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TOMISMO
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Tomismo en un sentido amplio es el nombre dado al sistema que sigue la enseñanza de Tomás de Aquino en cuestiones filosóficas y teológicas. En un sentido restrictivo se aplica a un grupo de opiniones sostenidas por una escuela llamada tomista, compuesta principalmente, aunque no exclusivamente, de miembros de la orden dominica, opiniones atacadas por otros filósofos y teólogos, muchos de los cuales profesan ser seguidores de Tomás. En la escuela tomista no siempre hay absoluta unanimidad. Báñez y Billuart no siempre concuerdan con Cayetano, aunque los tres pertenecen a esa escuela.

Tomismo en general.
Aunque Tomás de Aquino († 1274) fue grandemente estimado por todas las clases, sus opiniones no obtuvieron inmediatamente la ascendencia e influencia que adquirirían durante la primera mitad del siglo XIV y que desde entonces se han mantenido. Aunque parezca extraño la primera oposición seria vino de París, lugar del que era ornamento, y de algunos de su propia orden monástica. En 1277 Stephen Tempier, obispo de París, censuró ciertas proposiciones filosóficas, incorporando ciertas doctrinas enseñadas por Tomás, especialmente relacionadas con el principio de individualización y la posibilidad de que varios ángeles de la misma especie puedan ser creados. En el mismo año Robert Kilwardby y sus asociados pretendieron ver en las proposiciones condenadas algo de aristotelismo averroísta, mientras que los doctores seculares de París no le habían perdonado del todo que triunfara sobre ellos en la controversia sobre los derechos de los frailes mendicantes. La tormenta excitada por esas condenaciones fue de corta duración. Alberto Magno, en su ancianidad, se apresuró a defender a su amado discípulo. La orden dominica, reunida en asamblea general en Milán en 1278 y en París en 1279, adoptó varias medidas contra los miembros que hubieran hablado injuriosamente del venerable hermano Tomás. Cuando Guillermo de la Mare escribió Correptorium fratris Thomæ, un dominico inglés, Richard Clapwell (o Clapole) replicó en un tratado Contra corruptorium fratris Thomæ. Hacia el mismo tiempo apareció una obra, que luego fue impresa en Venecia (1516), bajo el título Correctorium corruptorii S. Thomæ, atribuida por algunos a Egidio Romano, por otros a Clapwell y por otros a Juan de París. Tomás fue vindicado oficialmente cuando el concilio de Vienne (1311-12) definió, contra Johannes Petrus Olivi, que el alma racional es la forma sustancial del cuerpo humano.

La canonización de Tomás por Juan XXII en 1323 fue un golpe mortal para sus detractores. En 1324 Stephen de Bourret, obispo de París, revocó la censura pronunciada por su predecesor, declarando 'que el bendito confesor y excelente doctor, Tomás de Aquino, nunca creyó, enseñó o escribió nada contrario a la fe o buena moral.' Es dudoso si Tempier y sus asociados actuaron en nombre de la universidad de París, que siempre había sido leal a Tomás. Cuando esta universidad, en 1378, escribió una carta condenando los errores de Juan de Montesono, se declaraba explícitamente que la condenación no alcanzaba a Tomás: 'Hemos dicho un millar de veces, y sin embargo no parecen suficientes, que en ninguna manera incluimos la doctrina de Santo Tomás en nuestra condenación.'

Progreso del tomismo.
El capítulo general de la orden dominica, celebrado en Carcassone en 1342, declaró que la doctrina de Tomás había sido recibida como sana y sólida en todas partes. Sus obras fueron consultadas desde el tiempo en que fueron conocidas y a mediados del siglo XIV su Summa theologica había reemplazado a Libri quatuor sententiarum de Pedro Lombardo como manual de teología en la escuelas dominicas. Con el crecimiento de la orden y la amplitud de su influencia el tomismo se difundió por todas partes. Tomás de Aquino era el gran maestro en las universidades y en el studia de las órdenes religiosas. Los siglos XV y XVI fueron testigos de la marcha triunfal del tomismo que desembocó en la coronación de Tomás como príncipe de los teólogos, cuando su Summa fue puesta al lado de la Sagrada Escritura en el concilio de Trento y Pío V, en 1567, le proclamó doctor de la Iglesia universal. La publicación de la edición Piana de sus obras, en 1570, y la multiplicación de ediciones de Opera omnia y la Summa durante el siglo XVII y parte del XVIII muestran que el tomismo floreció durante ese periodo. De hecho, fue entonces cuando algunos de los grandes comentadores (como Suárez, Sylvius y Billuart) adaptaron sus obras a las necesidades de los tiempos.

Declive del escolasticismo y tomismo.
Sin embargo, gradualmente durante los siglos XVII y XVIII hubo un declive en el estudio de las obras del gran escolástico. Los eruditos pensaron que era necesario un nuevo sistema de estudios y en lugar de construir sobre el escolasticismo lo desecharon. Las principales causas que produjeron el cambio fueron el protestantismo, el humanismo, el estudio de la naturaleza y la Revolución Francesa. La teología positiva fue considerada más necesaria en la discusión con los protestantes que las definiciones y divisiones escolásticas. La elegancia de dicción la buscaron los humanistas en los clásicos latinos y griegos en vez de en las obras de los escolásticos, muchos de los cuales estaban lejos de ser maestros de estilo. Los descubrimientos de Copérnico († 1543), Kepler († 1631), Galileo († 1642) y Newton († 1727) no fueron favorablemente recibidos por los escolásticos. Las ciencias experimentales estaban en auge; los escolásticos, incluyendo a Tomás, fueron olvidados. Finalmente, la Revolución Francesa desorganizó todos los estudios eclesiásticos, dando al tomismo un golpe del que no se recuperó hasta finales del siglo XIX. Al mismo tiempo cuando Billuart († 1757) publicó su Summa Sancti Thomæ hodiernis academiarum moribus accomodata el tomismo todavía tuvo un importante lugar en toda discusión teológica. La tremenda convulsión que perturbó Europa desde 1798 a 1815 afectó a la Iglesia católica y al Estado. La universidad de Lovaina, que había sido tomista en gran manera, fue obligada a cerrar y otras importantes instituciones del saber fueron cerradas o seriamente impedidas en su obra. La orden dominica, que naturalmente había proporcionado los más ardientes tomistas, fue aplastada en Francia, Alemania, Suiza y Bélgica. En Holanda fue casi destruida, mientras que en Austria e Italia tuvo que luchar por subsistir. La universidad de Manila (1645) continuó enseñando las doctrinas de Tomás de Aquino y a su debido tiempo dio al mundo al cardenal Ceferino González, dominico, que contribuyó no poco al avivamiento del tomismo bajo León XIII, quen llamó a Tomás 'baluarte especial y gloria de la fe católica.'

Los tomistas del siglo XX se concentraron en dos grandes objetivos: Una investigación histórica de la doctrina de Tomás en su contexto medieval y una reelaboración de su doctrina en referencia a los problemas contemporáneos. Tras la II Guerra Mundial emprendieron tres tareas: Desarrollar una adecuada filosofía de la ciencia, tomar en cuenta los hallazgos fenomenológicos y psiquiátricos sobre el hombre y evaluar las ontologías del existencialismo y el naturalismo.

Doctrinas distintivas del tomismo en general.
Las doctrinas distintivas del tomismo en general en filosofía son las siguientes:
Los ángeles y las almas humanas no son materiales, pero todo ser material compuesto (compositum) tiene dos partes, materia prima y forma sustancial. En un ser compuesto que tiene unidad sustancial y no es meramente un agregado de unidades distintas, sólo puede haber una forma sustancial. La forma sustancial del hombre es su alma (anima rationalis) con la exclusión de cualquier otra alma y de cualquier otra forma sustancial. El principio de individualización, para compuestos materiales, es la materia con sus dimensiones, sin la cual no puede haber multiplicación numérica; la distinción en la forma hace la distinción específica, de ahí que no puede haber dos ángeles de la misma especie.
La esencia de las cosas no depende de la libre voluntad de Dios sino de su intelecto y en última instancia de su esencia, que es inmutable. La ley natural, derivación de la ley eterna, depende de la mente de Dios y en última instancia de la esencia de Dios, de ahí que sea intrínsecamente inmutable. Algunas acciones son prohibidas por Dios porque son malas, no son malas simplemente porque él las prohíbe.
La voluntad mueve el intelecto quoad exercitium, es decir, en su operación real; el intelecto mueve a la voluntad quoad specificationem, es decir, al presentarle los objetos, nil volitum nisi præcognitum. El conocimiento de todos nuestros actos es la percepción y deseo de lo bueno en general (bonum in communi). Deseamos la felicidad (bonum in communi) naturalmente y necesariamente no por un acto deliberado libre. Los bienes particulares (bona particularia) los escogemos libremente, siendo la voluntad una facultad ciega que siempre sigue el juicio definitivo práctico del intelecto.
Los sentidos y el intelecto son pasivos, esto es, recipientes, facultades; no crean sino reciben (al percibir) sus objetos. Teniendo en mente este principio no hay lugar para la Crítica de la razón pura de Kant. Por otro lado, esas facultades no son como la cera o el soporte sensible usado por los fotógrafos, en el sentido de que son inertes y reciben las impresiones inconscientemente. La voluntad controla el ejercicio de las facultades y el proceso de adquirir el conocimiento es un proceso vital, estando la causa motora siempre dentro del agente viviente.
El axioma peripatético nihil est in itellectu quod non prius in sensu (nada está en el intelecto que primero no esté en los sentidos) es admitido; pero Tomás lo modifica al decir que una vez que los objetos sensoriales han sido percibidos, el intelecto asciende al conocimiento de la cosas superiores, hasta Dios, y segundo que el alma conoce su propia existencia por sí misma, es decir, por su propio acto, aunque conoce su propia naturaleza sólo por reflexión sobre sus actos. El conocimiento comienza por la percepción sensorial, pero el alcance del intelecto va más allá del de los sentidos. En el alma tan pronto como empieza a actuar se encuentran los primeros principios (prima principia) de todo conocimiento, no en la forma de una iluminación objetiva sino en la forma de una inclinación subjetiva para admitirlos a causa de su evidencia. Tan pronto como son propuestos vemos que son verdaderos; no hay más razón para dudar que la que hay para negar la existencia del sol cuando lo vemos brillar.
El objeto directo y primario del intelecto es lo universal, que es preparado y presentado al intelecto pasivo (intellectus possibilis) por el intelecto activo (intellectus agens) que ilumina las imágenes mentales recibidas por los sentidos y las despoja de todas las condiciones individualizadoras.
El alma, por su propia naturaleza, es inmortal. No solo es verdad que Dos no aniquilará el alma sino que por su misma naturaleza continuará existiendo siempre, no habiendo en ella principio de desintegración. De ahí que la razón humana pueda probar la incorruptibilidad (es decir, inmortalidad) del alma.
La existencia de Dios no es conocida por una idea innata, no pudiendo ser probada por argumentos a priori o a simultaneo; pero puede ser demostrada por argumentos a posteriori. Ni Tomás ni los tomistas enseñaron nunca el ontologismo.
No hay actos humanos indiferentes in individuo.

En teología:
La fe y la ciencia, es decir, el conocimiento por demostración, no pueden coexistir en el mismo asunto con respecto al mismo objeto y lo mismo es verdad de conocimiento y opinión.
La esencia metafísica de Dios consiste, según algunos tomistas, en la intelligere actualissimum, es decir la plenitud pura de la intelección, y según otros en la perfección de la aseitas, es decir, la existencia independiente.
La felicidad del cielo, formalmente y en último análisis, consiste en la visión, no en el disfrute, de Dios.
Los atributos divinos se distinguen de la naturaleza divina y entre sí por una distinción virtual, esto es, por una distinctio rationis cum fundamento a parte rei. La distinctio actualis formalis de Escoto se rechaza.
Al intentar explicar el misterio de la Trinidad, hasta donde el hombre puede concebirlo, las relaciones deben considerarse perfectiones simpliciter simplices, es decir, excluyendo toda imperfección. El Espíritu Santo no se distinguiría del Hijo si no procediera del Hijo y también del Padre.
Los ángeles, siendo espíritus puros, no están, propiamente hablando, en ningún lugar; se dice que están en el lugar, o lugares, donde ejercen su actividad. Estrictamente hablando, no hay tal cosa como un ángel pasando de un lugar a otro; pero si un ángel desea ejercer su actividad primero en Japón y luego en América, puede hacerlo en dos instantes (de tiempo angélico) y no necesita pasar por el espacio entre medias. Tomás de Aquino no discutió la cuestión: '¿Cuántos ángeles pueden bailar en la punta de un alfiler?' Nos recuerda que no debemos pensar de los ángeles como si fueran corpóreos y que para un ángel no hay diferencia si la esfera de su actividad es la punta de un alfiler o un continente. No se puede decir que muchos ángeles estén en el mismo lugar al mismo tiempo, puesto que eso significaría que mientras un ángel está produciendo un efecto otros podrían estar produciendo el mismo efecto al mismo tiempo. No puede haber sino un ángel en el mismo lugar al mismo tiempo. El conocimiento de los ángeles viene por las ideas (species) infusas por Dios. No conocen naturalmente los futuros contingentes, los secretos de las almas o los misterios de la gracia. Los ángeles escogen ser buenos o malos instantáneamente y con pleno conocimiento; de ahí que su juicio es final e irrevocable.
El hombre fue creado en el estado de gracia santificante. La gracia no se debe a su naturaleza, pero Dios se la otorgó desde el principio. Tan grande fue la perfección del hombre en el estado de justicia original y tan perfecta la sujeción de sus facultades inferiores a las superiores, que su primer pecado no pudo ser venial.
Es más probable que la encarnación no hubiera tenido lugar si el hombre no hubiera pecado. En Cristo hubo tres clases de conocimiento: Scientia beata, esto es, el conocimiento de las cosas en la esencia divina; scientia infusa, esto es, el conocimiento de las cosas por las ideas infusas (species); sciencia acquisita, esto es, el conocimiento experimental o adquirido, que no era más que la experiencia verdadera de las cosas que ya sabía, retractándose Tomás sobre este punto en la Summa de una opinión que antes había sostenido.
Todos los sacramentos de la nueva ley, incluyendo la confirmación y extremaunción, fueron instituidos inmediatamente por Cristo. La circuncisión fue un sacramento de la antigua ley y confería la gracia que remueve la mancha del pecado original. Los hijos de los judíos o de otros incrédulos no pueden ser bautizados sin el consentimiento de sus padres. La contrición, confesión y satisfacción son la materia inmediata (materia proxima) del sacramento de la penitencia. Los tomistas sostienen, contra los escotistas, que cuando la transubstanciación tiene lugar en la misa el cuerpo de Cristo no se hace presente per modum adductionis, es decir, no siendo traído al altar, pero no concuerdan en el término que se podría usar para expresar esta acción. El cardenal Billot sostuvo que la mejor y única manera posible de explicarlo fue la de Tomás de Aquino mismo: Cristo se hace presente por transubstanciación, es decir, por la conversión de la sustancia del pan en la sustancia de su cuerpo. Tras la consagración los accidentes (accidentia) del pan y del vino son preservados por Dios sin un sujeto. Los antiguos tomistas, siguiendo a su maestro, enseñaron que el subdiaconado y las cuatro órdenes menores eran sacramentos parciales. Que el cáliz sea dado con vino y la patena con pan lo consideran los tomistas parte esencial de la ordenación para el sacerdocio. Sin embargo, otros enseñan que la imposición de manos es lo necesario. Sobre la cuestión del divorcio bajo Moisés, los discípulos de Tomás, igual que el propio Tomás, oscilan entre sostener que era una dispensación otorgada o que era una tolerancia para evitar males mayores.

La escuela tomista.
Las principales doctrinas distintivas de esta escuela, compuesta principalmente de escritores dominicos, son las siguientes:
En filosofía.
La unidad de la forma sustancial en los seres compuestos, aplicada al hombre, requiere que el alma sea la forma sustancial del hombre, hasta excluir incluso la forma corporeitatis, admitida por Enrique de Gante, Escoto y otros.
En los seres creados hay una distinción real entre la essentia (esencia) y la existentia (existencia); entre la essentia y la subsistentia; entre la relación real y su fundamento; entre el alma y sus facultades; entre las diversas facultades. No puede haber término medio entre una distinctio realis y una distinctio rationis, o distinción conceptual; de ahí que la distinctio formalis a parte rei de Escoto no se admita.
En teología.
En la visión beatífica la esencia de Dios toma el lugar no sólo de la species impressa sino también de la species expressa.
Todas las virtudes morales, tanto las adquiridas como las infusas, en su estado perfecto, están relacionadas entre sí.
Según Billuart ha sido materia de controversia entre tomistas si la malicia de un pecado mortal es absolutamente infinita.
Al escoger un término medio entre rigorismo y laxismo la escuela tomista ha sido anti-probabilista y generalmente ha adoptado el probabiliorismo. Algunos defienden el equiprobabilismo o probabilismo cum compensatione.
Los teólogos tomistas generalmente, aunque defienden la infalibilidad del papa, niegan que tenga el poder de disolver un matrimonium ratum o de dispensar un voto solemne hecho a Dios. Cuando se ha aducido que algunos papas habían otorgado tales favores ellos han citado a otros que declararon que no podían otorgarlos y dicen, con Domingo de Soto, 'factum pontificium non facit articulum fidei' (la acción de un papa no constituye artículo de fe).
La unión hipostática, sin ninguna gracia adicional, hizo a Cristo impecable. El Verbo se unió hipostáticamente con la sangre de Cristo y permaneció unido a ella incluso durante el intervalo entre su muerte y resurrección. Durante el mismo intervalo el cuerpo de Cristo tuvo una forma transitoria, llamada forma cadaverica.
Los sacramentos de la nueva ley causan la gracia no sólo como causas morales instrumentales sino mediante la causalidad que debe ser llamada instrumental y física. En la atrición requerida en el sacramento de la penitencia debería haber al menos un principio del amor de Dios; el dolor por el pecado que surge solamente del miedo al infierno no es suficiente.
Muchos teólogos de la escuela tomista, especialmente antes del concilio de Trento, se opusieron a la doctrina de la Inmaculada Concepción, afirmando que seguían a Tomás de Aquino.
La escuela tomista se distingue de otras escuelas de teología principalmente por sus doctrinas sobre la acción de Dios en la voluntad del hombre, la presciencia de Dios, la gracia y la predestinación.

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