabeza. La vestían en tiempos antiguos personas de las órdenes inferiores, pero gradualmente se abrió paso en otros círculos y de este modo llegó a los monjes y al clero. El desarrollo histórico del alba elevó este objeto, a comienzos de la Edad Media, al rango de una vestimenta exclusivamente litúrgica para el sacerdocio, tras haber sido usada durante un tiempo en otros círculos clericales. Esta dedicación a propósitos litúrgicos precisaba algunas modificaciones; por ejemplo, el manto fue acortado, siendo provisto de cordones a los lados. Durante y tras el Renacimiento la casulla se deformó en la actual forma rígida en forma de contrabajo, por el que ambas partes, holgadamente sueltas, caen sobre el pecho y la espalda. Al principio de la Edad Media la lana era casi exclusivamente su material. La influencia del arte gótico hizo más frecuente el uso de la seda, lo que fue la norma en el siglo XV. Al comienzo el color era el blanco, pero gradualmente se fijó una variedad de colores, dependiendo de la época del año y las festividades. La ornamentación se limitó en tiempos antiguos a una banda que bordeaba la abertura de la cabeza y bajaba sobre el pecho y la espalda. Las añadiduras fueron cruces ramificadas, hojas decoradas, figuras y escenas, todo ello con costosa decoración en oro, plata y joyas. La casulla ahora en uso común se distinguir por una cruz latina a ambos lados. Lo tejidos comunes, lino, algodón o especialmente lana gruesa, están prohibidos. El simbolismo es la caridad.

Capa del arzobispo don Sancho (siglo XIII).
Museo de la catedral de Toledo
La capa (pluvial) fue en la antigüedad un manto abierto con una capucha, cappa, procedente del uso secular. Parece que fue llevada especialmente por los canónigos en el coro (cappa choralis); se recomendaba para las procesiones como protección contra la inclemencia del tiempo (cappa pluvialis, pallium pluviale, de ahí la designación pluvial). Se abrió paso en el uso litúrgico, siendo obligatoria para servicios especiales, como las vísperas (manto de vísperas). También se convirtió en una indumentaria del rango episcopal (cappa pontificalis) con elaborada ornamentación. La capa recuerda a la casulla, pero está abierta en el frente y se sujeta en el pecho por un broche. Hacia la Edad Media la capucha desapareció gradualmente, transformándose finalmente en una pequeña prenda de tela con decoración (clipeus), que colgaba en la espalda. Por otro lado, se añadió posteriormente una cola a la capa episcopal.

La dalmática se introdujo desde Dalmacia y recuerda a la túnica, aunque era más elaborada; fue muy favorecida por las clases elevadas. Cuando dejó de ser de uso general, a comienzos de la Edad Media, la Iglesia la retuvo como vestidura para los diáconos y obispos especialmente, a quienes quedó confiando su uso finalmente. Las mangas y la prenda misma se acortaron y los lados se recortaron más y más. Por otro lado, las tiras se cosieron (clavi), permaneciendo el color (blanco). Especialmente la dalmática episcopal fue objeto en ocasiones de costosa artesanía.

La túnica (tunicella), asignada al subdiácono, difiere poco de la dalmática.

Sobrepelliz. Detalle de El entierro del conde Orgaz,
por el Greco. Iglesia de Santo Tomé, Toledo
La sobrepelliz, una indumentaria para propósitos litúrgicos, permisible a todo el clero, fue creado a partir del alba (que quedó restringida al uso de la misa) al acortarla y simplificarla. La designación superpelliceum procede de la antigua costumbre, especialmente común en círculos monásticos, de llevar una indumentaria de lino sobre las toscas capas en los servicios largos. El material es lino. Junto a la confortable sobrepelliz existe una variedad de roquetes (rochetum, de roccus, "capa"), un privilegio del alto clero, aunque en muchas regiones los llevó el clero común también. A los ministradores laicos (sacristanes, niños del coro) también se les permite llevar la sobrepelliz. La decoración generalmente era modesta y limitada a un dobladillo bordado. Desde el Renacimiento se usaron encajes. El símbolo es el mismo que el de la casulla.

El bonete (birretum) que se usaba para proteger la cabeza, que era especialmente sensible por la tonsura, era al principio pequeño y suave, haciéndose más grande a partir del siglo XV, cuando se le dio la actual forma rígida, de cuatro puntas.

Vestiduras e insignias especiales.
El atuendo pontifical de los obispos incluye las vestiduras ya mencionadas. Las órdenes superiores tienen las siguientes vestiduras e insignias:

Los zapatos y medias episcopales. Al principio de la Edad Media los zapatos (sandalia, calceamenta) era parte del atuendo litúrgico general; desde el siglo X o XI los zapatos (caligae) combinados con las medias, de lino y después de seda, son prerrogativa de los obispos. El color usual es el violeta.

Los guantes (chirotecæ, manicæ) no se ha demostrado que estuvieran en uso antes del siglo XII; hasta el XIV fueron de seda blanca o roja, tras lo cual aparece el color litúrgico El más antiguo y característico ornamento es el circulus aureus sobre la parte superior de la palma, un disco de metal bordado en oro, con una figura (cordero, cruz, etc.) y piedras preciosas. Desde el siglo XVI entró en uso el guante tejido y la forma fue como la de los guantes de vestir.

Mitra del siglo XIX. Catedral de Gerona
La mitra (mitra, mitrē, infula) es el tocado litúrgico de los obispos, incluyendo al papa. No es posible probar su existencia antes del siglo X. La forma ha pasado por muchas variantes. Al principio era un tocado redondo que se adaptaba a la cabeza con una banda frontal y franjas que caían por detrás del cuello. La mitra se convirtió en un bonete con bordes levantados angulosos; luego recibió una terminación de pico levantada y finalmente asumió la forma oval. Una banda ornamental, decorada en casos especiales con metales y piedras precisas, rodea el borde inferior y una segunda vertical divide el ancho. El tejido está también bordado con diseños y figuras. El material es seda; sólo en los concilios se prescriben las mitras de lino para los obispos, a fin de distinguirlos de los cardenales.

El anillo (annulus episcopalis) se puede demostrar que estuvo entre las insignias episcopales desde un periodo antiguo. En la misa, el obispo lo lleva sobre el guante pontifical en el dedo anular de la mano derecha. Otros clérigos dignatarios que tienen el privilegio de llevar anillo, deben quitárselo en esta ocasión. Según la norma, este anillo debe consistir de un simple aro de oro con una sola piedra, aunque se encuentran numerosos especímenes ricamente elaborados.

El racional (rationale; cf. Éxodo 28:30) es una tela ligera sobre los hombros de varias formas, elaborada de varias tiras de material, ornamentada con láminas huecas sobre los hombros o el pecho o sobre hombros y pecho, concedido por el papa a obispos individuales como distinción especial. Se lleva encima de la casulla y solamente en la misa pontifical. No se puede determinar si está modelado según una indumentaria antigua; sin embargo, es seguro que el pectoral y el efod del sumo sacerdote en el Antiguo Testamento fueron factores en su evolución.

La cruz pectoral (crux pectoralis), que surgió de la costumbre de portar una cruz sobre el pecho, que según una opinión común adquirió un peculiar poder profiláctico como una reliquia, quedó restringida a los obispos en la Edad Media, que empleaban esta cruz, incluso aparte de las ceremonias eclesiásticas, como insignia de su dignidad. El material es oro.

Báculo episcopal del siglo XIII. Museo Episcopal de Vic, Barcelona
Báculo episcopal del siglo XIII.
Museo Episcopal de Vic, Barcelona
El báculo (pedum, pastorale, virga) tiene su origen en la noción del oficio pastoral de los obispos en relación con la idea de dominio. Este emblema es desconocido en la cristiandad antigua, encontrándose sus huellas a comienzos de la Edad Media. Al principio parece haber sido un cayado con un mango recto, pero en un periodo temprano aparece el codo doblado, como un cuerno de gamuza. En el curso del periodo románico, tomó una curvatura notoria y se combinó con diseños y figuras; la terminación en cabeza de serpiente o de dragón se vio favorecida. Se usó el marfil como material; en el periodo gótico el bronce dorado fue sustituido para el cayado y el metal precioso para el codo. Al mismo tiempo el arte gótico aplicó su simbolismo arquitectónico y otorgó la preferencia a escenas de la vida de María y leyendas de los santos. Entonces aparece trabajada la filigrana de oro. Los periodos del Renacimiento y el rococó retienen la forma fundamental, pero se asumió el gusto característico de esos periodos en muchos detalles. La pequeña tela de lino que se ata al cayado justo debajo del codo (pannisellus, sudarium) era probablemente un pañuelo; posteriormente desapareció del cayado episcopal y permaneció en el del abad, como marca distintiva (los abades y también las abadesas portan el báculo). Sin embargo, este emblema solo se permite a los obispos dentro de su diócesis. Los báculos de abades y abadesas, desde la Edad Media, han sido preservados en gran número, incluso desde los primeros tiempos del románico, cuando existió la costumbre de ponerlos en las tumbas de sus poseedores.

El pallium consiste de una banda de lana de ocho centímetros de anchura entretejida con seis cruces negras de seda; rodea los hombros, cayendo una banda sobre el pecho y la otra sobre la espalda; anillas de oro la sujetan a la vestidura inferior. Es llevado regularmente sólo por el papa, primados, patriarcas y arzobispos sobre la casulla, aunque ciertos obispos especialmente privilegiados también lo llevan. Son tejidos por las monjas en S. Agnese cerca de Roma, suponiéndose que reciben una consagración especial al ser depositados en la tumba de San Pedro.

El mantelete es una indumentaria episcopal que llevan los obispos cuando salen de su propia jurisdicción, para cubrir el roquete, que es un símobolo de autoridad episcopal. Los dignatarios citados también disfrutan del privilegio de llevar una cruz delante de ellos (crux archiepiscopalis), estando el lado del crucifijo vuelto hacia ellos.

La mozetta es la indumentaria usual de un obispo cuando no realiza funciones sagradas. Es una capa corta, abierta en el frente pero susceptible de ser abotonada sobre el pecho, teniendo una pequeña capucha detrás. Puede ser llevada por el papa, cardenales, obispos, abades y otros a quienes sea permitido por costumbre o privilegio papal, así como por los canónigos en Inglaterra. Se lleva sobre el roquete, pero cuando el prelados está fuera de su jurisdicción, la lleva sobre el mantelete o no la lleva. Los cardenales llevan esta vestidura y el roquete sólo en las iglesias de las que toman su título, excepto en Roma durante una vacante papal o en un cónclave. El papa tiene cinco de esas vestiduras. Desde las primeras vísperas de la Ascensión durante la época calurosa lleva una de rojo satén salvo en vigilias u ocasiones penitenciales, cuando el material es de sarga roja o de barragán rojo. El resto del año el material es rojo aterciopelado, salvo en ocasiones penitenciales, cuando el material es de lana roja; pero desde el Sábado Santo hasta el sábado después de Pascua la mozeta es de damasco blanco. Los cardenales tienen cuatro mozetas, de seda púrpura o roja, seda violeta, seda rosada y seda sarga. Los cardenales se distinguen por indumentarias púrpura y con tocado y bordes planos anchos de los que penden, por ambos lados, tiras con borlas. La costumbre propia del papa es la episcopal, aunque está en parte más ricamente elaborada y difiere en algunos aspectos. Por ejemplo, en lugar del báculo, lleva una cruz con dos o tres brazos.

Pío X
Pío X
Sin embargo, una distinción especial es la tiara (regnum, triregnum). Es el emblema principesco del papa y la llevaba cuando tal autoridad había de ser manifestada; en las funciones eclesiásticas y litúrgicas la portaba en lugar de la mitra episcopal. No aparece antes del siglo XI y luego al principio sólo en una forma de tocado puntiagudo ribeteado de bordados; posteriormente se haría más alta y tomaría forma cónica. Aunque la tiara tiene una cierta similitud con la mitra se distingue de ella por llevar sólo un pico. La diferencia era todavía más marcada en la coronación. Incluso en el siglo XIII una sola corona (regnum) rodeaba la tiara, pero bajo Bonifacio VIII (1294-1308), se añadió una segunda y finalmente un registro papal de 1315 cita tres. El significado de la triple corona de la tiara papal es que la inferior y primera representa el poder espiritual, la del centro y segunda el poder real y la superior y última el poder imperial. Es decir, la tiara es la expresión fehaciente de la pretensión del papado de aglutinar todo el poder en sí mismo. Es posible que incluso en el tiempo de Bonifacio VIII ya hubiera aparecido la triple corona; en cualquier caso, esta evolución estuvo lejos de ser eliminada desde su pontificado, no desapareciendo hasta que Pablo VI, en la década de los sesenta del siglo XX, la eliminó.

Finalmente se puede hacer alusión brevemente al peine litúrgico, que el sacerdote usa para arreglarse el cabello antes de la celebración de la misa. También se le otorga al obispo en su consagración como propiedad personal, encontrándose en tumbas de obispos. La mayoría son de marfil, a veces ricamente tallados. La antigüedad cristiana nada sabe de este objeto.

En la Iglesia griega
La historia de las vestiduras litúrgicas y clericales en la Iglesia griega no registran grandes cambios. Los resultados a los que se llegaron a finales de la antigüedad cristiana fueron poco enriquecidos, lo cual se corresponde con el carácter conservador de la Iglesia griega. No obstante, es evidente que en el curso de la Edad Media se hicieron notar ligeras influencias nativas. La relación o correspondencia entre las dos Iglesias se puede explicar por el origen común de las vestiduras clericales.

Sacerdote griego, por Joseph Scherer
Sacerdote griego, por Joseph Scherer
Las vestiduras clericales del sacerdote ortodoxo se componen de las siguientes prendas:

El sticharion, una indumentaria suelta, larga y blanca de seda bordada en oro, que se corresponde al alba o a la dalmática de los católicos. El zone, un cinturón para ceñir el sticharion, ornamentado más ricamente que en el oeste; el epimanikia, guantes, que sirven para sujetar el sticharion a las muñecas; el peritrachelion (epitrachelion), una banda de seda, ornamentada con cruces doradas, que rodea el cuello, con sus flecos colgando hasta los pies; es la estola de los latinos y como ella de origen antiguo; para la epitrachelion del diácono, se empleó la palabra latina helenizada orarium.
El phelonion, la vestidura de la misa, tiene el mismo origen que la casulla, aunque ha retenido su forma más antigua. Con una sencilla abertura para la cabeza, se dobla sobre el cuerpo. Está hecha comúnmente de seda, ricamente bordada con cruces y está sujeta al cambio litúrgico de color. El hypogonation, una casaca de forma cuadrada con una cruz o imagen sagrada de ornamento, se lleva en el lado izquierdo, siendo sólo una distinción honoraria y no perteneciente a la costumbre eclesiástica.
Las vestiduras de los obispos eran las mismas, pero peculiar a ellos era el omophorion, el pallium griego, bastante similar al latino y el angular hypogonation, llevado sobre el lado derecho. El origen del segundo, que los obispos reciben en la consagración, es dudoso. El pecho del obispo va decorado con una valiosa cruz y con un medallón que lleva una imagen sagrada (panagia). Su cargo se indica por el báculo (rhabdos) cuyo encorvamiento es hacia arriba. Además, una de las insignias del obispo es la mitra, un tocado bajo que recuerda a una corona. Va cubierta con bordados artísticos, piedras preciosas y ornamentos de oro; por encima se yergue una cruz. Los metropolitanos y patriarcas visten en lugar del phelonion el sakkos, una indumentaria ricamente bordada con amplias mangas. Las vestiduras no litúrgicas de sacerdotes y obispos consisten de un manto largo y negro de muchos pliegues y un tocado cilíndrico, que es más bajo en el caso del clero menor. Desde los obispos a los patriarcas inclusive visten además un largo manto (mandyas) abierto en el frente y sujetado por broches; el borde está adornado con tiras cruzadas y las puntas con piezas de tela coloreada cosida. El patriarca tiene también el derecho a llevar dos cruces; su tocado recuerda a la clase monástica de la que procede. Sobre el mismo lleva un tocado alto, en cuya superficie superior hay una cruz azul brillante.
La Iglesia armenia muestra gran variedad y magnificencia en sus vestiduras ecelsiásticas. La Iglesia copta tiene formas más sencillas (A. J. Butler, The Ancient Coptic Churches of Egypt, 2 volúmenes, Oxford, 1884). Para la Iglesia nestoriana en Siria cf. R. Percy Badger, The Nestorians and their Rituals (Londres, 1852).

En las iglesias protestantes

Lutero predicando, cuadro en la iglesia de Wittenberg por Lucas Cranach el Viejo
Lutero predicando, detalle, por Lucas Cranach el Viejo
La Reforma, con la exclusión de la jerarquía y el rechazo a actos especiales de adoración, abolió una parte de las vestiduras litúrgicas y las insignias oficiales. Este paso fue llevado a cabo en toda su extensión por los anabaptistas y también, en forma más o menos radical, por la Iglesia reformada. En 1523 Zwinglio en su Auslegung und Grund der Schlussreden, declaró que hábitos, cruces, sobrepellices y tonsuras no son "ni buenos ni malos" sino solo "malos", por lo que los abolió tan pronto como fue posible. Por otro lado, Lutero consideró esos símbolos externos indiferentes en sí mismos, y no sólo en su tiempo sino mucho después, las vestiduras de la misa se retuvieron. El Interim proporcionó al uso nuevo apoyo y procuró que se esparciera. Sin embargo, la tendencia general iba en otra dirección, decantándose por la indumentaria llevada por la clase media, un manto que cubría todo el cuerpo, variando en material, color y corte según el rango y la moda. Lutero predicó por vez primera en la indumentaria de los doctos la tarde del 9 de octubre de 1524. En el cuadro del altar pintado por Lucas Cranach en la Stadkirche en Wittenberg está representado llevándolo en el púlpito. Calvino y Zwinglio también realizaron sus funciones eclesiásticas vistiendo el manto. Con el manto llegó el bonete, que había desplazado al sombrero en la indumentaria de los burgueses y apareció en una gran variedad de formas. El clero lo llevó como norma en forma de un rico sombrero bajo, con un borde vuelto hacia arriba. En el siglo XVII la costumbre española comenzó a influir en el manto, produciéndose un cambio completo. El manto se transforma en una capa simple, larga, abotonada en el frente. Se introdujo la amplia gorguera, que se mantendría durante mucho tiempo. El alzacuellos se redujo en el uso secular y clerical a dos bandas de lino sobre el pecho, llamadas beffchen (del bajo alemán beffe, diminutivo beffken), que se han preservado en la Iglesia luterana hasta hoy. En el siglo VIII la capa de los abbés franceses se abrió paso en Alemania. La cabeza se cubría por un tocado pequeño redondeado. Aunque hay un acuerdo general en las vestiduras de Alemania y Suiza, también hay considerables diferencias entre ellas. Sin embargo, ya que la sobrepelliz actual fue prescrita en Prusia por una ordenanza real del 1 de enero de 1811, por la que el manto se usaba de nuevo, la unidad se vio favorecida, siendo tan completa como en el siglo XVI. Al mismo tiempo los rígidos bonetes, que recuerdan a un sombrero, reaparecieron. La sobrepelliz todavía sobrevive como una reliquia de la Edad Media en las iglesias luteranas de Alemania. Por otro lado, en las iglesias danesa, noruega y sueca, es parte permanente de la indumentaria litúrgica. La Iglesia anglicana se ha mantenido en estrecho contacto con el pasado.
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