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SUPERSTICIÓN
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Superstición es el término para definir objetivamente bien los agregados de las creencias erróneas y las prácticas comunes que pueden ser trazadas hasta una combinación de la razón errática con la voluntad enfermiza y las emociones descontroladas con la ignorancia más o menos completa, o a cualquier acto o creencia portador de esas marcas.

¡Lo que puede un sastre! Capricho nº 52 de Goya, aguafuerte y tinta
¡Lo que puede un sastre!
Capricho nº 52 de Goya, aguafuerte y tinta
Subjetivamente es una actitud mental, "un deseo instintivo de creer en ciertas relaciones causales que no han sido y no pueden ser probadas, ya sea experimental o lógicamente." (F. B. Dresslar, Superstition and Education in University of California Publications, V, i, p. 141, n.p., 1907). El error esencial de la superstición es por tanto en parte adjudicar un papel equivocado a la causa original. Psicológicamente, una superstición es a veces el resultado de la incapacidad o indisposición para seguir un pensamiento sostenido, implicando una disponibilidad consecuente para aceptar como correctas ciertas conclusiones que han sido manejadas sin haber sido probadas en cuanto a su contundencia. Desde este mismo punto de partida psicológico, según la investigación científica, la superstición subjetiva, o la tendencia a aceptar un cuasi-razonamiento como efectivo, es en parte una credulidad emocional heredada de períodos anteriores; es una especie de atavismo. En tanto son relaciones mentales heredadas no son fáciles de cambiar, no habiendo solo en este hecho una explicación parcial de la persistencia de la superstición, incluso donde la educación ha producido en otros aspectos sus efectos beneficiosos, sino también una parcial paliación de la culpabilidad moral individual de aquellos que, aunque cultivados, todavía sostienen creencias de ese carácter. Más específicamente, y desde el punto de vista de la religión, la superstición es una creencia errónea por suponer una relación causal entre los poderes sobrenaturales y los sucesos, reales o imaginarios, en el mundo de los sentidos. De esta forma no sólo supone ignorancia de las leyes de la naturaleza, sino que ofende a la razón iluminada al oponerse a aquellas máximas de la revelación que tienen la sanción más segura de la experiencia y el conocimiento humano.

Etimología.
Un ligero avance para la comprensión del asunto se logra mediante el estudio de la etimología y equivalencias de la palabra, aunque es detectable un desarrollo en el significado. La palabra latina superstitio (super y stare, "estar sobre algo"; cg. el griego deisidaimonia, "temor de los dioses, sentimiento religioso"), expresaba "temor excesivo a los dioses, creencia religiosa irrazonable", siendo contrapuesta por religio, "un temor adecuado, razonable, de los dioses" (Cicerón, De natura deorum, i. 42, 117, ii. 28, 72). Se desarrolló hasta significar una realización (religiosa) sobre y por encima de lo que la costumbre y la naturaleza del caso requería, por la que no era reconocida por la autoridad apropiada. En algunas traducciones la palabra usada en Hechos 17:22, en el conocido discurso de Pablo en la colina de Marte a los atenienses se ha traducido el griego deisidaimonesterous por "supersticiosos". Pero ha de hacerse notar que un significado desfavorable no es conveniente, porque hubiera significado que Pablo se hubiera puesto a sus oyentes en contra. En Hechos 25:19 hay algunas traducciones que han vertido el original griego deisidaimonia, por "superstición", aunque el término exacto empleado por Festo (que probablemente hablaba latín) no se conoce. Pero, como en el caso anterior, Festo habría agraviado a Agripa y a los judíos al llamar a la religión de estos "superstición". El significado de la palabra ha tomado en tiempos modernos una posición diferente de sus elementos etimológicos, incorporando la idea de "vestigio" (de una etapa de cultura anterior y menos avanzada.)" Este significado es en sí mismo una explicación de muchos de los hechos concretos de la superstición, que son supervivencias de usos más antiguos o creencias que persisten frente a los pronunciamientos de un razonamiento avanzado. Al mismo tiempo no se excluye que de hecho o en teoría surjan nuevas supersticiones de tiempo en tiempo.

Dos sátiros, por Rubens
Uso histórico en la religión.
En estrecha conexión con el uso está la palabra que se emplea por adherentes de una fe para caracterizar las creencias y prácticas religiosas de adherentes de otra fe, particularmente los de una religión muerta. Tácito ("Anales" xv. 44) habla de la religión que ha surgido de "Cristo, quien fue ejecutado por... Poncio Pilato" como exitiabilis superstitio, "perniciosa superstición." Por otro lado el halago fue devuelto cuando, bajo influencia cristiana un par de siglos más tarde, los ritos y la adoración pagana fueron denominados de esa manera. Constantino en una ley de 310, hablando de la religión pagana de Roma, dice: "Los que están deseosos de ser esclavos de su superstición, tienen la libertad para el ejercicio público de su adoración." (Codex Theodosianus, IX, xvi. 1-2), definiéndola poco después como proeterita usurpatio, "uso anticuado." Incluso dentro de los límites de la misma religión existen grandes, y de hecho, irreconciliables diferencias en cuanto a lo que constituye superstición. Los protestantes catalogan a muchas creencias y observancias católicas como superstición, pudiéndose mencionar entre ellas la adoración de la hostia, la veneración de las imágenes, todo el culto centrando en la Virgen María y los santos, particularmente la creencia en fenómenos tales como los alegados en Lourdes y Loreto, junto con la fuertemente afianzada veneración a las reliquias. Pero para los católicos devotos algunas de esas cosas pertenecen a la misma esencia de la religión, siendo la duda sobre las mismas poco menos que blasfemia. Otra ilustración que procede del mismo campo es la creencia católica sobre la licuación de la sangre de San Jenaro, que los católicos valoran como un milagro recurrente. Por supuesto los directamente interesados no permiten que se hagan pruebas decisivas a causa de la santidad de la reliquia. De este modo no existe un acuerdo sobre lo que constituye una superstición.

La buenaventura, óleo sobre lienzo de Caravaggio. Museo del Louvre, París
La buenaventura, óleo sobre lienzo de Caravaggio.
Museo del Louvre, París
Fundamento: ignorancia, credulidad.
En su lado subjetivo o como actitud mental la superstición parece surgir de cuatro raíces:
(1) La ignorancia, combinada con la falacia característicamente primitiva y prevaleciente de post hoc propter hoc, es una causa fundamental. El hombre siempre ha buscado razones para los sucesos, pero en su falta de conocimiento de las causas auténticas ha ligado causalmente a veces las cosas que no están relacionadas. Por poner un ejemplo, la ruptura de la aleta de un ancla arrojada a tierra por un naufragio en la costa occidental de África fue seguida por la muerte del hombre que cometió el acto, ya que el ancla era una divinidad que había sido ofendida por la mutilación y había que castigar al malhechor tomando venganza. De forma similar el hecho de que tras un baño en un estanque sucediera una afección escrofularia fue estimado por los nativos como el castigo de una deidad que había sido ofendida por ser quebrantados sus derechos divinos. De manera semejante, el contacto con un jefe, o con alguna prenda que le pertenezca, había precedido a alguna calamidad sobre la persona que le había tocado, lo que llevaba a creer que el jefe y sus posesiones eran tabú, lo que resultó en la muerte de muchos nativos de Australia, Nueva Zelanda y otras regiones. En algunos aspectos la superstición toma la forma de una pseudo-ciencia. Los casos son ilustrativos y también representativos de un enorme conjunto de hechos en la historia humana; sirven para presentar el amplio espectro de supersticiones primitivas y posteriores, incluyendo las prácticas del totemismo, tabú, magia, fetichismo, sacrificios y semejantes.
(2) Asociado a lo anterior hay una credulidad de la que la razón iluminada puede librar. La credulidad es una de las características más persistentes de la humanidad y quienes la manifiestan son proporcionalmente tan numerosos en los países de influencia cristiana como en otras partes. En ese aspecto es posible citar el testimonio de un clérigo en el juicio al doctor C. A. Briggs por herejía en 1893, en el sentido de que su madre en Escocia dejaba la Biblia en la puerta para protegerse de las brujas. Esta costumbre no está totalmente erradicada, siendo ampliamente prevaleciente la creencia en la validez de signos y agüeros, tales como las indicaciones del clima extraídas de la inclinación de los cuernos de la luna creciente, o en los profilácticos y curas de diversas especies, tales como la prevención del reumatismo, llevando en el bolsillo una patata robada o la cura de verrugas si se frotan con un trozo de corteza de bacon robado (que luego ha de ser quemado). No se puede asignar razón adecuada a los efectos aludidos con las causas asumidas y la investigación no encuentra relación en tales antecedentes y consecuencias. Por tanto, esa credulidad es responsable de una parte de la continuidad de la superstición. Es importante señalar en este aspecto que la credulidad es en un sentido comunicable. Una persona supersticiosa, que es casi invariablemente dogmática en su actitud, fácilmente comunica y difunde sus anticipaciones o sus temores y gana nuevos seguidores para sus teorías.

El curandero, por autor anónimo flamenco.
Colección particular, Madrid
Conservación y temor como factores.
(3) El conservadurismo innato de la mente humana le permite aceptar y retener explicaciones o declaraciones, una vez que se han convertido en normales. La autoridad de la tradición es potente y lo que los padres creyeron es, por esa razón solamente, a veces recibido como hecho. En ese aspecto la superstición es una exteriorización de la conservación distintiva de la raza.
(4) El temor es también un elemento. El miedo a lo que pueda suceder a veces vence el "sentido común" y una persona puede incluso en el presente, bajo esta influencia, hacer lo que en otras circunstancias sería dudoso que hiciera. Las emociones son en la vida moderna, y con la más absoluta certeza han sido siempre, el elemento más fuerte en la superstición. La fe es "sentida" en ciertas "indicaciones" a pesar del pronunciamiento de la razón contra las mismas y del mandato de la voluntad a no recibirlas. De este modo, como señaló Dresslar (ut sup., p. 150), "la voluntad de creer y la razón para creer son ambas impotentes cuando son combatidas por un desarrollado sentimiento para creer." En otras palabras, las emociones pueden vencer a la razón y la voluntad. Es susceptible de prueba que el temor, en tanto emoción, es en parte el resultado de ciertas condiciones físicas. Esto está ilustrado por el hecho de que de noche la presión al temor supersticioso se acentúa. Similarmente, las perturbaciones morales, físicas o mentales producen condiciones favorables para la operación de la superstición. Shakespeare notó los efectos en ese sentido en su dicho: "La conciencia nos hace cobardes a todos" (Hamlet, III, i). En este aspecto la superstición, como el éxtasis, pertenece, hasta donde es religiosa, a la patología de la religión y totalmente a la patología de la psicología.

Efectos históricos.
Las ramificaciones y resultados de la superstición son numerosos, pudiendo elaborarse una lista de asuntos que la componen que entre otros podrían ser los siguientes: alquimia, apariciones, astrología, encantamientos, delirios, adoración del diablo, adivinación, mal de ojo, fetichismo, leyendas, magia, mitología, ciencias ocultas, oráculos, reliquias, folklore, brujería, espiritismo y totemismo. Esta fuerza ha penetrado todas los aspectos de la vida desde la cuna hasta la tumba y aún más allá. Establece costumbres tan compulsivas como el tabú, dicta formas de adoración y las perpetúa, obsesiona la imaginación y la sumerge en un mundo de demonios y huestes de espíritus menores, fantasmas y espectros, inspira temor e incluso adoración hacia ellos. Ha sobrevivido a la persecución de la Iglesia, recibiendo sanción indirecta como la afirmación de Tomás de Aquino (Quodlibeta, xi. 10) sobre la brujería y en la bula Summit desiderantea de Inocencio VIII publicada en 1484 mandando al clero ayudar a la caza y castigo de brujas y dando autoridad papal a la creencia en demonios que tienen relaciones sexuales en el sueño con hombres y mujeres. Con igual fuerza ha hecho uso del Estado, desde el tiempo de Hammurabi hasta la Ley Sálica e incluso después. Restableció la mortal distinción entre magia blanca y magia negra, una distinción que parece haber existido en todos los grados de la civilización. Sus poder más letal, tal vez, es que adquiere influencia sobre los asuntos más comunes de la vida diaria, frenando la iniciativa, aprisionando el pensamiento, envenenando el intelecto y sometiendo las actividades a los imaginados efectos que sobrevendrán.

La bola de cristal, por John William Waterhause
La bola de cristal, por John William Waterhause
Supersticiones actuales.
En la obra de Dresslar anteriormente mencionada, el estudio inductivo del asunto se hizo entre estudiantes adolescentes o adultos de centros educativos en California en el siglo XX. Las cosas con las que las supersticiones estaban conectadas eran: la sal, el pan y la mantequilla, el té y el café, las plantas y la fruta, el fuego, el relámpago, el arco iris, la luna, las estrellas; los niños, los pájaros, las lechuzas, los pavos reales y sus plumas, pollos, gatos, perros, vacas, ovejas, caballos, conejos, ratas, ranas y sapos, peces, serpientes, arañas, grillos, tortugas, lobos, lagartos, abejas; sillas y mesas, relojes, espejos, cucharas, cuchillos y tenedores, agujas, peines, paraguas, velas, cerillas, teteras, escobas, paños de cocina, pañuelos, herramientas de jardín, escaleras, heno, herraduras; días de la semana y diversas festividades, especialmente Halloween, cumpleaños; diversos números, contar, reír, cantar, gritar; comenzar un viaje y regresar, que dos personas simultáneamente digan la misma cosa, pasar por una puerta y salir por otra, caminar por lados opuestos de un punto, caminar sobre grietas, oler; usar ventanas como salidas, tropezar; picazón de la palma, ojos, nariz, oídos o pies; verrugas, lunares; diversos objetos de vestir, zapatos, piedras preciosas, amuletos, anillos, dinero; la muerte, funerales, sueños, espiritismo, bodas e iniciaciones. Por supuesto esta larga lista está incompleta y puede ser expandida indefinidamente. La importancia práctica de las acciones relacionadas con estas diversas creencias es que se supone que están gobernadas por ellas y la acción está indicada o inhibida según la "señal" sea favorable o desfavorable. Por tanto hay una esclavitud anómala en un contexto donde el cristianismo tiene influencia y sin embargo se manifiesta de manera normal.

Consecuencias reales.
Un hecho más grave que el precedente está involucrado en la esclavitud del pensamiento a consecuencia de la atención que se presta a los "signos" y "augurios". Aquí hay un trabajo que la Iglesia debe realizar como educadora y liberadora, siendo un campo de misión. La preocupación de la mente por tales creencias supersticiosas puede impedir la aceptación no solamente de la verdad científica, sino de la religiosa también. Las mismas fuentes de la salud mental y la percepción espiritual quedan contaminadas, mientras que a tales trivialidades se les permita controlar las fuentes de acción. Que tales aspectos son de largo alcance, incluso para controlar en cierta medida asuntos de gran importancia, se muestra por el hecho de que algunas de las grandes corporaciones de transporte se resienten en el número de viajeros dependiendo del día del calendario en que se produzca la salida del viaje. Otra consecuencia que no es menor es que tales creencias engañosas son estimuladas por una hueste de videntes, curanderos y charlatanes que florecen sobre la credulidad de los ignorantes y engañados, difundiéndose al mismo tiempo esas creencias mediante los astutos y ambiguos pronunciamientos de los impostores, que son interpretados como sabiduría por las víctimas. No es difícil imaginar lo que ha ocurrido en la historia de la humanidad por medio de las supersticiones, si tenemos en cuenta que en el período actual, donde se supone que nuestro conocimiento es superior, tienen controladas muchas mentes.

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