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VASOS SAGRADOS
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La expresión vasos sagrados (vasa sacra) denota los usados en la eucaristía, o, en un sentido más amplio, todos los vasos y utensilios usados en el servicio eclesiástico.

Cáliz de Antioquía. Siglo IV
El cáliz o copa.
El primero en orden es el cáliz o copa (latín, calix; griego potērion), que se usó desde el principio. No existen ejemplares de los primeros tiempos cristianos, pero se sabe que eran de varias formas, siendo la principal el cantharus de dos asas, además de la copa simple y el cuenco (cf. V. Schultze, Archäologie der altchristlichen Kunst, páginas 125-126, Munich, 1895). Entre los materiales se mencionan metales ordinarios y preciosos, barro y cristal. En el curso de las dos épocas artísticas de la Edad Media se desarrolló un estilo uniforme. El cáliz románico tiene una base cónica circular, interrumpida por un nudo protuberante (nodus), una especie de peciolo, soportando un cuenco hemisférico (cuppa). La base, la caña y la copa se ornamentan libremente. Ejemplos alemanes notorios son el cáliz "Brenward" en la iglesia de St. Gotthard en Hildesheim (siglo XII), con escenas del Antiguo y Nuevo Testamento y un cáliz en la iglesia de los Santos Apóstoles en Colonia, con bellas filigranas y figuras de los apóstoles; por encima de todos el cáliz de la abadía de Wilten, en el Tirol, cuya superficie está enteramente recubierta con grabados y adornos (cf. H. Otte, Kunstarchäologie des deutschen Mittelalters, i. 215 y sgg., Leipzig, 1883). El gótico, con su aspiración a la elegancia y construcción vertical, sustituye el cuenco hemisférico por una copa coniforme, diseña la base según los modelos de follaje, usualmente con seis hojas, empleando un caña poligonal y ornamentos con rizos (rotuli) diagonalmente arreglados. El arte del grabador se restringe. El Renacimiento aumenta el tamaño del cáliz, hace el cuenco más amplio y la decoración se enriquece. Los estilos barroco y rococó llevan esta tendencia al extremo. La Iglesia luterana retuvo las formas tradicionales o favoreció su desarrollo posterior, mientras que la Iglesia reformada se propuso restaurar el cáliz a la sencillez "apostólica", permitiendo incluso la copa de madera. La Iglesia griega, hasta donde se sabe, se ha adherido a las formas sencillas del siglo IX. La Iglesia medieval occidental, mientras retuvo la comunión en ambas especies, distinguió entre "cálices ministeriales" (calices ministeriales) para el uso de los laicos (ministerialis = "de menor condición o posición") para una manipulación más conveniente, a veces con dos asas (calices ansati) y cálices sacerdotales para la observancia diaria de la misa. El vino era usualmente consagrado en la copa sacerdotal y luego vertido en la otra más grande, ya parcialmente llena con vino no consagrado. Sólo en ocasiones extraordinarias, como en misas episcopales (de ahí la designación "cáliz pontifical"), se usaron los utensilios que habían llagado a la iglesia mediante costosos donativos. Para el uso de los recién bautizados había los denominados "cálices bautismales" (calices baptismales).

Utensilios litúrgicos de los siglos V-VI.
Derecha, botella de vidrio con cruz;
izquierda, cántaro de vidrio con cruz.
Museo Británico, Londres
La precaución para no derramar el vino consagrado ocasionó, desde el siglo IX, el uso de un tubo succionador (fistula, pipa) de metal precioso o cristal; el diácono se lo ofrecía a los comulgantes. Con ocasión de misas festivas el papa todavía lo usa y en algunos casos la práctica se retuvo durante algún tiempo en las iglesias de la Reforma. Para satisfacer el uso eclesiástico el cáliz se consagra y se marca con una cruz grabada. En la cuestión del material surgieron varias ordenanzas eclesiásticas, cuyo propósito por encima de todo era excluir los materiales indignos (madera, plomo) o quebradizos (barro o cristal, cf. Hefele, Conciliengeschichte, iii. 639, iv. 554, 756, v. 688, vi. 491). La plata y el oro eran los materiales excelentes. A veces se emplearon las inscripciones, tales como dedicatorias, citas del Antiguo o Nuevo Testamento, declaraciones religiosas y dogmáticas, preferiblemente en la base. La práctica en la Iglesia primitiva de que el vino lo suplieran los miembros de la congregación, exigió jarras grandes (scyphi, amæ) para verterlo, lo que parece recordar en forma a las antiguas jarras de mixtura (V. Schultze, ut sup., p. 126). Incluso al desaparecer esta costumbre su necesidad persistió, en tanto los laicos recibían la comunión completa, para mantener el vino disponible en vasijas más grandes de barro, piedra o metal, que el posterior acrecentamiento legendario a veces identificó con las tinajas del matrimonio en Caná. Al excluirse la copa a los laicos, esas vasijas naturalmente disminuyeron en tamaño y se convirtieron en los frascos eucarísticos (ampullæ). Incluso en un periodo anterior el arte se apropió de esos objetos, creando especímenes costosos, tanto en material (plata, oro, zafiro, ágata) como en manufactura (esmalte, relieve). La duplicación de los vasos tiene su razón de ser en la mezcla prescrita del vino con agua; de ahí surge, hacia finales de la Edad Media, que los frascos de eucarísticos se distingan por las letras V (vinum, "vino") y A (aqua, "agua").

La patena.
El utensilio que sirve para sostener el pan consagrado durante la comunión es la patena (latín patena, griego patanē, 'plato'). El uso del pan ordinario en la antigua celebración de la eucaristía supone que era una plato auténtico, de considerable tamaño y peso. De este modo permaneció al principio de la Edad Media, ya que la oblea fue mucho más grande hasta los siglos XII y XIII que en tiempos posteriores. El material de la patena era probablemente al principio de terracota o cristal; pero en la época tras Constantino se mencionan patenas de oro y plata en el tesoro de los obispos de Roma y en otros entornos. En el tesoro de la catedral de Halberstadt hay una magnífica patena de plata dorada de 40 centímetros de diámetro, con ricas fguras decoradas y otras ornamentaciones, traída por el obispo Conrado a Halberstadt desde Bizancio en 1215. Ejemplos notorios de origen alemán también existen, tales como el de la iglesia de St. Gotthard en Hildesheim, con una filigrana de perlas y piedras preciosas. La mayoría de esos elaborados especímenes están asociados con los cálices ministeriales. En el periodo gótico la patena se hace más pequeña y menos ornamental. También tiene muy poco espesor en este periodo. El borde con no poca frecuencia contiene inscripciones relativas a la comunión. En la Iglesia griega, para la protección del pan consagrado cuando está velado, se ponen sobre la patena (griego, diskos, cf. el diseño en D. Sokolov, Darstellung des Gottesdienstes der orthodox-katholischen Kirche des Morgenlandes, p. 11, Berlín, 1893) dos tiras (asteriskoi) de metal en forma de cruz.

Custodia de la catedral de Toledo, por Enrique de Arfe
El sagrario y la custodia.
Para guardar el pan consagrado y también el pan sin consagrar, ya sea en la iglesia o con ocasión de la administración de la comunión en otro lugar, se usaron varias formas y tamaños de utensilios bajo la designación genérica de pyxis, capsa, arca; también ciborium y suspensio, por su lugar debajo del baldaquino del altar (ciborium). La forma más simple es la de una urna cilíndrica, con cubierta plana o curvada, de metal o marfil, de las cuales algunas han llegado desde la antigüedad cristiana (cf. Victor Schultze, ut. sup., páginas 274 y sgg.). En la segunda mitad de la Edad Media el sagrario fue mucho más elaborado; descansando sobre una base semejante a una copa, copiaba el diseño estructural de una torre (turris, turriculum). En la Edad Media posterior este desarrollo alcanzó su culminación en el tabernáculo de piedra o metal situado en el lado norte del coro, siendo a veces realizado con admirable habilidad artística; su modelo era la torre gótica (ejemplos superiores de esta clase son los de la catedral de Ulm y la iglesia de San Lorenzo en Nuremberg, por Adam Kraft y en otras partes). Este desarrollo se vio anticipado en los sagrarios eucarísticos de épocas anteriores. El elemento consagrado se guardaba en un compartimento enrejado.

Durante esa etapa de su desarrollo, cuando las procesiones y manifestaciones públicas de la hostia se hicieron prominentes, la festividad del Corpus Christi llevó a la elaboración y uso de un utensilio que augusta y visiblemente presentara el sacramento a la vista. De este modo surgió la custodia (monstrantia, ostensorium, custodia, tabernaculum). Sin embargo, no había necesidad de una nueva invención y los orfebres se limitaron a copiar los relicarios transparentes y ciboria que ya estaban a mano y que servían para un propósito muy similar. Para la base se imitaron los cálices góticos en la diversidad de sus formas clásicas. Tienen igualmente un nudo (nodus), pero con una gran tendencia a la elaboración suntuosa. Sobre el soporte se monta una artística superestructura, diseñada como el crucero de una iglesia que tiene de tres a cinco naves. Coronándolo todo hay una o más torretas (de ahí la designación turricula). El efecto de riqueza se realza con perlas y piedras preciosas.

Cucharas; la santa lanza.
La liturgia griega prescribe la presentación de los elementos mezclados en el cáliz, para cuyo propósito estuvo en uso, desde tiempos bastante antiguos, una cuchara metálica (labis, labida) cuya asa acababa en una cruz. Los inventarios y registros de donaciones de la Iglesia occidental del mismo tiempo mencionan frecuentemente cucharas (cochlearia), que pueden haber servido parcialmente para mezclar el agua y el vino y parcialmente para uso de los pobres, habiendo estado en uso hasta tiempos relativamente recientes en España. A los ritos griegos pertenece exclusivamente la lanza sagrada (hē hagia lonchē), con la que se divide el pan en el proceso de su preparación. La liturgia occidental ya no contempla la ocasión para el colum (colum vinarium, colatorium, un colador con una larga asa, usada al verterse el vino) que fue ampliamente empleado en la primera mitad de la Edad Media, antes de la retirada de la copa a los laicos.

Vasos sagrados en sentido amplio.
De los vasos sagrados en el sentido más exhaustivo del término se pueden mencionar brevemente: Vasos para el aceite sagrado (oleum catechumenorum, infirmorum; chrisma) de varios diseños; incensarios estables con doble cubierta e incensarios oscilantes con cadenas, ocasionalmente bellamente acabados; los utensilios de rociamiento usados por el sacerdote en la misa, que libremente adoptan formas animales, como el oso, el grifo o un pájaro, junto con sus lavamanos; por último las pilas de agua bendita (vasa lustralia), simples o de metal decorado. Toda la categoría de esos objetos mayores y menores, comprendidos bajo la designación vasos sagrados, es instructiva en relación a la historia de la adoración y el arte eclesiástico. Al ser renovado el culto según la noción evangélica en el siglo XVI, la mayoría de esos objetos quedaron fuera de uso de forma natural.

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