en la web en la Biblia
 
           
PREDICACIÓN, HISTORIA DE LA
Guardar como Pdf Guardar como Pdf
Imprimir Imprimir
Enviar este enlace por e-mail a un amigo Enviar este enlace por e-mail a un amigo
Ver más Enciclopedia Ver más Enciclopedia
 

George Whitefield
George Whitefield predicando

  • Predicación en lengua inglesa. Antes de la Reforma. El período anglosajón

    En la antigua Iglesia.

    San Pablo predicando en Atenas, por Rafael
    Predicación apostólica y post-apostólica.
    Ha ocurrido con no poca frecuencia que quienes han presentado una historia de la predicación han señalado las cartas apostólicas en el Nuevo Testamento como ejemplos de homilías apostólicas. Aunque indudablemente esas epístolas tienen la forma en la que los apóstoles expusieron los fundamentos de la fe cristiana, no se puede sostener que son predicaciones y sermones. El estilo epistolar las gobierna completamente. Esta posición ha de mantenerse a pesar de las hipótesis avanzadas por Wrede y otros al efecto de que, particularmente en la epístola a los Hebreos y también en otros escritos del Nuevo Testamento, se han de vislumbrar las alocuciones originales a las congregaciones cristianas. Aunque esta hipótesis tiene mucho en su favor, la prueba de la existencia de discursos orales a partir de ellas no ha sido concluyentemente demostrada. Por tanto, esa idea ha sido en buena medida abandonada, apoyando la mayoría de los expositores que la historia de la predicación yace en los discursos de Pedro y Pablo, tal como están recogidos en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Sin embargo, aquí surgen algunas dificultades al mantener algunos que los discursos registrados son en un mayor o menor grado el producto del autor del libro, mientras que otros deducen que son un trabajo sobre los discursos auténticos. Sin embargo, incluso los críticos conservadores concuerdan con los otros en que los discursos no fueron tomados exactamente de la boca de los oradores y no son reproducciones exactas de las alocuciones pronunciadas, relacionadas como están en estilo con otras partes del mismo libro. Por otra parte, ha de hacerse notar que los discursos tienen el carácter de sermones porque tienen una relación directa con la situación concreta en la cual fueron pronunciados. Los de Pedro en Hechos 2:14 y sgg. y 3:12 y sgg. los pronunció en Pentecostés y con ocasión de la sanidad del hombre paralítico, mientras que en 10:34 y sgg. está gobernado por la visión del contexto sobre lo limpio y la impuro.

    Predicación de San Pablo en Éfeso, por Eustache Le Sueur
    Predicación de San Pablo en Éfeso,
    por Eustache Le Sueur
    El discurso de Pablo en Hechos 13:16 y sgg. tiene el carácter de una alocución misionera y el discurso de Atenas está adaptado exactamente a su disputa con los filósofos; pero el registrado en 20:17 y sgg. es casi enteramente personal y por tanto no es estrictamente un sermón. En todos esos ejemplos, el carácter general del sermón es misionero en tipo. En cualquier caso, esos discursos proporcionan poco o nada sobre la historia de la predicación. Aunque pueden sugerir la dirección que la predicación tomó en aquellos tiempos y el conflicto con el paganismo, el uso de fuentes suministrado por el paganismo mismo, la exposición de lo que se había recibido por medio de Cristo y la apelación a la conciencia ética de los oyentes. Hechos 2:42-43 indica además la práctica de los apóstoles de enseñar a la comunidad (cf. 1 Corintios 12-14; Romanos 12:6-8; 1 Pedro 4:10), pero ni las reglas ni la costumbre establecida limitó la comunicación fraternal. Si hay que aplicar un término general a los discursos religiosos de ese periodo, podría ser la forma de "alocuciones fraternales libres." Para el período post-apostólico el testimonio de Justino Mártir es de valor especial (1 Apol. lxvii), al mostrar la lectura de la Escritura y la exhortación de carácter práctico basada en el texto leído. Tertuliano (Apol. xxxix) ilustra además el carácter de los discursos de ese período (cf. De animo, ix) cuando dice: "Con las palabras sagradas alimentamos nuestra fe, animamos nuestra esperanza, hacemos nuestra confianza más firme y por las inculcaciones de los preceptos de Dios confirmamos buenos hábitos." El único sermón de esos tiempos, la denominada 2ª Epístola de Clemente, es práctico en carácter; muestra la lectura de la Escritura, la alocución sólo vagamente va relacionada con ella, leída no hablada (capítulo 19), se inculca el servicio de Cristo con obras y no con la boca y se exhorta al arrepentimiento y la caridad y al servicio a Dios con corazón puro. A. Harnack ha llamado la atención (Der Presbyter-Prediger des Irenæus, en Philotesia, Paul Kleinert gewidmet, Berlín, 1907) al hecho de que en los restos recibidos de la obra literaria de Ireneo existen fragmentos de sermones de un "presbítero-predicador" con ejemplos añadidos de las antiguas homilías cristianas exegético-polémicas en existencia.

    Período 200-300 d. C.
    Orígenes, el pensador y erudito más grande de la Iglesia griega, es el padre del sermón como costumbre eclesiástica fija, a quien se puede trazar la exposición teológico-práctica de un texto definido así como de la homilía. Es notorio que, en ese período de la separación del servicio divino en una parte homilético-didáctica y una parte mística, el sermón era misionero y apologético en tipo y apropiado para instruir a los catecúmenos. Tomó la forma de explicación y aplicación del texto, usando particularmente el método alegórico, que desde ese tiempo en adelante se hizo predominante y controló el uso homilético de la Escritura hasta la Reforma. Orígenes en su predicación seguía el pasaje versículo por versículo, exponiéndolo gramatical e históricamente, pero quedándose principalmente con el significado místico o alegórico, aunque nunca olvidó que el auténtico propósito del sermón es desarrollar el sentido moral. Equipado con una portentosa memoria, un maravilloso conocimiento de la Escritura y un gran saber, sabía cómo aplicar las pequeñas cosas espiritualmente, prácticamente y a veces en un sentido amplio y general. Normalmente acababa con la doxología. Su apelación era más a la percepción que a la voluntad. De él procede el siguiente pasaje de un sermón sobre Jeremías 16:16, que lo conecta con el del evangelio de Mateo en el que se halla el llamamiento de los discípulos para convertirlos en pescadores de hombres:

    "Atrapado por la red de los discípulos de Jesús, has sido extraído de la mar: fuera de ella, transformas tu alma; ya no eres más un pez que pasa su vida en las olas salobres de la mar; mas inmediatamente tu alma cambia y se transforma y llega a ser algo mejor y más divino que lo que era antes... Y siendo así transformado, el pez que fue atrapado por los pescadores de Jesús, abandonando las guaridas de la mar, hace su guarida en los montes, de modo que ya no necesita más a los pescadores que lo sacaron del mar, sino los segundos pescadores que se llaman cazadores, que van cazando en todas las montañas y collados. Por lo tanto, tú, que has salido de la mar, olvídala, asciende a los montes, los profetas, y sobre los collados, los justos, y haz tus moradas, para que después de estas cosas, cuando el tiempo de tu partida esté cercano, puedan ser enviados los cazadores y no los pescadores. Pero, quiénes podrán ser éstos sino los que han sido designados con el propósito de recibir las almas que están en los collados, y que ya no yacen en las aguas. Y ved si el profeta no os ha desafiado místicamente, diciendo estas cosas y ofreciéndoos este pensamiento, cuando dice, 'He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los pescarán; y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán de todo monte y de todo collado'."
    Del desarrollo posterior del sermón en la escuela de Orígenes poco se sabe. Las homilías atribuidas a Gregorio el Taumaturgo son probablemente de origen posterior y recuerdan el estilo del sabio persa Afraates. La celebración de los días de los santos influenció en la homilía por la práctica de pronunciar panegíricos, lo que retrocede hasta el siglo tercero. Del oeste hay restos de los sermones del obispo cismático romano Hipólito, pero son demasiado fragmentarios para llegar a una decisión sobre su estilo de predicación y las alocuciones más largas atribuidas a él probablemente no son genuinas. El sermón atribuido, titulado "Sobre la santa teofanía" y que trata del bautismo de Jesús (Mateo 3), sigue estrechamente el fundamento bíblico, pero no tiene todavía la forma de la homilía exegética; parece más un himno vibrante y pintoresco y es la transición desde la homilía sencilla al sermón sintético artístico para la congregación. Ya que el escrito Adversus aleatores, atribuido por Harnack al siglo segundo es probablemente de fecha posterior, los ejemplos de elocuencia latina han de buscarse primero en Tertuliano. Pero incluso de él no han llegado ejemplos de sermón, aunque su estilo primitivo, fresco, espiritual y siempre sentencioso permaneció durante mucho tiempo como modelo de elocuencia de la Iglesia latina. Cipriano tomó a Tertuliano como su modelo en el desarrollo de la persuasión dialéctica aunque práctica y cálida. Lactancio menciona la fama de los sermones de Cipriano, de los cuales ninguno existe.

    Predicación greco-siríaca, 300-450 d. C.
    Con la victoria del cristianismo y el desarrollo del servicio se produjo un impulso del sermón. La predicación se hizo más frecuente, siendo empleada incluso durante la semana y durante épocas de ayuno en algunos lugares diariamente. Como la Iglesia durante ese período asimiló más y más la cultura grecorromana, el sermón se desarrolló pari passu. Los predicadores cristianos más notorios fueron con frecuencia educados en las escuelas retóricas de los paganos, empleando en sus sermones las reglas de la retórica y los efectos artísticos enseñados en ellas, convirtiéndose el lustre casi en un fin, dando a veces más brillo que calor. Los oyentes buscaban la satisfacción estética más que la edificación, saliendo después del sermón y antes de la eucaristía. Especialmente la eulogía desembocó en una ostentación en la que casi no había diferencia entre el propósito del sermón y la oratoria clásica. La homilía retuvo su método de explicación y aplicación analítica. El sermón estructural moderno no había nacido todavía. El sermón comenzaba con una declaración retórica del objeto y continuaba con la salutación o invocación de bendición. Los diferentes estilos de vida de la Iglesia se muestran en los discursos. Junto al método alejandrino alegórico estaba el plan antioqueno gramático-histórico; la controversia doctrinal quedaba reflejada, al igual que las tendencias hacia el ceremonialismo y la práctica creciente de la veneración de los santos, de la Virgen y del ascetismo. Las polémicas no estaban ausentes. En el este el sermón era a veces imaginativo, poético, incluso farragoso y grandilocuente; en el oeste la retórica era más sobria y el sermón práctico, simple y claro. La función llegó a quedar confinada a los obispos y los presbíteros, teniendo el diácono que tener autorización del obispo antes de poder oficiar. El obispo predicaba sentado; la audiencia se ponía de pie en el norte de África, pero estaba sentada en Italia y el este. El sermón venía en la primera parte del servicio tras cantar y leer la Escritura y en la Iglesia griega no toda la audiencia esperaba siempre a la conclusión.

    Predicadores individuales.
    El sermón greco-siríaco se divide en práctico-retórico, dogmático-didáctico y ascético-místico. Eusebio de Cesarea es la transición a este período y ya muestra el estilo de la corte bizantina en una tendencia grandilocuente y aduladora, según el modelo proporcionado por las escuelas griegas de retórica. Pero el líder en establecer la escuela práctico-retórica de predicación fue Basilio el Grande, quien recibió este título por su predicación. Era valiente, brillante sin la búsqueda de fulgor, buscando más bien la fuerza que la elegancia en la dicción, sincero, poseedor de una vívida imaginación, claro, ordenado y sólido en su pensamiento. De su segunda homilía en el Hexæmeron es la siguiente introducción y conlusión:

    En las pocas palabras (Génesis 1:1) que nos han ocupado esta mañana encontramos una profundidad de pensamiento que desesperamos de poder penetrar más allá. Si tal es el atrio del santuario, si el pórtico del templo es tan grande y magnífico, si el esplendor de su hermosura deslumbra los ojos del alma, ¿cómo será el lugar santísimo? ¿Quién osará tener acceso al santuario interior? ¿Quién mirará dentro de los secretos? Nos está vedado contemplarlos, y el lenguaje es impotente para expresar lo que la mente concibe. Con todo, ya que hay recompensas, y muy deseables, reservadas por el juez justo por la sola intención de hacer bien, no vacilemos en continuar nuestra investigación. Aunque podamos no lograr la verdad, si, con la ayuda del Espíritu no nos desviamos del significado de las Sagradas Escrituras, no merecemos ser rechazados y, con la ayuda de la gracia, contribuiremos a la edificación de la iglesia de Dios...

    Pero, mientras converso con vosotros acerca de la primera tarde del mundo, el anochecer me toma por sorpresa y pone punto final a mi discurso. Que el Padre de la luz verdadera, que adornó al día con luz celestial, que encendió las lumbreras que nos iluminan durante la noche, que nos reserva en la paz de una edad futura una luz espiritual y eterna, preserve vuestros corazones en el conocimiento de la verdad, os guarde de tropiezos y "conceda que caminéis honradamente como de día". Así brillaréis como el sol en medio de la gloria de los santos, y me gloriaré en vosotros en el día de Cristo, a quien sea toda la gloria, y el poder, por siempre jamás. Amén"

    Todo esto hizo de él, tras Crisóstomo, el modelo de la Iglesia griega. Precisamente de éste último es el párrafo siguiente, en el que avisa de los peligros a los que está expuesta la predicación:
    Crisóstomo predicando ante la emperatriz Eudoxia
    Crisóstomo predicando ante la emperatriz Eudoxia
    "Existen muchos predicadores que hacen largos sermones; si se les aplaude bien, se muestran tan gozosos como si hubieran conquistado un reino; si el sermón termina en medio del silencio, su desaliento es peor, casi podría decir, que el infierno. Esto es lo que arruina a las iglesias; que no buscáis oír sermones que toquen el corazón, sino sermones que deleiten vuestros oídos, con su entonación y la estructura de sus frases, tal como si estuvierais escuchando a grandes cantores o tocadores de laúd. Y nosotros, los predicadores, seguimos vuestras fantasías en lugar de tratar de aplastarlas. Nos portamos como un padre que le da a su hijo enfermo una torta o un helado, porque el hijo se lo pide, y no se cuida de darle lo que le haría bien y luego, cuando los médicos lo recriminan, dice: "No podía soportar oírlo llorar"... Esto es lo que hacemos cuando elaboramos hermosas sentencias, exquisitas combinaciones y armonías para agradar y no para beneficiar; para ser admirados y no para instruir; para deleitar y no para enseñar, para retirarnos llevando vuestro aplauso en nuestros oídos sin procurar mejorar vuestra vida. Creedme, no estoy hablando al acaso; cuando me aplaudís mientras hablo, siento en el momento lo que es natural que un hombre sienta. Lo confesaré sinceramente. ¿Por qué no? Me encanta y me regocija. Y luego, cuando llego a casa y reflexiono que la gente que me aplaudió no recibió ningún beneficio, y que en realidad el poco beneficio que hubieran recibido ha sido ahogado por el aplauso y las loas, mi corazón se siente triste y me lamento, y rompo a llorar, y siento que he hablado totalmente en vano, y me digo a mí mismo: ¿De qué vale todo tu esfuerzo, si tus oyentes no quieren cosechar ningún fruto de todo lo que has dicho? Y con frecuencia he pensado en establecer una ley prohibiendo en absoluto todo aplauso e instándoos a escuchar en silencio".
    Gregorio de Nisa está al lado de Basilio en eminencia, en poder de exposición y fluidez, superándolo como pensador. Su habilidad era menos el producto de la naturaleza que del arte y su tendencia de mente era especulativa, filosófica y teológica, con una fuerte tendencia a lo alegórico. Sus mejores sermones son las alocuciones conmemorando a personas de alta categoría, mártires y santos. El siguiente es un ejemplo sacado de su sermón sobre el bautismo de Cristo:
    "El siervo de Abraham es enviado a concertar el desposorio, buscando una esposa para su amo, y encuentra a Rebeca junto al pozo; y el matrimonio que habría de producir la raza de Cristo, tuvo su origen y su primer pacto por agua. Sí, y también el mismo Isaac cuando administraba sus ganados, cavó pozos en varias partes del desierto, que los enemigos cegaron y taparon, como tipo de aquellos hombres impíos que, en días posteriores, obstruirían la gracia del bautismo y vociferarían en la lucha en contra de la verdad. Empero, los mártires y sacerdotes pudieron más que ellos, cavando pozos, y el don del bautismo inundó a todo el mundo. Según la misma validez del texto, también Jacob, yendo en busca de esposa, la encontró inesperadamente, junto al pozo, el cual estaba tapado con una gran piedra que tenían que remover entre una multitud de pastores, cuando se reunían, y luego sacaban agua para ellos mismos y para sus rebaños. Pero Jacob sólo quitó la piedra y dio de beber a los ganados de su desposada. Creo que éste es un dicho velado, una sombra de aquello que habría de venir. Porque, ¿cuál es la piedra que está colocada, sino Cristo mismo? Porque de él dice Isaías, "He aquí que yo pongo en Sión por cimiento una piedra costosa, preciosa, escogida", y Daniel, igualmente dice, "Una piedra fue cortada, mas no con manos", es decir, Cristo nació sin intervención de hombre. Porque como es algo maravilloso que una piedra sea cortada de la roca sin picapedrero y sin herramientas, así también es algo más que maravilloso que pueda nacer un vástago de una virgen sin desposar. Cristo, pues, como piedra espiritual sobre el pozo, ocultaba, en lo profundo y en el misterio, el lavacro de la redención, que requirió mucho tiempo, - como si fuera una larga cuerda, - para sacarlo a luz. Y nadie quitó la piedra, sino Israel quien es la mente que ve a Dios. Empero hace ambas cosas: saca el agua y da de beber a las ovejas de Raquel; es decir, revela el misterio oculto y proporciona agua viva al rebaño de la Iglesia."
    Gregorio de Nacianzo poseyó un alma solícita con un tierno espíritu, en el que el deseo por el aislamiento luchó con el deseo de usar sus espléndidos dones para la comunidad. Orador nato de gran versatilidad tenía, en comparación con Basilio, una naturaleza pasiva y receptiva. Sus ideas teológicas eran claras, su dialéctica hábil, su imaginación vívida; su dicción era elegante y su estilo profundamente afectado con ironía y a veces atemperado con patetismo, aunque podía también pronunciar invectivas. Defensor de la doctrina de la Trinidad y amante de la discusión dogmática, especialmente de los problemas que entonces agitaban la Iglesia, no perdió de vista las necesidades prácticas. Su sermón seguía un solo pensamiento y propósito, aunque no le faltaban disgresiones. Un ejemplo de su estilo se aprecia en el elogio que hizo de su amigo Basilio:
    "Si debiéramos seguir este examen, ¿quién, hasta donde se extiende mi conocimiento, - y mi amistad con él ha sido muy íntima, - quién era tan agradable en sociedad como Basilio? ¿Quién tenía más gracia para narrar? ¿Quién era más delicado en sus bromas? ¿Quién más tierno para reprender, sin que su censura fuera torpeza ni su bondad indulgencia, sino evitando el exceso en ambos, y en ambos siguiendo la ley de Salomón que asigna a cada cosa su tiempo? ¿Pero qué significa todo esto en comparación con su extraordinaria elocuencia, y la irresistible potencia de su doctrina, que ha conquistado los cabos de la tierra? Todavía nos hallamos detenidos junto a la base de la montaña, cuando nos queda la cumbre por escalar. Todavía empujamos nuestra barquilla por el estrecho, cuando nos espera el mar abierto y anchuroso. Porque por cierto, si jamás hubo, o habrá, una trompeta que suene en la lejanía del espacio, o una voz de Dios que abrace al mundo, o algún inaudito y maravilloso sacudimiento de la tierra, ésa fue su voz; ésa fue su inteligencia, que trasciende a la de sus semejantes como la naturaleza del hombre es más excelsa que la del bruto. ¿Quién purificó su espíritu más que él, haciéndose así apto para descubrir los oráculos divinos? ¿Quién iluminó con más claridad la luz del conocimiento, exploró las oscuridades del espíritu, y con la ayuda de Dios examinó los misterios del Altísimo? ¿Y quién ha poseído una dicción que fuera una interpretación más perfecta de sus pensamientos? No hubo en él, como en la mayoría, falla alguna: ni de pensamiento para sustentar la dicción, ni de lenguaje en concomitancia con su pensamiento; pero distinguido igualmente en ambos, se reveló un orador completo, cabal y consecuente consigo mismo".
    La predicación griega alcanzó su eminencia en la escuela antioquena, que empleó las normas clásicas, junto a las elementos exegéticos, retóricos y popularmente prácticos. De esta escuela Crisóstomo fue su principal exponente, combinando en su persona al exégeta y al dramático. Entre los que emplearon el estilo dogmático-didáctico hay que mencionar probablemente a Eusebio de Emesa, aunque sus homilías se han perdido. Lo mismo ha de decirse de Cirilo de Jerusalén. Las homilías de Cirilo de Alejandría tienen un sabor dogmático-polémico. El antioqueno Teodoreto, obispo de Ciro, fue peculiarmente un predicador, como lo muestran sus diez alocuciones sobre la divina Providencia, en las que predica una especie de religión natural. Percepción profunda, exposición ordenada, dicción concisa y luminosa caracterizan su obra. Ejemplos de sermones ascético-místicos proceden de los monjes del desierto. Las 29 alocuciones del monje egipcio Isaías participan del carácter del cristianismo primitivo, tratando parcialmente con el cristianismo práctico y parcialmente con asuntos propios de monjes. Hay 50 homilías de Macario el Viejo que sobreviven; están sin texto, responden a preguntas hechas por los monjes, están llenas de descripciones nobles, profundidad ética y subrayan la corrupción del alma y el cuerpo y la unión mística con Cristo. Efrén Sirio, aunque pertenece a este grupo, fue eminentemente original. Tenía un innato genio homilético y su anhelo era un santo celo por la fe ortodoxa y por el ideal monástico. El brillo poético y el poder de su expresión hicieron de él uno de los grandes predicadores de la Iglesia antigua. A la oscilación de su pensamiento se une una pulcritud métrica de dicción, mientras que la fuente de sus emociones se combina con una plenitud de imaginación que lo obliga a usar la exclamación, la pregunta, el apóstrofe y otras variedades de la expresión retórica. Fue un poderoso predicador del arrepentimiento.

    Zenón, Ambrosio, Agustín.
    El sermón floreció hacia casi al final de este período en forma independiente por Agustín y León Magno, que fueron los mejores exponentes del estudio homilético en el oeste. Durante el siglo cuarto el oeste no imitó simplemente al este, sino que lo copió. El obispo Zenón de Verona dejó 93 sermones auténticos o tratados. Sus mejores ejemplos tratan con la paciencia, humildad, modestia, desprendimiento, dependiendo en gran medida de Basilio. En fuerte contraste con aquellos predicadores antiguos del oeste estuvo Agustín, quien se distinguió por su energía y perseverancia como predicador. Los sermones de Agustín son vigorosos en los elementos de experiencia, testimonio, dialéctica y aplicación práctica; están menos afectados por la preparación secular y más penetrados del evangelio; dan la impresión de ser los de un hombre que ha triunfado sobre la carne,la falsa filosofía, el paganismo y la herejía, que hablaba desde las profundidades de su propia experiencia. Muestran dones de agudo entendimiento, poder de especulación profunda, expresión precisa, amplios poderes de ilustración y un profundo sentido de lo que la salvación significa. Agustín emplea la alegoría menos que los griegos, subrayando más las narrativas históricas del Antiguo Testamento y evitando más la polémica. Sus alocuciones muestran unidad, coordinación y plan; los elementos éticos son profundamente cristianos, la dialéctica aguda, las antítesis ricas y el pensamiento espiritual. Sus sermones sobre los días festivos, en prosa rimada, merecen especial mención.

    Continuidad en la Iglesia griega.
    En la Iglesia griega del período desde el siglo quinto la decadencia de la predicación es visible en la excesiva pomposidad de la verborrea en la oratoria sagrada, que concernió principalmente con el culto a los santos y a María, con controversias dogmáticas traídas por los pelos, con el ascetismo y con el valor de las obras piadosas. El desarrollo del ritual en la brillante exposición de la liturgia aminoró el sermón y lo relegó en importancia. Tras las grandes figuras del siglo cuarto, la predicación griega parece haberse agotado, mientras que para el pueblo el sermón era puramente secundario en comparación con la liturgia. Su contenido, que trataba con leyendas de santos, veneración a María, polémicas contra la herejía y con la exposición declamatoria de la adoración, justifica esta estimación. Los tres sermones de Proclo sobre el theotokos y las 20 homilías sobre los días festivos son de carácter dogmático-polémico. La autenticidad de los sermones atribuidos a Juan de Damasco todavía necesita discusión. Ejemplifican los defectos del período: búsqueda de tipos en el Antiguo Testamento, alegorización, malabarismos místicos con los números, manejo legendario de la historia del evangelio y semejantes. Una estrella menor es Teodoro el Estudita, cuyos 135 Sermones paraenetici son alocuciones improvisadas a monjes, a veces conteniendo ardientes exhortaciones e ilustraciones bien acabadas. Sus otros sermones exhiben el gusto de los tiempos por lo pomposo y supersticioso. Donde el sermón tiene continuidad en la Iglesia griega, sucede bien antes o después de la misa. De los predicadores de un tiempo posterior se puede destacar a Teófanes Kerameus, arzobispo de Taormina (c. 1050), con 62 homilías sobre el evangelio para cada día, que son simples, populares, expositivas, Eustacio, arzobispo de Tesalónica (c. 1194), quien clamó contra la hipocresía, el amor de los monjes por la ostentación, el ascetismo externo, la superstición y la frivolidad; también destacan Germán, patriarca de Constantinopla (c. 1240); Juan Caleca (1330); Gregorio Palamas, arzobispo de Tesalónica; Genadio II de Constantinopla y de la Iglesia rusa, Malow, arcipreste en San Petersburgo, Filareto, metropolitano de Moscú y especialmente Inocencio, obispo de Jarkow.

    La Iglesia latina post-agustiniana.
    En el oeste el sermón post-agustiniano permaneció en un plano más inferior que con Agustín. La primera señal de decadencia se halla en la falta de originalidad. Agustín es el modelo, aunque el adorno y la elaboración tienen su parte. El uso de perícopas tuvo su influencia en el sermón, siendo empleadas para explicar selecciones de la Escritura. La predicación también se centró sobre la ocasión particular y menos en el texto. León Magno es el primer obispo que dejó sermones latinos (96 sobre fiestas y días de ayuno, etc.). Aunque es inferior a Agustín en plenitud y profundidad de pensamiento, lo sobrepasa en elegancia, estilo y ritmo de sus sentencias. Aunque emplea los sermones en ocasiones festivas para tratar con las controversias de su tiempo, no predica la moralidad monástica, aunque hay poca exposición de la Escritura en su predicación. Ha de serle reconocido que usó el sermón para estimular a otros, por lo que sus sermones se caracterizan por la palabra "prácticos." Son inteligibles, simples, adaptados a la capacidad de sus oyentes. Fulgencio de Ruspe en el norte de África, imita en discurso y método a Agustín y León, empleando la antítesis y la brevedad sin lustre, aunque con éxito. Entre los predicadores de la Galia se puede hacer mención de Hilario de Arlés y Fausto de Riez. Cesáreo de Arlés es de gran importancia en la historia de la predicación. No desdeñó la aplicación del arte, pero para obtener el lustre no sacrificó el contenido. Para enganchar a sus oyentes hizo uso especialmente de la parábola y el diálogo y no quedó totalmente libre de la alegorización. A través de todo ello hay en el trasfondo una fuerte personalidad religiosa, que emplea poderosas verdades éticas.

    En la Edad Media.

    Hasta el siglo XII.

    El arzobispo Pedro de Aix predicando, ejemplar inglés del siglo XV de su comentario Compendium Super Bibliam, Royal MS 8 G iii, f.2.
    El arzobispo Pedro de Aix predicando, ejemplar inglés del
    siglo XV de su comentario Compendium Super Bibliam,
    Royal MS 8 G iii, f.2.
    Carácter del sermón.
    La cristianización de las tierras en las que la lengua latina era extraña permitió una nueva oportunidad para el sermón de la Iglesia occidental. Aunque el servicio era en latín, el sermón exigió el uso de la lengua vernácula de la región. Ireneo de Lión predicó a los celtas nativos en su propia lengua, aunque latinizante, de la Galia. También en Alemania, Gallo conocía el habla de los alamanos, Bonifacio predicó a los frisones en su propia lengua y en tiempos carolingios hubo directrices para que la predicación pudiera ser entendida por el pueblo. A pesar de esos hechos, desde la primera parte de la Edad Media hay pocos restos de sermones en lengua vernácula, aunque numerosas obras en latín. Pero tras el vernáculo alemán acechaban las concepciones y el pensamiento latino. Para el clero, el latín retenía sus derechos. Los sermones de este periodo muestran poca originalidad; muchos de ellos eran traducciones o imitaciones de las homilías de los Padres, especialmente de Agustín, León o Gregorio. Las colecciones de sermones promovían esto, como el Homiliarium de Pablo Diácono y se convirtieron en fuente para predicadores, ahogando el trabajo independiente. El deber de la predicación quedó asignado principalmente a los obispos, compartiendo los sacerdotes en las parroquias rurales esta labor, aunque poco ha sobrevivido (el período 900-1100 ha sido llamado "el período del sermón del obispo"). La "regla" de Crodegango exigía la predicación una vez cada 15 días al menos; los sínodos carolingios ordenaron la predicación cada domingo y días festivos. El sermón generalmente se centraba en el evangelio del día, al que inmediatamente seguía; aunque también se basaba en la epístola. La extensión de los sermones para el pueblo era generalmente corta, siendo en los claustros más larga. Los primeros mostraban un apego al material legendario, los últimos al alegórico-místico. Lo anterior describe el estado de cosas durante un largo período, aunque la promoción eclesiástica del sermón es abundantemente evidente. El obispo Teodulfo de Orleáns, en su capitular de 797, afirma: "Os exhortamos (a los sacerdotes) a estar preparados para enseñar al pueblo, quienquiera que conozca la Escritura que la predique y cualquiera que no la conozca enseñe, al menos, lo que es conocido con seguridad, para que el pueblo pueda rechazar lo malo y hacer lo que es bueno, buscar la paz y seguirla." En una capitular de 801 el mismo prelado ordenó que: "Los sacerdotes han de predicar, cada uno según su capacidad, al pueblo en el día del Señor." En la misma línea se puede citar la Capitulare episcoporum de 801, el sínodo de Tours (canon 17; 813), el concilio de Reims (canon 15; 813), la capitular de Carlomagno del año 789 (capítulo 82 que trata con "la predicación de obispos y presbíteros"). Esta última va más allá y prescribe los temas que han de ser tratados en el sermón, cubriendo los grandes tópicos de consideración teológica y virtudes cristianas.

    Púlpito, Nikolaikirche, Leipzig
    Púlpito, Nikolaikirche, Leipzig
    Predicadores individuales.
    De lo que ya ha sido dicho se puede deducir que lo que ha llegado no es el auténtico sermón tal como era pronunciado, sino en parte las notas preparatorias o relatos posteriores escritos y en parte colecciones de modelos de sermones. El más notorio es el Homiliarium de Pablo Diácono. Esas colecciones hicieron mucho uso de la literatura patrística homilética, teniendo pocas marcas de individualidad. Rabán Mauro usó a Cesáreo de Arlés, aunque imprimió a su colección una característica distintiva moralizante. La personalidad de Haimo de Halberstadt es también reconocible en su colección; las homilías son más largas y tratan con cuestiones geográficas, históricas y exegéticas, estrechamente ligadas con el texto. Hay una serie de sermones latinos que, aunque atribuidos a hombres desconocidos, no son genuinos con seguridad. De esa manera las trece instrucciones que parecen haber sido pronunciadas ante monjes, llevan el nombre de Columbano; un sermón latino atribuido a Gallo, discípulo de Columbano, lleva una fecha posterior. Si las homilías atribuidas a Eligio son genuinas, muestran a un hombre que se ocupó de los asuntos principales. Los sermones atribuidos a Bonifacio no son genuinos. Lo mismo que las colecciones de sermones del siglo XII. Una ayuda homilética conocida como Speculum ecclesiæ, que fue atribuida a Honorio de Autun, pero que probablemente era del ermitaño Honorio y es de origen latino, es prácticamente idéntica con Deflorationes de la que el abad Werner fue el reputado autor. Es de gran importancia para la historia de la predicación en Alemania. Otro libro de esa clase es el denominado Physiologus, que retrocede a la predicación griega y contiene leyendas de animales en conexión alegórica con las verdades cristianas. Aparece en varias formas, tanto en latín como en alemán. De origen latino son los sermones del abad Godofredo de Admont; compuestos para la instrucción en el monasterio, son exegéticos en carácter. Las 29 homilías del monje Boto son instructivas, mientras que los cinco sermones de Berengoz están compuestos para monjes y tienen como base un pasaje bíblico. Los 13 sermones de Eckbert de Schönau son controversiales e iban dirigidos contra los cátaros.

    Púlpito francés y alemán.
    Los restos más antiguos de sermones en alemán están en manuscritos en Munich y Viena fechados desde el siglo XI. Esos sermones son el resultado del trabajo sobre las alocuciones de Agustín y Gregorio. Desde el siglo XII ha llegado un mayor número de colecciones de sermones. La más importante es la que contiene los sermones del sacerdote Conrado. La ausencia de nombre en la mayoría de esas colecciones llevaría a deducir correctamente que demuestran poca originalidad y esta dependencia de obras más antiguas continuó, pues las colecciones alemanas posteriores usan las que les precedieron. En método esos sermones alemanes no se diferencian de los latinos. El pasaje bíblico es brevemente explicado al principio, luego el pasaje sigue en el orden de sus versículos, mientras que se emplea la alegoría y se descubren toda clase de significados. La introducción, discusión y exordio son breves. El libro de sermones de Conrado proporciona suficientes para un año completo. Para los domingos la epístola es primero brevemente discutida y luego el evangelio, de alguna manera más extensamente. Para las festividades se proporcionan varias selecciones y una serie de sermones sobre los santos completan el conjunto. Los predicadores entre los obispos de este período que merecen atención son Salomón de Constanza († 930), quien a veces predicó al pueblo; el arzobispo Bruno de Colonia; Conrado de Constanza († 976); Wolfgang de Regensburgo († 994); el arzobispo Heriberto de Colonia (998-1011), cuya predicación es descrita por Ruperto de Deutz; el arzobispo Anno de Colonia; el arzobispo Bardo de Maguncia († 1051), que fue el Crisóstomo de su tiempo; Gotthard de Hildesheim y el predicador ermitaño Günther. El sermón alemán del periodo anterior a 1200 muestra un carácter popular y práctico. La predicación en Francia de este período va paralela con la de Alemania. Los homiliarios existían también en Alemania y desde el siglo XII hay ricos restos en forma de manuscrito. Mauricio de Sully, arzobispo de París († 1196), fue grandemente celebrado como predicador.

    Siglos doce al quince.

    Influencias determinantes en la mejora.

    Antonio de Padua predicando, por Arnold de Vuez
    Antonio de Padua predicando, por Arnold de Vuez
    Un cambio completo aconteció en el espíritu del sermón en el período desde el siglo XII al XV. El desarrollo de la teología en Francia, la influencia del escolasticismo y el misticismo, de las cruzadas y de los frailes mendicantes, los movimientos reformistas y el desarrollo de una cultura más elevada dieron un nuevo impulso a la predicación y en parte un nuevo contenido, afectando incluso a la forma, en favor de un producto más artístico y acabado. En el sermón de los siglos XI y XII hubo signos de mejora. Fulberto de Chartres muestra los comienzos de la predicación escolástica en un estilo entendido, dogmático-polémico, alegórico, dialéctico y demostrativo. Los sermones de Pedro Damián muestran una tendencia extravagante hacia el culto a la Virgen, como los del obispo Amadeo de Lausana († 1158); no se ha de olvidar a Anselmo. Otros predicadores notorios fueron Gottfried de Vendome, Hildeberto de Tours y Abelardo. Los comienzos de la predicación popular aparecen en los predecesores de los monjes mendicantes y un nuevo y cautivante espíritu marca la época de las cruzadas, al mezclarse lo sublime y lo rastrero, exhortando a liberar Tierra Santa. El monje Radulfo predicó la cruzada y también el odio hacia los judíos; Norberto de Xante, obispo de Magdeburgo, fue un segundo Juan el Bautista con su predicación del arrepentimiento, mientras que en Francia estuvieron Roberto de Arbrissel y Fulco de Neully. La predicación de los místicos hizo profunda impresión en el pueblo, especialmente la de Hugo de San Víctor, Bernardo de Clairvaux, los más grandes predicadores de su tiempo, e Hildegarda de Bingen. La predicación latina y alemana de los escolásticos refleja las características de sus discusiones filosóficas, distinciones, cuestiones, argumentos y semejantes. El estilo varía, pero comienza a dominar una unidad definida, ya sea en el sermón textual o temático. Nombres notorios son los de Cesáreo de Heisterbach y Antonio de Padua. Alberto Magno fue conocido por su serie de sermones sobre un solo texto (Proverbios 9:5), el primero de la clase, mientras que los sermones de su alumno Tomás de Aquino muestran un seco formalismo y un arreglo dialéctico, al igual que los de Hugo de San Cher y Pedro de Palude, patriarca de Jerusalén. Sermones alemanes escolásticos en carácter fueron los de Nicolás de Landau (c. 1340) y Enrique de Frimar († c. 1340), de cuya obra poco salvo el esqueleto aparece. Jordan de Quedlinburg (mediados del siglo XIV) predicó contra las sectas y contra el misticismo. Enrique de Langenstein, en sus Sermones de tempore per annum, maneja las perícopas del evangelio en forma escolástica. A este periodo pertenecen los sermones erróneamente atribuidos a Alberto Magno, que, aunque evangélicos y prácticos en carácter, son todavía de tipo escolástico.

    Fraile predicando
    Fraile predicando desde un púlpito movible
    Royal MS., 14 E.3
    Características del sermón.
    La predicación popular de los frailes mendicantes en el siglo XIII fue una reacción contra el rígido dogmatismo del escolasticismo. A los miembros de las órdenes se les permitió predicar sin permiso especial de los obispos y los resultados fueron importantes, al ir dirigidos a las masas en un estilo fresco, natural, concreto y a veces dramático. Aunque a veces bordeaban los límites de lo grotesco, sin embargo había presente una comprensión profunda y amplia de la esencia del evangelio y los sermones eran éticos en contenido, exhortando al arrepentimiento. Nombres distinguidos son el dominico Juan de Vicenza, el notorio predicador de las cruzadas y perseguidor de herejes Conrado de Marburgo, el agustino Eberhard (c. 1285) y especialmente el franciscano Bertoldo de Regensburgo. En una tensión discordante con este último estuvo el anónimo "predicador Schwarzwald", autor de una serie de sermones predicados a laicos y luego recogidos en un volumen homilético. Sus sermones para el domingo proporcionan una introducción latina, un exordio alemán que cubre todo el evangelio para cada día, se discute el tema en una manera popular, ingenua y a veces sorprendente, con aplicación incisiva y sugerencia de lo dramático en el contenido. Durante los siglos diez y once había habido poco interés oficial eclesiástico sobre la predicación. Pero un sínodo de Tréveris (1227) ordenó al clero instruir al pueblo en la fe y la moral, prohibiendo a los ignorantes predicar e imponiéndolo como deber de los frailes predicadores. Desde el siglo XIV en adelante los obispos mandaron este deber al clero parroquial. El material homilético se basaba en las "Leyendas de santos" de Jacobo de Vorágine. Otras fuentes homiléticas son la Gesta Romanorum, el Apiarus de Tomás de Brabante, la Summa prædicatorum de Bromyard de Oxford, la Biblia pauperum, el Repertorium aureum de Antonio Rampigollis y los Sermones amici. Hacia el fin de este período las alocuciones cortas sin exordio se hicieron comunes. Una variedad especial de sermones fueron las Collationes, usadas en conventos y otros lugares de vida comunal, algunas veces en forma libre y basadas en el evangelio del día. De valor histórico son los "Plenarios" alemanes, colecciones de sermones domésticos, cortos, basados en el evangelio o epístola del día, con resumen de partes de la misa. Se puede hacer mención de los sermones de la Alsacia alemana, que comparten las cualidades del predicador Schwarzwald; pertenecen a finales del siglo XIII. Son pintorescos e instructivos, simples, sinceros y edificantes.

    Predicación de los místicos.
    Ya que la teología de los místicos procura obtener la certeza subjetiva en asuntos religiosos mediante la experiencia personal, su predicación apela a la perfección interior. Este principio controlaba tan completamente que los sucesos de la historia bíblica se usaron alegóricamente y se aplicaron con el propósito de edificar. Un efecto fue el énfasis en Cristo y el giro de la predicación escolástica a una apelación más profunda, cálida, edificante y escrutadora. Los sermones del cardenal Buenaventura muestran una mezcla de escolasticismo y misticismo. El misticismo controlaba los sermones de Eckhart. Ya que el erudito alemán O. Behaghel (Beiträge zur Geschichte der deutschen Sprache and Literatur, xxxiv. 530 y sgg.) suscitó la duda de si existe un considerable número de discursos de Eckhart, la decisión respecto a su posición como predicador ha de tomarse con cautela. Tauler, el predicador más edificante de la Edad Media, sobrepasó a Eckhart como predicador, aunque no como pensador, combinando lucidez con fuerza religiosa. Enrique de Suso destacó como exponente del misticismo emotivo. Otros nombres notorios entre los místicos son Eckhart el Joven, Enrique de Nördlingen, Herrmann de Fritzlar, Henry Ruysbroek, el canonista Geert Groote y Johann Charlier Gerson.

    Wyclif predicando al aire libre
    Wyclif predicando al aire libre
    Reformadores antes de la Reforma.
    Constituyendo una clase por sí mismos fueron los "reformadores antes de la Reforma." La influencia de John Wyclif no se limitó a Inglaterra, ya que a través de Jan Hus sus actividades influenciaron en el continente. Wyclif predicó tanto en latín como en inglés, pero el estilo en cada caso es diferente. Los sermones latinos los pronunció ante jóvenes teólogos; la Escritura es la base invariable y el carácter es expositivo, pero en un sentido totalmente católico-escolástico y no sin el uso de la alegoría. El siguiente pasaje, entresacado de un sermón sobre las dos capturas de Pedro (Lucas 5), ilustra su estilo e ideas sobre la predicación:
    Las dos capturas que Pedro pescó, representan dos modos de llevar a los hombres a la religión de Cristo, arrancándolos al enemigo a Dios. En la primera pesca la red se rompió, como señal de que muchos hombres fueron convertidos y luego se apartaron de la religión de Cristo; pero, en la segunda pesca, después de la resurrección, cuando la red estuvo llena de muchos peces grandes, la red no se rompió, como dice el evangelio; porque eso representa a los santos que Dios escoge para el cielo. Así, estas redes con que pescan los pescadores, representan la ley de Dios, en que las virtudes y las verdades han sido tejidas; y otras cualidades de las redes hablan de propiedades de la ley de Dios, y los espacios vacíos entre los nudos, representan la vida natural, que tienen los hombres, además de las virtudes. Y cuatro virtudes cardinales están figuradas en el tejido de la red. La red es ancha en su comienzo y se estrecha hasta el final, para enseñar que los hombres, cuando primero se los busca, viven una ancha vida mundana; pero después, cuando se han sumergido en la ley de Dios, guardan su vida por la senda más estrecha, que los aparta del pecado. Estos pescadores divinos deben lavar sus redes en este río, porque los predicadores cristianos deben decir con claridad la ley de Dios, y no inmiscuirse con la ley del hombre, que es agua turbia. Porque la ley del hombre contiene piedras afiladas y árboles, en los que la red de Dios se rompe, y por donde vuelven los pescados al mundo. Y esto representa Genesaret, es decir, un nacimiento maravilloso, porque el nacimiento por el cual el hombre es nacido de agua y del Espíritu Santo, es mucho más maravilloso que el tipo de nacimiento humano natural. Algunas redes se han roto, otras tienen agujeros, y otras están sucias por falta de lavado; y así en tres maneras puede fallar la palabra de la predicación. El material de esta red y su rotura, proporciona a los hombres gran material para hablar la palabra de Dios, porque las virtudes y vicios y las verdades del evangelio contienen material suficiente para predicar al pueblo."
    Savonarola predicando
    Conrad de Waldhausen († 1369) predicó en Praga contra los pecados del período y también contra los frailes mendicantes. Su propia predicación era correctamente eclesiástica. Sus sermones en alemán han desaparecido y sólo existe una colección de sermones latinos, la Postilla studentium, homilía sobre las perícopas de los evangelios, de carácter alegórico y escolástico. Igual que Conrado, dedicado a la reforma ética, fue Militsch de Kremsier; su discípulo Matías de Janow († 1394) dejó una colección de homilías. Jan Hus es en un sentido no indigno dependiente de Wyclif. Fue notorio por sus actividades como predicador ante sínodos, así como por sus sermones populares en los campos y bosques, en los grandes centros de población y en las pequeñas aldeas. Sus sermones sinodales en latín existen, predicados ante el clero. Lo que es impactante es el valor con el que atacó los vicios del clero. Sus sermones al pueblo a veces contienen citas patrísticas y la exégesis bíblica no está libre de arbitrariedad. Junto a Hus está su amigo Jerónimo de Praga. En esta clase hay que situar a Savonarola, cuya obra fue hecha principalmente por la predicación, al principio fuera y luego en Florencia. Él mismo publicó solo sus sermones sobre el salmo 73; pero existen otros en italiano en los informes de sus amigos, como los de 1ª Juan en latín. Esos sermones difieren tanto en ocasión como en método. Los de 1ª Juan son exegéticos con aplicación práctica, mientras que otros tienen poca relación con el texto y son más exactamente prácticos. Formalmente sus sermones están basados en la Biblia, pero realmente son la base de la expresión de su poderoso pensamiento. Fue un gran predicador del arrepentimiento, azote de los vicios de su tiempo, especialmente de los sacerdotes, poseído de calidez de sentimiento, aguda percepción, dominio del lenguaje, gestos dramáticos y voz melodiosa. Un ejemplo caracterísitco de su predicación podría ser el siguiente:
    "¡Escucha, oh pueblo, por quien mi corazón gime, como el de la madre por los hijos que ha dado a luz! Dios es testigo de que por amor a vosotros gustosamente viviría como tórtola en la espesura del bosque, cantando amor a mi Amado, que es mío y cuyo soy. Por vosotros me afano; por vosotros languidezco; por vosotros paso las noches velando y mi alma se derrite de tanta opresión. Oh, Señor, tú sabes que estoy dispuesto, - estoy listo. Tómame, estréchame sobre tu cruz: deja que los impíos que se deleitan en sangre, y roban a los pobres y denigran el templo de su cuerpo, y se endurecen contra tu misericordia, - deja que sacudan la cabeza y se mofen de mí; deja que las espinas aprieten mi frente, y deja que mi sudor sea angustia, - quiero ser hecho como tú, en tu gran amor. ¡Pero permíteme ver el fruto de mi agonía, - permite que esta gente se salve! Permíteme verlos revestidos de pureza; déjame oir sus voces alzándose en armonía con las voces de los ángeles; no permitas que vean sabiduría, sino en tu amor eterno, ni hermosura sino en tu santidad. Entonces señalarán el camino a las naciones, y las gentes de los cuatro cabos los seguirán, y serán reunidos en el redil de los bienaventurados. Porque es tu voluntad, oh Dios, que la tierra se convierta a tu ley; es tu voluntad que termine la maldad y reine el amor. Ven, oh promesa bendita; y he aquí yo estoy dispuesto, - ponme sobre tu altar; deja que mi sangre corra y el fuego me consuma; pero permite que mi testimonio sea recordado entre los hombres; que la iniquidad no prospere para siempre'.
    Término de la Edad Media.

    Vicente Ferrer predicando a los judíos.
    Museo de Bellas Artes de Valencia
    Frecuencia y valor del sermón.
    No es fácil pronunciarse sobre la predicación al final de la Edad Media. Su práctica a veces fue ordenada y parece haber sido frecuente en las ciudades, pero en las aldeas estuvo casi ausente. En 1511 en la diócesis de Maguncia muchos sacerdotes fueron examinados y descalificados completamente para la predicación, mientras que hacia finales del siglo XV en el sur de Alemania costaba una considerable suma conseguir un predicador para ciertas festividades. En Breslau el obispo limitó la predicación en domingo a un solo sermón, durante el resto del año sólo en viernes salvo en épocas de ayuno y Adviento, cuando había también predicación en miércoles. En algunas partes el clero secular tenía sólo una pequeña parte en la función de la predicación; en Halle había predicadores agustinos, dominicos y franciscanos, pero sólo se cita un predicador secular; en Nuremberg los predicadores eran todos monjes. Sin embargo, la práctica general era tener la predicación en domingos y fiestas y en muchas otras ocasiones, tales como el día de año nuevo. En los claustros los sermones de fuera eran leídos en el tiempo de las comidas; en las iglesias tales sermones fueron prácticamente eliminados; hay un grado variado de independencia que se muestra en casos diferentes. El valor general de esos sermones era pequeño. Una clase especial de alocuciones fueron los sermones de indulgencias. Los predicadores no ahorraban esfuerzos para hacerlos atractivos y eficaces. Los atacantes de las indulgencias fueron descritos como emisarios de Satanás y la indulgencia era promovida en referencia a los sufrimientos de Jesucristo, en alabanza de María, apelando a los sentimientos de simpatía de los oyentes. La estructura del sermón estaba todavía bajo la influencia del escolasticismo; el orden usual era una fórmula de saludo, el texto del tema, el exordio y las divisiones, la oración del Señor o el Ave María, la discusión, una corta conclusión y el amén o dixi ("he dicho") o ambos. El período en conjunto es de declive en poder homilético. Esta opinión ha sido disputada por Pfleger (Zur Geschichte des Predigtwesens in Strassburg vor Geiler von Kaysersberg, Estrasburgo, 1907), quien tiene en mente la ortodoxia y sinceridad religiosa de una serie de predicadores menos prominentes de Estrasburgo en la primera mitad del siglo XV. Pero su propia obra no proporciona fechas para la segunda mitad de ese siglo y no exige una retirada de la declaración.

    Predicadores individuales.
    Los predicadores de este período que pertenecen a los Hermanos de la Vida Común fueron Johann Veghe y Thomas à Kempis (q.v.). Notables fueron también los sermones de festividades (Quadragesimale) del franciscano Johann Gritsch de Basilea, pronunciados en alemán y luego traducidos al latín con discusiones escolásticas eruditas y muchas citas de los clásicos, fábulas, anécdotas y aplicaciones morales; los Sermones aurei del dominico Johann Nider; los sermones de Johann Herolt, popular a causa de su sentido práctico y concreción; los Dormi secure de Johann von Werden (c. 1450); los Hortulus reginæ del estimado Meffreth de Meissen, todos ellos editados muchas veces. Los sermones de Jakob Jüterbock († 1465) muestran el desvanecimiento de la esperanza de una reforma general de la Iglesia. Los sermones de Nicolás de Cusa son humanistas, lógicos, retóricos y racionales; Gabriel Biel fue diligente y agudo, pero tenía un estilo detallado y aburrido. Un tipo del predicador de indulgencias es Johann Jenser von Paltz, cuyo Himmliche Fundgrube incluye una serie de sermones publicados en respuesta a los deseos de varios príncipes. También publicó una colección latina, Coelifodina, y en 1502 un Supplementum Coelifodinæ como modelo para sermones de indulgencias. El franciscano húngaro Pelbart de Temesvar (c. 1500) muestra cómo diseccionar un texto en sus partes más minúsculas en sus Sermones pomarii de tempore et sanctis. Ulrich Krafft de Ulm († 1516) fue instructivo, sincero, exhaustivo y popular; Johann Meder de Basilea (1494) usó extensamente el diálogo; Johann Trithemius fue simple, práctico y bíblico en sus Sermones et exhortationes ad monachos; Johannes Hegelin de Lapide fue un sincero buscador de la reforma de la Iglesia; Silvestre Prierias mostró un escolasticismo prolongado en su Rosa aurea (1503).

    Bernardino de Siena predicando, por Domenico Beccafumi, c. 1551
    Bernardino de Siena predicando,
    por Domenico Beccafumi, c. 1551
    Predicadores daneses fueron Martin Petri († 1515) y Christiern Pedersen; España tuvo a Vicente Ferrer, el franciscano Bernardino de Siena con sus Sermones de evangelio æterno y Juan de Capistrano; en Italia, Leonardo de Utino († 1400), Bernardino de Busti († después de 1500) y Roberto Caracciolo, que fue celebrado como un segundo Pablo. En Alemania el declive de la predicación se mostró en el agustino Gottschalk Hollen en Osnabrück († después de 1481). En Francia el minorita Olivier Maillard mostró su decadencia en el estilo al incluir características profanas y burlescas, mientras que su colega Michel Menot presenta lo cómico y sarcástico. Los sermones del período contienen mucho que es extraño a la edificación cristiana e indican una demanda de la renovación de la vida cristiana.

    El púlpito continental en tiempos modernos.

    El período de la Reforma.

    Los factores controladores.
    La época de la Reforma marca una nueva etapa en la historia de la predicación. Las verdades centrales de la salvación se extrajeron de nuevo de la Escritura, el sermón engendró una nueva Iglesia con un servicio cuyo foco central era el sermón, que fue de nuevo el medio de una nueva actividad en la oratoria del púlpito. Sin embargo, este nuevo desarrollo quedó limitado casi enteramente a la Iglesia protestante. En este período varias corrientes de vida eclesiástica hicieron su contribución al río de los sermones. La época de la Reforma marca el primer periodo en esta nueva etapa, desarrollándose el sermón en la Iglesia luterana y luego la reformada; el período de Spener y la llegada del pietismo suponen una nueva época. Un segundo período de sermón se aprecia en el período de la ortodoxia protestante, dominado especialmente en Alemania por el dogmatismo polémico y confesional. Hay que considerar la predicación católica del período desde principios del siglo XVII hasta mediados del XVIII, especialmente el brillante producto francés. El pietismo, la ortodoxia y el sobrenaturalismo lucharon contra el racionalismo sobre esta base durante el siglo XVIII y parte del XIX. El siglo XIX constituye en sí mismo un período notorio. El nuevo principio del púlpito surge en la profunda sed del alma por una certeza en la experiencia de la gracia y la justicia. Hubo una demanda general para la mejora de las condiciones eclesiásticas, pero los líderes de personalidad influyente tenían que ser llevados a un cambio, hombres que extrajeran la iluminación de las Escrituras y de su propia experiencia de salvación. Cuando éstos se pusieron al frente, la Reforma debió su éxito principalmente a la predicación. La nota clave era la Biblia, mediante la cual los reformadores satisficieron el deseo de sus propios corazones y su mensaje de salvación en Cristo. Los predicadores rompieron el método escolástico y regresaron a la homilía bíblica. La protesta contra Roma llevó a un desarrollo de las lenguas vernáculas en contra del latín eclesiástico, lo que desempeñó un gran papel en el desarrollo del sermón. De la obra de Lutero sobre la Biblia surge la lengua vernácula desde la posición de un dialecto a la de una gran lengua y se convierte de hecho en el habla de los protestantes. La nueva constitución y base del clero tiene también su efecto, combinado con el nuevo orden de servicio, que no fue más predominantemente litúrgico, sino que el sermón se hizo indispensable.

    Lutero predicando, cuadro en la iglesia de Wittenberg por Lucas Cranach el Viejo
    Lutero predicando, detalle, por Lucas Cranach el Viejo
    Lutero.
    Lutero probablemente predicó a los monjes en el período de Erfurt antes de 1508 y en 1509 había predicado en las iglesias monásticas de Wittenberg y Erfurt. Tras 1514 asumió también el deber de predicar en la iglesia parroquial de Wittenberg; hacia 1517 predicaba dos veces al día regularmente los domingos y días festivos; tras 1522 predicó a los monjes al principio y posteriormente en la iglesia parroquial y una vez que Bugenhagen fue hecho pastor de la ciudad en 1523, Lutero a veces tomó su lugar. Hay sermones latinos existentes que retroceden hasta 1515 o tal vez 1514; una serie de sermones en latín fechados desde 1514-17, predicados en la iglesia parroquial, todavía en estilo escolástico los anteriores y algunos de los posteriores, aunque los sermones públicos son prácticos. Su sermones de 1516-17 sobre los mandamientos están en sus "restos latinos"; los de la oración del Señor (1517) los trabajó y publicó en 1519. Un progreso sostenido hacia lo práctico es discernible a medida que pasa el tiempo. Tras 1516 se aprecia la influencia del misticismo, que significó tanto para él, y la gracia y la fe ya son importantes para él. En 1521 apareció bajo dirección del elector la primera parte de una colección y el mismo año escribió en Wartburgo una serie en alemán sobre las perícopas, y con ellas la primera parte ya mencionada, (1522), constituyendo el primer comienzo de las colecciones alemanas, elaboradas para el uso de predicadores incapacitados o sin experiencia. Su forma es simple y el objetivo es sacar la verdad de la Palabra. Desde 1522 hasta 1523 aparecieron, ya sea publicados por sí mismo o por otros (Aurifaber, Andreas Poach y otros), varias colecciones sobre asuntos diferentes y predicados en diferentes ocasiones. Los sermones de 1528 sobre el catecismo formaron la base del Deutsche Katechismus que apareció en abril de 1529, sirviendo como modelo de la predicación catequista. Sus sermones sobre el Sermón del Monte aparecieron en 1532. De sus sermones domésticos en el seno de su familia se compuso la denominada Hauspostille, donde se aparta de la polémica y la exposición práctica simple es la que controla. La edición de Weimar de sus obras reproduce muchos otros sermones, aparte de los ya mencionados.

    Lutero predicando, por Gustav Konig
    Lutero predicando, por Gustav Konig
    Sus sermones caracterizados.
    Seguramente si la predicación de cualquier reformador merece el título de heroica, la de Lutero lo es, siendo la obra de un hombre que era un orador nato. Al igual que en la vida ordinaria así en el púlpito estaba inmutablemente convencido de la verdad y justicia de su causa, mientras que sus talentos, moldeados en el fuego de la Palabra de Dios, le permitían ser un pionero abriendo caminos en su predicación. Tenía una fe firme en el evangelio que libera, seguridad de su propia certeza de salvación y el gozo de testificar de ello, aptitud para llegar al corazón popular y ojo atento para los hechos de la vida, dominio de la dialéctica y medios oratorios y una unión de vida y doctrina que desplegaba una fuerza no igualada desde tiempos apostólicos. Trató poco con la historia y mucho con la doctrina. En su exposición se liberó gradualmente del uso de la alegoría, escogiendo el sentido literal. A la vez dio un giro ético a su predicación, teniendo en mente no al erudito sino al pueblo común. La forma de sus sermones es simple y contiene siempre un pensamiento fundamental y gobernante. Durante décadas su espíritu dominó el púlpito alemán, proporcionando su predicación el modelo para muchos otros. Sus sermones publicados sirvieron también para edificación privada de muchos a los que no llegaba desde el púlpito. No menos valiosos fueron los sermones catequéticos, mientras que los sermones a los niños cubrieron especialmente una necesidad de los tiempos.

    De un sermón suyo sobre Gálatas 4:1-7 procede el siguiente pasaje:

    Lutero predicando a Cristo crucificado como instrumento de salvación
    Lutero predicando a Cristo crucificado como instrumento de salvación
    "Puede ser que digas: ¿qué es necesario que haga? ¿Por qué medios puedo llegar a ser justo y aceptable a Dios? ¿Cómo podré alcanzar esa justificación perfecta? El evangelio responde enseñando que es necesario que escuches a Cristo, que descanses en él enteramente, que te niegues a ti mismo y desconfíes de tus propias fuerzas; obrando así serás transformado de Caín en Abel, y siendo tú mismo aceptable ofrecerás al Señor dones aceptables. La fe es la que te justifica. Por medio de la fe, el Señor remite todos tus pecados por la mediación de Cristo, su Hijo, en quien esta fe cree y confía. Además, al que tiene esta fe él le da su Espíritu que cambia al hombre y lo transforma, renovando su razón y su voluntad. El tal no hace sino buenas obras. Por lo cual, para ser justificado no hace falta otra cosa que escuchar a Cristo Jesús, nuestro Salvador y creer en él. No obstante éstas no son obras de nuestra naturaleza, sino de la gracia. Por consiguiente, el que procura conseguir estas cosas por las obras, cierra la puerta al evangelio, a la fe, a la gracia, a Cristo, a Dios y a todas aquellas cosas que coadyuvan a la salvación. Otra vez repito: la justificación es lo único que se necesita para hacer buenas obras; y el que la alcanza es el que hace buenas obras, y ningún otro."
    No obstante, el método de Lutero no se convirtió en el único en uso. Una senda media se abrió entre la homilía de Lutero y el sermón temático. Los predicadores seleccionaban en su discusión de las perícopas un pensamiento simple y discutían el contexto seriatim, mientras que la estructura ordenada era rara. La Escritura como tal fue central en el púlpito protestante.

    Justo Jonás
    Otros reformadores luteranos.
    Tras Lutero otros predicadores que han de ser nombrados son Melanchthon, Justo Jonás y Bugenhagen, cuyos Indices in evangelicas dominicas fueron un libro de texto para predicadores inexpertos; sus sermones catequéticos de 1525 y 1535 se publicaron primero en Leipzig en 1909, siendo editados, con introducción por G. Buchwald; además debe mencionarse a Veit Dietrich, tranquilo, sencillo, claro, cálido y no polémico; Urbanus Rhegius, cuyos sermones eran largos, cuidadosamente compuestos, claros en dogmática y poderosos. También hay que mencionar a Wenceslao Linck; igualmente a Kaspar Aquila, un poderoso oponente del papa; Johann Spangenberg († 1550) tenía un espíritu infantil, pero lleno de madura experiencia evangélica. Johann Brenz fue uno de los que predicaron libros enteros, entregando también muchos sermones cortos con tema y subdivisiones; Erhard Schnepf († 1558) fue célebre por su elocuencia; Anton Corvinus predicaba brevemente sobre el evangelio y la epístola del día; Michael Cölius († 1559) destacaba por su ordenamiento claro; Andreas Osiander era doctrinal, cálido, edificante y no excesivamente polémico; Sebastian Fröschel dejó algunos sermones catequéticos; Nikolaus Amsdorf dejó algunas alocuciones excesivamente polémicas aunque admiradas; Georg Major en sus largos, pero bien articulado sermones, no mostraba amargura polémica, sino una marcada claridad y mansedumbre. Johann Mathesius fue insólitamente fructífero en su obra en el púlpito y Erasmus Sarcerius († 1559) publicó varias colecciones que fueron notorias por su valor catequético así como por su exposición de la doctrina luterana. Joachim Mörlin dejó sermones sobre los Salmos y otra colección; estuvo marcado de alguna manera por su capacidad polémica. Perteneciente al púlpito luterano fue Hans Tausen († 1561 como obispo de Ripen), que dejó una notable colección que, aunque menos polémica que los sermones de Lutero, se centra en la controversia sobre la Cena y Peter Palladius, obispo de Zelanda († 1560), un célebre predicador en la lengua de su país. De Suecia hay que recordar a Olaf y Lars Petri, cuyo estilo fue el de la homilía simple, M. Elof y A. A. Angermanus, quien fue campeón de los protestantes contra el movimiento católico bajo Juan III. Hungría produjo al destacado Mátyás Biró Dévay y Austria a Primož Trubar y al posterior Hans Steinberger (c. 1580).

    Uldreich Zwinglio
    Zwinglio y los primeros predicadores reformados.
    Como predicadores ni Zwinglio ni Calvino fueron tan importantes para la Iglesia reformada como lo fue Lutero para la luterana. Zwinglio comenzó ya en 1516 en Einsiedeln a explicar la misa bíblicamente. Sus celebrados sermones contra la mariolatría y semejantes datan de 1523. En Zurich predicó desde 1519 una serie de sermones sobre el Nuevo Testamento y expuso los Salmos para los campesinos. Trató la enseñanza evangélica sobre Cristo y su salvación, los intentos de una mejora de las condiciones éticas, la puesta en evidencia de las causas de la desmoralización nacional, el deber de proteger la confederación y las necesidades sociales de los tiempos. Su predicación estuvo marcada por una gran claridad, tomando seriamente su oficio como predicador. Aunque le faltaba la profundidad mística, creación imaginativa, genialidad en la discusión y el control del lenguaje mostrado por Lutero, estaba dotado con un poder para testificar sobre la verdad y de exposición popular con unidad de pensamiento no inferior en ninguna manera al líder alemán. Se liberó del uso tradicional de las perícopas como base de su predicación y los predicadores de Suiza y de la alta Alemania le siguieron. Hay una diferencia fundamental entre la predicación de las iglesias reformada y luterana; la primera acometió la exposición de libros enteros de la Biblia y se hacía menos distinción entre el Antiguo y el Nuevo Testamento; en la Iglesia luterana el uso de perícopas era predominante y sólo secundariamente se exponían libros enteros. La luterana fue una Iglesia más conservadora en la observancia de festividades eclesiásticas a lo largo del año. Pertenecientes a esa escuela son Kaspar Megander, Heinrich Bullinger, Louis Lavater de Zurich († 1586), que manejaba bien el Antiguo Testamento, Rudolf Gualther († 1586), pastor en Zurich, que también predicó sobre el Antiguo Testamento y Johann Wolf († 1571), pastor y profesor en Zurich. Ecolampadio y Calvino tomaron el hábito de predicar sobre libros enteros de la Escritura. Calvino predicó sobre 1 Samuel, Job, los doce profetas menores y en capítulos sueltos, mientras que más de 2.000 sermones, muchos sin imprimir, muestran su extrema diligencia. Apeló más a los cultivados que a las masas. Su método era exegético, topológico (no alegórico), doctrinal, de alguna manera largo y sin referencia al año eclesiástico. La actividad reformadora de Guillaume Farel recibió mucha ayuda de su predicación, aunque ninguno de sus sermones nos ha llegado. Theodore Beza no es notorio particularmente por su oratoria en el púlpito, pero sus sermones fueron eficaces durante su vida pública en Ginebra. Habría que mencionar a Berthold Haller, Martin Bucero y Wolfgang Capito. De importancia como predicador es Ambrosius Blaurer, cuyos primeros sermones eran ricamente alegóricos, mientras que los de un periodo posterior tomaron ilustraciones de la vida práctica; son, sin embargo, simples, sinceros y profundamente religiosos. Su contemporáneo, Johann Zwick, fue un agudo pero cálido predicador. De los sermones de Johannes a Lasco no han quedado ejemplos. En los Países Bajos trabajó Petrus Dathenus; Herman Modet de Oudenard, quien después de 1566 habló a muchos miles en los campos cerca de Gante y Huib Duifhuis de Utrecht († 1575). En Francia estuvo el minorita François Lambert, cuyos sermones sobre el arrepentimiento tenían fundamento bíblico y Augustin Marlorat du Pasquier, un predicador exegético. De Italia es suficiente citar los nombres de Ochino, Paleario, Vergerio y Vermigli.

    Predicador católico exhortando en Semana Santa
    Predicador católico exhortando en Semana Santa
    El púlpito católico.
    La predicación de la Iglesia católica del siglo XVI estuvo gobernada por el espíritu de polémica contra la Reforma, por lo que la denuncia contra la herejía era su motivo prevaleciente. Sin embargo, la actividad homilética del protestantismo empujó a la Iglesia católica a una actividad renovada, como se aprecia por el pronunciamiento del concilio de Trento, sesión quinta, capítulo dos. Poco importantes fueron la exposición de los evangelios (1532) por Johann Eck y la Postilla Catholica de Martin Eisengrein (1576); más importantes fueron las colecciones alemanas, las homilías sobre festividades y sermones de arrepentimiento del dominico Johann Wild de Maguncia († 1554). Georg Wicel mantuvo una posición media entre ambos. Hay que nombrar también a Stanislaus Hosius, mientras que entre los grandes prelados en Trento está el obispo Musso de Vitonto. Carlo Borromeo fue un diligente predicador y trabajó para una mejor eficacia de la predicación de su clero a través de sus instrucciones pastorales y homiléticas. Una de las últimas estrellas del firmamento español fue fray Luis de Granada († 1588), vívido, ardiente y lleno de fuerza psicológica. En Francia el odio hacia la herejía halló expresión durante las guerras hugonotes. Ejemplos particulares de predicadores fueron el obispo Vigor de Narbonne, Edmund Angier, Jean Boucher, Aubry, Rose y otros. El surgimiento de nuevas órdenes en el catolicismo tuvo su efecto sobre la predicación. Entre las tales deben citarse los teatinos y los capuchinos, cuya obra iba dirigida a fines pastorales así como contra la Reforma. Pero más influyentes que ellos fueron los jesuitas, cuyo propósito era difundir el catolicismo por toda la tierra, principalmente mediante el sermón. Notorio es el nombre del cardenal Bellarmino.

    Púlpito protestante ortodoxo, 1580-1700.

    Johann Benedikt Carpzov el Viejo
    Johann Benedikt Carpzov el Viejo
    El nuevo escolasticismo.
    Fue de carácter confesional. En lugar del fresco y espiritual testimonio de la Reforma, un insípido dogmatismo, combinado con una ardorosa polémica engendrada por las controversias de los tiempos, caracterizó el sermón. Surgió un nuevo escolasticismo, que gradualmente afectó al sermón al avanzar el siglo XVII. El estilo analítico simple desapareció; en su lugar llegó el método que se desarrolló en una variedad de Loci, "encabezamientos", que luego eran desarrollados. La predicación se asoció más a Melanchthon que a Lutero. Tomó la forma de un desarrollo retórico formal y se perdió la libertad de movimiento que obtuvo en la Reforma. Se concedía la consideración textual, cuyo objetivo era que el sermón fuera una unidad; el método de desarrollo no fue siempre el de las normas retóricas: exordio, desarrollo, aplicación y conclusión, aunque algunos de tales arreglos, con cambios de lugar en las diferentes partes, gobernaron la maquinaria o marco, mientras que se elaboraba un bosquejo para el sermón totalmente en sus líneas escolásticas. Especialmente favorecida era la división quíntuple, por lo que el sermón fue contemplado como imperfecto si no trataba su asunto de esta manera. Las modificaciones del plan del sermón llegaron a tener nombres propios: el método de Leipzig, el método de Jena, el método de Helmstedt, etc., según el lugar donde los tipos especiales de tratamiento estuvieran de moda. Junto a este formalismo ejerció gran influencia sobre el sermón la restricción impuesta por el uso de las perícopas como base de la predicación. La manera cómo funcionaba se ilustra en el caso Carpzov el Viejo, quien en un ministerio de 50 años tuvo que predicar sobre el mismo texto 50 veces. Había una diferencia entre la predicación de la ciudad y del campo, aunque la mayoría de los ejemplos que tenemos proceden de la ciudad. A los pastores rurales se les encomendaba el deber de hacer simples exposiciones parafrásticas. La degeneración del sermón se muestra a finales del siglo XVII en la obra de hombres tales como Christian Weise de Zittau († 1708) y Christian Weidling († 1731), quienes desarrollaron el sermón "emblemático" y fueron seguidos por muchos predicadores que llevaron el estilo al extremo. De este modo un predicador en 1642 usó el Salmo 134:2 con el tema "La mano espiritual agradecida" y describió (1) el pequeño oído-dedo que mantiene nuestras orejas limpias; (2) el dedo dorado de la fe, (3) el dedo medio de las muchas virtudes; (4) el dedo índice de Juan el Bautista y (5) el pulgar de la confianza segura. Carpzov el Joven predicó durante un año sobre Cristo como obrero; basándose en Mateo 6:25 trató de Cristo como el mejor fabricante de tela, etc. Esta pasión por el sermón emblemático no era universal y una serie de prácticos y edificantes discursos se pronunciaron en ese período. Además de las perícopas, que eran usuales como textos en el siglo XVI y obligatorias en el XVII, se hizo uso del catecismo, que era aquí y allá un escrito confesional, de himnos y proverbios, como bases del sermón. La extensión del discurso aumentó de tres cuartos de hora hasta dos horas, siendo los sermones funerales todavía más largos, en proporción a la dignidad del fallecido. En la mayoría de las comunidades había tres sermones el domingo y sermones los días de fiesta y de ayuno.

    Jakob Andreä
    Estilo y contenido del sermón.
    Una característica general de este período fue el dogmatismo confesional. La "pura doctrina" fue un lema de los tiempos, siendo fomentada por discursos en forma escolástica árida, impregnada con saber teológico y disputas irritantes, mientras que no se proporcionaba el sustrato evangélico. Entre los nombres de este período están Tilemann Hesshusen, Andreas Pancratius († 1576; notable por su dialéctica y razonamiento), Jakob Andreä y Nikolaus Selnecker, un colega en el campo de la composición confesional. Polémicos en tipo son los sermones de Artomades en Königsberg y Johann Prätorius (que predicó sobre el Anticristo de las tres cabezas: el papa, los turcos y los calvinistas). Lukas Osiander fue uno de los más apasionados polemistas del periodo. Los dos predicadores llamados Johann Benedikt Carpzov fueron escolásticos en tipo; Philipp Nicolai fue reservado en la polémica y conocido mejor por sus himnos. Merecedores de mención son Hoe von Höenegg y Konrad Dannhauer, mientras que Hermann Samson de Riga, que no pudo superar un punto de controversia, no obstante construyó excelentes ilustraciones y comparaciones. Junto a este método escolástico árido existió una predicación práctica, edificante, con un colorido místico. Además de lo meramente intelectual, agudeza polémica y dogmática didáctica, había un estilo de discurso vívido, cálido y popular, cuyo propósito era cubrir las necesidades religiosas y éticas de la vida. Sin embargo, la ortodoxia mantuvo una posición tan firme que se escribieron sermones, por ejemplo, sobre los saludos, los encabezamientos y firmas de las cartas. Cuán minuciosos fueron los detalles se puede apreciar por el hecho de que G. Strigenitz († 1603) predicó en Meiseen 122 sermones sobre el libro de Jonás. Ejemplos de mejor estilo de predicadores son Johann Gigas en Freystadt († 1581), Johann Habermann, Hieronymus Mencel en Eisleben († 1690), Martin Mirus, predicador de la corte en Dresden († 1593), Ægidius Hunnius, Jacob Heerbrand y Martin Chemnitz, el elocuente Georg Mylius de Wittenberg y su colega Polykarp Leyser, enemigo de toda afectación, práctico y atrevido en la aplicación de la verdad. Celoso por la venida del reino de Cristo fue el diligente Stephan Prätorius de Salzwedel. Digna de mención es la obra práctica y bíblica de Lukas Osiander († 1604), cuyas labores eran iluminadas por toques de humor. Su Bauernpostille (1597 y sgg.) es bien conocida, en la que insiste que para el pobre campesino las citas y disputaciones debían omitirse, por lo que los sermones cortos eran más apropiados.

    Johann Heermann
    Johann Heermann
    Nombres individuales.
    Del triste período de la Guerra de los Treinta Años, su desolación de escuelas y universidades y la consecuente depreciación de la vida educativa, surgió Johann Arndt, con quien pueden ser citados los serios y prácticos predicadores de Danzig, Dilger († 1645), Blanck († 1637) y Rathmann († 1628); el serio y vigoroso Paul Egard de Nottorp en Holstein (c. 1620) predicó sin ostentación erudita. Comparable a Arndt en espiritualidad y profundidad de pensamiento fue Valerius Herberger, mientras que Johann Matthäus Meyfart se opuso al cristianismo escolástico y errante, siendo particularmente vívido en su predicación. Compañero de espíritu de Arndt fue Martin Geier de Leipzig († 1680). Raramente mencionado y digno de hacerlo es el práctico, entendido y bíblico Konrad Dieterich de Ulm († 1639), quien dejó varios volúmenes de sermones destacados por su saber, sólidas conclusiones, frescas ilustraciones y espíritu pacífico. Menos importante fue el profesor de Wittenberg, Balthazar Meisner. Johann Heermann predicó el esplendor del evangelio con vívido efecto y seriedad por la salvación de las almas, dejando varios volúmenes de discursos, de los cuales son especialmente dignos de mención sus Nuptialia (Nuremberg, 1657). Johann Gerhard no ha de ser pasado por alto. Entre los fieles pastores de sus rebaños hay que mencionar a Justus Gesenius, cuyos sermones sobre los evangelios y epístolas son exhaustivos; pero como predicador fue sobrepasado por Johann Valentin Andreä, quien promovió una más profunda comprensión de la Escritura. Un predicador lleno de agudeza y humor fue Johann Balthasar Schuppius, original, espiritual, fresco y satírico, pero serio. Libre de toda falsa retórica estuvo Joachim Lütkemann, cuyos sermones trataban de los evangelios y epístolas. También son dignos de mención Heinrich Müller y Christian Scriver. El gran exégeta del siglo XVII, Sebastian Schmidt († 1696) dejó más de 100 sermones sobre asuntos bíblicos y confesionales. Otros que demostraron algo del espíritu de Arndt fueron Johann Lassenius de Bernstadt y Copenhague († 1692), que dejó numerosos volúmenes de sermones que muestran su saber bíblico y pensamiento conciso; Lütkens de Colonia en el Spree († 1712), que ayudó a trasplantar el espíritu de Spener a Escandinavia; el práctico y bíblico Häberlin de Stuttgart († 1699) y el entendido Caspar Neumann, cuyos sermones eran exegéticos. Dilherr de Nuremberg, quien fue a la vez poeta y educador, dejó dos volúmenes de sermones; Arnold Mengering († en Halle 1646) un predicador del arrepentimiento; Joachim Schröder de Rostock († 1677) fue especialmente severo contra los vicios de su tiempo; Gottlob Cober († 1717) fue el autor de varios volúmenes ampliamente famosos y que tuvieron gran difusión. Excéntrico en tipo fue Jobst Sackmann († 1718), ingenuo, humorístico, aunque práctico en sus lineamientos y el predicador alemán meridional Spörrer de Rechenberg (c. 1720). Heterodoxo en estilo fue Valentin Weigel de Zschopau († 1588), que predicó un intelectualismo y un espiritualismo místico en oposición al dogmatismo escolástico del período. En Dinamarca Niels Hemmingsen fue notorio por el estilo acabado de su discurso, mientras que Jesper Rasmussen Brockmand, cuyo Sabbati sanctificatio pasó por 14 ediciones, era bíblico y exhaustivo; Dinesin Jersin († 1634) fue un heraldo del pietismo y uno de los predicadores más influyentes de Dinamarca. En Suecia el púlpito se quedó rezagado una generación tras Alemania. A partir de 1600 la fe cristiana era tratada como un conocimiento puro, aunque la ortodoxia no está tanto en el trasfondo como en Alemania. Prominentes y vigorosos en la exposición de las verdades cristianas fueron el obispo Rudbeck in Westeräs († 1646) y J. Botvidi, predicador de la corte de Gustavo Adolfo II. J. Matthiä († 1670) apelaba más a las emociones; J. E. Terser, obispo de Linköping († 1678), fue un representante del sincretismo. Johannes Gezelius el Viejo, el elocuente arzobispo Hagain Spegel (finales del siglo XVII) y Jesper Svedberg († 1735) estuvieron entre los más grandes predicadores de Suecia, uniendo la calidez y claridad de la fe con el brillo retórico y la construcción artística.

    Johannes Amos Comenius
    El púlpito reformado.
    En la Iglesia reformada el sermón presentó muchas de las mismas características que la luterana, trabajando junto a líneas emblemáticas y alegóricas, aunque la tendencia era hacia un estilo más simple, con menos adorno, tal vez debido a la influencia de Andreas Hyperius. Un buen representante de los predicadores reformados alemanes fue Abraham Scultetus, siendo otros Johann Möller, Felix Wyss de Zurich († 1666), Bernhard Meier de Bremen († 1681) y Samuel Eyen de Berna († 1700). Friedrich Adolf Lampe dirigió la reacción bíblica cocceiana contra la ortodoxia escolástica. Aquí ha de mencionarse también a Johannes Amos Comenius, el más importante predicador de los Hermanos Bohemios, cuyos discursos se caracterizaban por la exposición reposada, exégesis completa de la profecía y cumplimiento y cuidadoso ordenamiento y articulación. En la Iglesia reformada fuera de Alemania surgió una verdadera elocuencia, respondiendo más rápidamente a las condiciones nacionales. Este fue el caso especialmente en Francia, donde las condiciones políticas eran favorables. La polémica era especialmente anti-católica. La condición más adelantada de la lengua nacional facilitó las producciones de los oradores del púlpito según modelos clásicos. Un estímulo se encontró en la literatura francesa del período antes y durante Louis XIV y en la brillante oratoria de la Iglesia católica. Pierre Du Moulin, el más popular predicador protestante de Francia, mostró menos oratoria y más simplicidad de ilustración, pensamiento y dirección expresados en un lenguaje franco, enfático y vívido. Michel de Faucheur de Montpellier y París hizo poco uso del arte en su tarea, que era esencialmente exegética y anticatólica. Moïse Amyraut mostró un talento oratorio innato, pero era dogmático en tono y sintético en la construcción. Más bien dialécticos en tipo fueron Jean Daillé, quien dejó 20 volúmenes de sermones y Samuel Bochart. Aunque el análisis y la polémica habían prevalecido, el estilo sintético comenzó con Jean Claude. Pero con la revocación del Edicto de Nantes comenzó un éxodo de los mejores predicadores franceses. Claude, cuya elocuencia en la controversia había hecho que incluso un Bossuet temblara por sus oyentes, fue, por la firmeza de su carácter, su completa seriedad, su calma majestuosa, su precisión y claridad, uno de los más famosos predicadores de su tiempo. Predicadores tales como Ancillon, Abbadie, Lenfant y Beausobre fueron sobrepasados por Daniel de Superville de Rotterdam († 1728), quien en disposición afectuosa, poder especulativo y capacidad filosófica sobrepasó a todos sus predecesores. Jacques Saurin llegó a la más alta cima de la predicación reformada francesa durante el siglo XVIII; de menor importancia fueron Jacob Basnage y Henri Chatelain († 1743). En Holanda los púlpitos se hicieron eco de la batalla dogmática de calvinistas y remonstrantes. La escuela de Gysbert Voetius fue influenciada por el escolasticismo y el método analítico, dedicándose a la justificación del dogma. Durante un año toda la Iglesia de Holanda quedó conmovida por un sermón de Conrad Vorst sobre el cabello largo (1 Corintios 11:14) y Smijtegeld († 1739) predicó 145 sermones sobre la "caña cascada". De mejor clase fueron Hellenbroek de Rotterdam († 1731) y el más práctico W. a Brakel († 1711). Cuando la práctica homilética de la escuela cocceiana rompió con los moldes escolásticos, entró el estilo profético-típico, aunque permaneciendo áridamente filológico. Pero gradualmente la vida vigorizó la ortodoxia muerta del púlpito en los discursos de David Flud van Giffen († 1701), Jan d'Outrein († en Ámsterdam 1722) y H. Groenewegen. La predicación anti-escolástica procedió de J. Uytenbogaert de los remonstrantes y de Philip van Limborch de los arminianos.

    Louis Bourdaloue
    El púlpito católico.
    Aparte de la brillante elevación del púlpito católico en Francia, la predicación misionera y las charlas resumidas para los campesinos prevalecieron en esa Iglesia. En Italia en el siglo XVII en las misiones de los jesuitas y otras órdenes, los sermones sobre la penitencia y la confesión estaban a la orden del día. El jesuita Paolo Segneri recorrió Italia durante 20 años predicando, debiendo citarse juntamente con él a su sobrino del mismo nombre († 1713). Un continuador del discurso doméstico a los campesinos fue el agustino André de France († 1675); un predicador notorio fue el agustino Abraham a Sancta Clara. La oposición directa a este sermón popular vino de los discursos de la brillante oratoria del púlpito de Francia en el período de Luis XIV, cuyo fundamento estaba menos en la Iglesia misma que en las circunstancias de los tiempos y en la literatura general de la nación; el púlpito luchó por un avivamiento de la elocuencia de la Iglesia antigua. El resultado fue una oratoria apta sólo para los cultos, para el embellecimiento alimentado por la retórica. El contenido trataba con la moralidad, el temor de Dios, la inculcación de virtudes, la meditación sobre la muerte y su significado y lecciones de la historia y de la vida. Los resultados se han de incluir en la literatura clásica de la nación, siendo contemplados como modelos de estilo al ser empleados en la Iglesia tanto en Francia como en otras partes. Un innovador fue el general de los oratorianos, J. F. Sénault († 1670); la estrella más brillante en esta constelación fue Jacques Bénigne Bossuet, cuya elocuencia encendida y fluidez de pensamiento era completa y genial, siendo su imaginación creativa. De especial celebridad fueron sus sermones fúnebres, perteneciendo no pocos de ellos a las obras maestras del estilo francés. Entre ellos se pueden mencionar el que pronunció sobre Henriette Marie, sobre el duque de Orleáns y el que pronunció sobre el ataúd del príncipe de Condé, del que franceses cultos tomaron citas como de los clásicos. Sin embargo, una de las faltas que repele es la adulación dirigida a los círculos cortesanos; indignos de la casa de Dios son los epítetos constantemente aplicados al rey y la desafortunada impresión que causan es a veces la de un servilismo hacia la corte. Pero más de lo que logró Bossuet para la elevación del púlpito francés lo hizo Louis Bourdaloue, especialmente por sus sermones de la pasión y los que llevaron el título Dei virtutem. Tras él ha de ser citado Esprit Fléchier, cuyo sermón sobre Turenne es su obra maestra, sobre quien J. Mascaron de Versalles († 1703) también pronunció un celebrado discurso. Otra estrella en esta constelación fue el oratoriano Jean Baptist Massillon, entre cuyos célebres sermones están los del hijo pródigo, el de Mateo 5:3 y sgg., sobre Lucas 4:27, el de la deidad de Cristo, que es un modelo de sermón temático, los diez pequeños sermones de 1718 que fueron preparados como exhortaciones para el joven rey, notorios por su laconismo pero con tal gracia de dicción que fueron estimados como modelos. Massillon se distinguió por la alta seriedad ética, notoria franqueza y un cariz de simpatía, cualidades por las que obtuvo el título de "Racine del púlpito." Fénelon se distingue claramente del brillante Bossuet por el hecho de que sus discursos deben su fuerza a la oración, la meditación sobre lo divino, la espiritualidad instructiva y el uso de la experiencia cristiana. Con Massillon se cierra el periodo clásico del púlpito francés. El jesuita Segaud († 1748), Paulle, y especialmente el misionero J. Bridaine († 1767) son representantes del período post-clásico.

    Transformación del púlpito protestante, 1700-1810.

    Pietismo.
    El siguiente periodo muestra la batalla del pietismo y la ortodoxia eclesiástica, del sobrenaturalismo y la Ilustración. Con Spener comenzó un servicio del púlpito que tuvo el objetivo práctico de edificar sobre las bases de la fe y una vida consagrada. El medio era una exposición fiel y diligente de la Escritura. Las confesiones mecánicas de salvación en Cristo solo se convirtieron en la salvación experimentada, el eclesiasticismo externo se convirtió en una identificación viva con el auténtico cuerpo de Cristo. La forma del sermón se hizo más simple, la estructura más clara y la expresión más sencilla. El desarrollo fue gradual, teniendo los movimientos en teología su influencia sobre el pietismo y la ortodoxia, así como la nueva filosofía y la lustración y el sobrenaturalismo contribuyeron al desarrollo del período.

    Philipp Jacob Spener
    Philipp Jacob Spener
    Spener y sus seguidores.
    Philipp Jakob Spener proporcionó en su Pia desideria, capítulo sexto, y en su Theologische Bedenken, volúmenes iii–iv, valiosos apuntes para la reforma del sermón. El discurso tenía que tener como objetivo la renovación del hombre por la fe y la producción de frutos en su vida. No obstante, Spener logró más a través de su personalidad que por medio de su método entendido y árido de predicación. Spener procuraba con esfuerzo agotar el contenido dogmático y ético del texto mediante una exégesis exacta y extendida. Sus discursos estaban a veces faltos de unidad, siendo la causa una especie de preludio del sermón que tenía como propósito ser exhaustivo. Sin embargo, por su clara referencia a la Escritura, su aplicación simple y práctica y por el empleo de temas éticos y una fuerte tendencia ética del material dogmático, atrajo a multitudes a su Iglesia y se convirtió en el introductor de un fuerte estímulo para la Iglesia luterana y su púlpito. Sus principales colecciones son del año 1688 sobre los evangelios, Evangelische Lebenspflichten (1693), Evangelischer Glaubenstrost (1694), sesenta y seis sermones sobre el artículo que trata con la regeneración (1695) y un considerable número de volúmenes sobre varios asuntos y ocasiones. La escuela de Halle de predicación obtuvo pronto gran celebridad y prominencia. Su característica fue una gran simplicidad en la forma, mientras que la aplicación era asunto de más interés que el desarrollo de la doctrina. August Hermann Francke, quien dejó varios volúmenes de discursos, mostró una estructura más simple que Spener, siguiendo el curso del texto más que un tema, aunque su manejo del material era de alguna manera mecánico y el tratamiento farragoso. En contenido sus sermones eran prácticos y lo que produjo fue individual en carácter, libre en método y esencialmente mordiente en sustancia. Johann Anastasius Freylinghausen empleó, como hizo Steiner, un preludio y su tema y división carecen de arte. Joachim Justus Breithaupt fue menos influyente como predicador que como instructor y promovió la nueva tendencia en el saber. Joachim Lange fue más un maestro de teología homilética que predicador. Gottfried Arnold obtuvo alto rango por su obra en el púlpito. El superintendente de Gotha, Georg Nitsch († 1729), fue un hombre de gran renovación de espíritu, conocimiento exacto de la Escritura, poseedor de sentido del humor, capaz de apelar al oído popular, agudo en su denuncia del pecado y sólido en sus apelaciones para la realización de las virtudes cristianas en la vida.

    Friedrich Christoph Oetinger
    Friedrich Christoph Oetinger
    Diversas escuelas.
    La posterior escuela de Halle falló en que con demasiada frecuencia habló a los cabezas de la congregación en su esfuerzo por lo didáctico e intelectual; subrayó la emoción, produciendo más calor que luz. El gran maestro y exégeta de esta escuela fue Johann Jakob Rambash, un hombre valioso y de espíritu pacífico, cuya Præcepta Homiletica procuraba un desarrollo más simple, más lúcido y natural del desarrollo del tema y de la exposición en el curso de los sermones durante el año. Él unió la claridad inteligible con la cordialidad y calidez cristiana, una imaginación poética vívida con una fuerte profundidad de pensamiento. Usaba una corta introducción, un ordenamiento sencillo basado en el texto con un orden lógico, un desarrollo claro y vivo sobre el fundamento de lo mejor del pietismo alemán septentrional. No obstante mostró esa rigidez esquemática en el arreglo de sus sermones que era una herencia del siglo XVII, así como una uniformidad tediosa, que surgía de las inclinaciones pietistas, en la aplicación práctica de sus sermones a los convertidos e inconversos. Entre sus imitadores estuvieron Johann Philipp Fresenius, Johann F. Starck († 1758), autor de un Hausgebetsbuch) y el abad Steinmetz de Bergen († 1762). Württemberg produjo una serie de predicadores que desarrollaron un método fresco, saludable y polifacético que perduró mucho tiempo. Las características de su escuela son una fe bíblica firme, realista, en parte mística, una amplia concepción del organismo de la revelación, un desarrollo libre y científico y una construcción no ceñida a la base doctrinal, especialmente en el lado escatológico. Los pioneros fueron Heinrich Häberlin, ya citado, Johann Andreas y Johann Friedrich Hochstetter (muertos ambos en 1720), Johann Reinhard Hedinger y el mejor predicador de todos ellos, Georg Konrad Rieger. Johann Albrecht Bengel es menos famoso como predicador que como exégeta, aunque sus sermones muestran una quietud y penetración clásica y un método de exposición casi catequético en su tipo. Friedrich Christian Oetinger por su singular arte místico-especulativo ha logrado un lugar especial en la historia de la predicación. Unas veces entretejía grandes pensamientos con un método apotegmático, otras veces trataba con la vida diaria en forma sencilla pero popular y otras se elevaba por encima de la media mental de sus oyentes, o hablaba desde un nivel inferior de pensamiento e ideas. Sus sermones fueron recogidos por K. C. E. Ehmann (5 volúmenes, Reutlingen, 1852–57). La rama especulativa de la escuela de Bengel estuvo representada además por Philipp Matthaeus Hahn y J. L. Fricker de Dettingen († 1766). La rama práctica está representada naturalmente por una serie de predicadores bíblico-evangélicos más que pietistas específicamente. Entre ellos se puede citar a Friedrich Christoph Steinhofer y al menos conocido Immanuel Gottlob Brastberger. Un don especial de originalidad lo poseía Philipp David Burk de Kirchheim († 1770), en cuyos Sammlungen zur Pastoraltheologie se encuentran excelentes consejos sobre asuntos homiléticos. Similarmente, Christian Samuel Ulber de Hamburgo († 1776) dejó un rico material en su Erbauliche Denkzetteln. Karl Heinrich Rieger, hijo de Georg Konrad Rieger, sobrepasó a su padre en su apreciación de los puntos esenciales del evangelio. A esta compañía pertenecen el renombrado exégeta, apologeta y autor Magnus Friedrich Roos, Jeremias Friedrich Reuss de Tubinga y el original pedagogo Johann Friedrich Flattich. De la Iglesia reformada debería ser reconocido también el piadoso místico y poeta Gerhard Tersteegen.

    Nikolaus Ludwig Graf von Zinzendorf
    Nikolaus Ludwig Graf von Zinzendorf
    El púlpito moravo.
    Una especie de cima del método de Halle, aunque no sin elementos de desacuerdo, se logró por la predicación de los Hermanos Moravos. Había ciertas ideas que recibieron tal énfasis en su púlpito que otros puntos de la fe cristiana, por así decirlo, se perdieron de vista. Algunas de sus ideas centrales fueron la fe en los méritos de Cristo y su sangre expiatoria, una confianza infantil en la gracia de Dios, una seguridad de confianza en las heridas del Cordero y la conciencia de posesión del Salvador y su amor nupcial. Unido a esto había un desprecio por el arreglo, un uso demasiado frecuente de ciertas palabras tópicas, junto con la apelación a las emociones. El fundador, el conde von Zinzendorf, fue el más importante y original de los predicadores de su púlpito, así como uno de los más diligentes. Tenía muchas de las cualidades de un gran orador: una intensa pasión por Cristo, una educación excelente, genialidad, emociones vívidas, rica imaginación y fluidez de pensamiento, así como una gran fuerza de lenguaje. Sus discursos eran grandemente expresiones de los afectos que dominaban su alma y su constante propósito era exaltar a Cristo. Era especialmente elocuente en los servicios de ordenación y consagración, en los que a veces llevó a su congregación a las emociones más elevadas. Menos mal que el primer período extravagante de la comunidad de Herrnhut (1742-50), con sus creaciones de fantasía religiosa y su insípida y afectada nimiedad, fue sólo un episodio en la historia de esa Iglesia, sin efectos duraderos. El obispo August Gottlieb Spangenberg fue un ejemplo de predicador claro, sobrio y digno. Es necesario mencionar nombres tales como Bartholomew Ziegenbalg, Benjamin Schultze, Christian Friedrich Schwarz, David Zeisberger, Hans Egede y Thomas von Westen.

    Gottfried Olearius
    Gottfried Olearius
    Exponentes de la ortodoxia eclesiástica hicieron su aparición especialmente en Sajonia, donde la batalla con el pietismo fue sobremanera enconada y entre el número de tales predicadores piadosos y prácticos estuvieron Johannes y Gottfried Olearius. Entre sus oponentes estuvieron Johann Friedrich Mayer, Samuel Schelwig, Johannes Fecht y Valentin Ernst Löscher. Estos diligentes hombres, gratos de escuchar, para quienes el trabajo del púlpito no era su primer interés, no procedían del antiguo escolasticismo. Las investigaciones eruditas, alegorías y comparaciones místicas, surgían en la formación instructiva, aunque estaba presente la inspiración y la calidez. Las polémicas contra la corte, que se había hecho católica, eran parte de la sustancia. Los sermones de Johann August Ernesti estaban llenos de entendimiento e iluminados por el orientalismo bíblico, así como impregnados de argumentos. De Alemania meridional debe mencionarse al capellán militar Johann Friedrich Flattich, un polemista, renovado y capaz, contra el ateísmo y el librepensamiento. De la Iglesia reformada en Alemania se puede citar al predicador de la corte Daniel Ernst Jablonski, a Johann Jakob Ulrich de Zurich y a Daniel Stapfer de Berna.

    Reforma del púlpito alemán y de la predicación del racionalismo.

    Influencias en conflicto.
    A consecuencia del estímulo de Inglaterra y Francia los alemanes después de Mosheim comenzaron a poner nuevo énfasis sobre las formas agradables. A medida que la Ilustración se abría paso, la lucha se vigorizó para usar un arreglo y un método lógico en el púlpito. Pero la influencia de la Ilustración también afectó al contenido. Las proposiciones dogmáticas, que no consonaban con el pensamiento "racional", pasaron a un segundo plano y las verdades de demostración racional adquirieron la primacía. Aunque la Ilustración al principio combatió el sobrenaturalismo dominante (hacia 1775), luego siguió un período cuando el racionalismo estuvo en ascenso (hacia 1810), en el que el énfasis sobre las verdades evangélicas surgió como reacción parcialmente estética y parcialmente bíblico-evangélica. El período del sobrenaturalismo dominante y el racionalismo germinante (1740-80) revela el punto de partida de un mejor púlpito, al estilo de la composición de Mosheim, en los sermones seleccionados de Tillotson en 1728. Federico el Grande leyó a sus soldados sus propias traducciones de los sermones de Bourdaloue, Fléchier, Massillon y Saurin. A Fléchier y Saurin, los homenajeó Mosheim. Una profecía de lo que se acercaba la proporcionó el predicador y profesor de Basilea, Samuel Werenfels, alejado del falso patetismo, elegante, inteligible y edificante. Él y el sensible Pierre Roques en Basilea († 1748) y el ardiente predicador de la corte de Berlín, Jaquelot, muestran cuán pronto la mejor forma de sermón de los teólogos extranjeros reformados podía ser domesticada en Alemania. Sin embargo, el movimiento no fue solamente imitativo. Hubo un intento general en la purificación y desarrollo de la lengua alemana, tal como testifica el establecimiento de un profesorado de oratoria alemana en Halle antes de 1730 y una búsqueda de literatura nacional que tuviera su impacto en el púlpito. Este movimiento trató también con el asunto del sermón. La gente estaba cansada de las luchas teológicas y de la verborrea pietista. El interés era más y más filosófico, debido en parte a la influencia del púlpito extranjero y a la Ilustración fuera de Alemania y en parte al creciente gusto cultivado por la obra demostrativa, matemático-filosófica de Leibniz y Wolff. Los predicadores aprendieron el valor de la idea, el arreglo, la solidez, la definición y la demostración. Se subrayó la religión natural, en tanto contenido esencial de lo cristiano, y la moral como esencia de la religión natural. Por eso Mosheim halló el contraste no solamente entre lo pietista y ortodoxo sino entre lo filosófico y bíblico. La mediación entre teología y filosofía fue comenzada por Johann Gustav Reinbeck († 1741), quien mostró un cuidadoso arreglo, sólida aplicación, desarrollo correcto de la idea y unión de los elementos bíblicos y filosóficos.

    Johann Lorentz von Mosheim
    Johann Lorentz von Mosheim
    Mosheim y su escuela.
    Johann Lorenz von Mosheim, el alemán Tillotson o Saurin, mostraron un estilo elegante, una tendencia apologética, una convincente fuerza de prueba, vigorosa y segura a la vez que acabada, fluida y agradable. A pesar de un cierto ensanchamiento de la idea, la base son las doctrinas evangélicas fundamentales; el objetivo es la realización de la veracidad de la doctrina cristiana. Con este propósito Mosheim usa ilustraciones históricas y descripciones de los sucesos de los tiempos, todo ello con gran solidez psicológica. Su argumentación está pensada totalmente y la exposición se fragua al revelar la fuerza divina activa del evangelio y el origen divino de la ética cristiana. El empleo del texto es cuidadoso, los temas son prácticos, la discusión es amplia y plena. Peters (Der Bahnbrecher der modernen Predigt J. L. Mosheim in seinen homiletischen Anschauungen, 1910) está indudablemente en lo cierto al ver en la predicación y homilética de Mosheim tendencias modernas. Mientras que Mosheim estaba en este modo influenciando al púlpito luterano, Tillotson de Inglaterra estaba haciendo lo mismo para la Iglesia reformada alemana mediante August Friedrich Wilhelm Sack de Berlín, el maestro religioso de Federico Guillermo III y IV. Johann Andreas Cramer fue más influyente en el lado retórico, empleando un patetismo ardiente y una riqueza de figuras retóricas que a veces parecía sepultar el discurso, pero con plenitud de pensamiento, claro ordenamiento y excelente elección de circunstancias doctrinales y éticas. Relacionado con él en estilo estuvo Gottfried Less, mientras que Christoph Christian Sturm de Magdeburgo y Hamburgo († 1786) infundió una fuerte tendencia racionalista junto con una coloración poético-estética. Entre los que siguieron la nueva tendencia de los tiempos estuvieron Johann Friedrich Wilhelm Jerusalem y Johann Joachim Spalding.

    La congregación durmiente, grabado de William Hogarth
    La congregación durmiente, grabado de William Hogarth
    Introducción del racionalismo.
    El período del racionalismo dominante (1780-1810) había sido preparado por la constante influencia de la Ilustración. Hubo una decidida ruptura en la predicación de este período con la ortodoxia y el pietismo. El púlpito ortodoxo mantuvo la integridad de lo que había sido sostenido sobre las verdades confirmadas de la fe. La Ilustración estaba también interesada con predicar "la pura fe de los cristianos" y naturalmente hay una conexión con la enseñanza evangélica eclesiástica. Pero el contenido de la predicación racionalista subrayaba la doctrina de Dios, la virtud y la inmortalidad, quedando la ética distintivamente en el trasfondo. Esta tendencia ética era una reacción al infructífero y escolástico discurso de la ortodoxia y llevó a un énfasis de las virtudes cristianas. Este giro en la obra del púlpito no se resintió si lo comparamos con el púlpito pietista, aunque fue en algunos aspectos más superficial. Protestó contra la apelación parcial a las emociones, evocando una acción sincera y una actividad práctica. Por tanto, no ha de ser condenado automáticamente, igual que la predicación de la ortodoxia no ha de ser considerada una especie de bancarrota. Por supuesto el manejo de la Escritura en el púlpito de este tipo se corresponde con el método en el que la Ilustración trataba la Biblia, que gobernó la predicación de ese tiempo de alguna manera como lo hizo la ortodoxia y el pietismo, aunque la cosmovisión de la Biblia se replegaba en favor del moralismo filosófico, mientras que la dicción bíblica servía para el optimismo poético o la erudición ética. La principal debilidad del púlpito racionalista está en su contenido; su cristianismo estaba diluido. Su encomio es que defendía una religión fundamental y práctica. Los primeros que han de ser destacados sobre el particular son los periódicos a los que el período dio nacimiento, tales como el Journal für Prediger at Halle (1770 y sgg.), el Allegemeines Magazin für Prediger de Beyer (1789 y sgg.) y Neues Magazin für Prediger de Teller (1792 y sgg.). En la vanguardia de los predicadores individuales de ese tiempo están Wilhelm Abraham Teller y Georg Joachim Zollikofer. Una personalidad dominante fue la de August Hermann Niemeyer. Había también pedantes tales como Kindervater, Soldan, Snell y Schuderoff, que predicaban sobre la base del entendimiento kantiano en forma ininteligible a sus congregaciones. Numerosos predicadores de la tendencia de Teller acabaron en una dialéctica árida, como Stolz en Bremen, Löffler en Gotha, Ribbeck en Magdeburgo y el fructífero Klefecker en Hamburgo. Otros emplearon más el carácter, como Hanstein y Ehrenburg en Berlín. Tras la Revolución Francesa la historia de la Iglesia y de los tiempos proporciona mucho material para los sermones. Este fue el caso con el suizo Johann Kaspar Häfeli († 1811) de Dessau, Bremen y Bernburg. En su primera etapa fue un oponente de la Ilustración, cayendo posteriormente bajo la influencia de Kant; sin embargo su dominio de la lengua y maestría en el estilo revelaron que era un orador. Stolz, ya citado, disertó sobre Federico II, la libertad de prensa, Zinzendorf y semejantes; el piadoso sobrenaturalista Rosenmüller en Leipzig, predicó sobre los destacados sucesos del siglo XVIII. Cuando Töllner se propuso predicar sobre la revelación de Dios en la naturaleza, Köppen, el defensor de la Biblia, protestó. Tales predicadores abundaron en la ciudad y el campo. J. L. Ewald († 1822) publicó sermones sobre la naturaleza (1781) y Predigten über Naturtexte (sin un solo texto bíblico; 1789 y sgg.).

    Johann Gottfried Herder
    Johann Gottfried Herder
    Reacción.
    El resultado fue una reacción contra la tendencia dominante desde un punto de partida estético o bien desde otro más bíblico. Esta reacción fue resultado de una piedad más profunda y robusta que había existido entre el pueblo, a lo cual se añadió la influencia de un sobrenaturalismo superviviente. Otros factores contribuyeron, tales como las labores profundamente espirituales de Johann Georg Hamann, o la piedad sincera, el delicado humor y la mordiente agudeza de Matthias Claudius, o el poder en la oratoria de un Johann Heinrich Jung-Stilling. No hay que pasar por alto en este movimiento los resultados de la elevación y enriquecimiento debidos a la floración de literatura del periodo, mientras que las condiciones políticas del país lo hicieron en la misma dirección. De inusual importancia fue Johann Gottfried Herder, quien es mejor comparado con Baumgarten como ejemplo de los clásicamente instruidos. La cultura ideal de los humanistas y la vida ideal del cristianismo se combinaban en sus sermones. Una gran figura fue la de Franz Volkmar Reinhard y relacionado con él como exponente del racionalismo sobrenatural en cuidadoso arreglo y sermones finamente expresados está Henry Gottlieb Tzschirner, capellán, historiador y apologeta. En la Suiza alemana esta reacción fue llevada adelante desde la postura bíblica por una serie de mentes originales. Johann Tobler de Zurich († 1808) demostró ingenuidad y originalidad en la expresión y seriedad evangélica. Especialmente notorio es Johann Caspar Lavater, que en sus sermones como en su poesía, apelaba preeminentemente a los sentimientos. El texto y sus pensamientos fundamentales quedaban incorporados en sus discursos, aunque de alguna manera sumidos en la emoción. Otro suizo Johann Jakob Hess, aunque en calidez, riqueza y diversidad de pensamiento por detrás de Lavater, le sobrepasó en agudeza de entendimiento, posesión de sentido histórico, conocimiento de la Escritura, claridad de colocación del pensamiento y aptitud en la aplicación. David Müslin de Berna († 1821) también luchó contra la tendencia de la Ilustración, dejando ocho volúmenes de sermones. Un piadoso sentido evangélico, correcta valoración de la Escritura, sometimiento al texto, seriedad, claridad y utilidad son las características de su obra en el púlpito. Karl Ulrich Stückelberger († 1816) de Basilea estimuló el estudio de la Biblia en los sermones, que mostraban una clara comprensión expresada didácticamente y que guiaban a un conocimiento más seguro.

    El púlpito intermedio.
    Los efectos de los anteriores métodos homiléticos todavía continuaron en este período, siendo seguidos por predicadores que tomaron una posición intermedia entre la ortodoxia y el pietismo. De esta manera en Basilea trabajó el ardiente Andreas Battier († 1793), quien se dedicó a la doctrina evangélica de la salvación y Nikolaus von Brunn, quien trabajó durante 20 años con un mensaje fresco. En Württemberg predicó Gottlieb Christian Storr. Bíblico, pero no fluido, Karl Friedrich Harttmann de Neuffen y Lauffen († 1815) ministró a partir de un rico fondo de instrucción evangélica y experiencia religiosa. Desde Nuremberg vino Johann Gottfried Schöner († 1822), poeta y defensor de la Biblia, que sostuvo las verdades esenciales del evangelio. Su creencia era que la predicación sería efectiva si la confianza y la salvación expresaban externamente la experiencia interna del orador. Era simple y claro en el ordenamiento del material y fluido en el lenguaje. No ha de ser pasado por alto por su inusual fértil obra G. E. Hartog en Löhne y Herford, Westfalia, marcada por gran claridad, exhaustividad e inteligibilidad, expresión vigorosa y precisa, seriedad intensa y rica aplicación práctica. El condado de Tecklenburg produjo hombres tales como Johann Gerhard, Friedrich Arnold y Johann Heinrich Hasenkamp. Original en vigor fue el fundador luterano de misiones, Johann Jänicke († 1827), predicador en la iglesia de los Hermanos en Berlín.

    Johann Friedrich Oberlin
    Johann Friedrich Oberlin
    Predicación fuera de Alemania.
    En este período las olas que sacudieron el mar de pensamiento alemán golpearon también toda Europa continental. En Dinamarca el pietismo no encontró un defensor de primer rango en el púlpito; estuvo representado sólo por las traducciones del alemán y halló un duro oponente en el obispo Herslebel en Zelanda, cuya poderosa elocuencia no pudieron alabar debidamente sus contemporáneos. Los sermones de Christian Bastholm, distinguidos por el claro ordenamiento y su dicción brillante y muy admirados por los cultos, mostraron el principio de que en la teoría y la práctica la elocuencia era más un atuendo suntuoso para ocultar la pobreza de pensamiento. El principal representante de Dinamarca en el espíritu racionalista fue H. G. Clausen de Copenhague († 1840), cuyos sermones son lúcidos y están libres de trivialidades. Entre los noruegos hay que mencionar a Johan Nordahl Brun († 1816), obispo en Bergen, encendido en elocuencia y poético en dones; fue abogado del sobrenaturalismo contra el racionalismo, aunque no de profundo pensamiento; más amistosos con el racionalismo fueron los discursos de Niels Stockfleth Schultz, predicador en Drontheim y aún más racionalista fue Claus Pavels († 1822), obispo en Bergen. Hans Nielsen Hauge siguió la tendencia pietista, pero con inclinación legalista. En Suecia desde 1700 a 1770 la predicación predominante fue una mezcla de antigua ortodoxia con pietismo, pero con un matiz nacional. Los vigorosos sermones ortodoxos del predicador de la corte Andreas Nohrberg († 1767), aunque en alguna forma escolásticos, fueron usados con gran satisfacción por los pietistas ortodoxos. Erik Tollstadius fue un noble representante del pietismo más místico y los pocos sermones que fueron impresos se usaron con gran profusión. Peter Murbeck de Bleking († 1768) introdujo mas el elemento lógico, mientras que el espíritu de Herrnhut estuvo ejemplificado en Carl Blutstrom († 1772) y Peter Hamburg. Entre los obispos de la primera mitad del siglo merece la pena mencionar como predicadores a G. A. Humble de Wexio; el segundo arzobispo de Upsala, S. Troilius y al obispo J. Seranius de Strengnäs, ambos estadistas y hombres que introdujeron la idea eclesiástica estatal en sus sermones, como posteriormente hicieron O. Wallqvist († 1800) y J. M. Fant († 1813). G. Enebom († 1796), perteneciente a la Ilustración, introdujo una etapa de moralismo utilitarista. Desde 1770 a 1789 la virtud como objetivo a conseguir fue el tema de los sermones de J. Möller, B. von Gotland († 1805), C. Kullberg († 1808) y del obispo Lehnberg de Linköping († 1808). P. Fredell fue un defensor de Swedenborg en oposición a la Ilustración. En Holanda en el segundo cuarto del siglo XIX no hay nombres de prominencia y donde la lengua francesa se hablaba existió el mismo estado de cosas. F. J. Durand dejó L'Année evangélique en siete volúmenes (segunda edición, Berna, 1780). Jean Frédéric Oberlin permanece como verdadero testigo del evangelio en un tiempo malo, serio y popular en su aplicación de la Escritura y la vida, ilustró sus pensamientos con plenitud instructiva. Hay que mencionar a Antoine Court y Paul Rabaut y también a J. Roget. En Holanda el sermón estuvo influenciado por la escuela inglesa y el estilo cambió lentamente desde la antigua exposición detallada del texto al método sintético. La senda en este país la abrieron E. Hollebeek de Leiden y P. Chevalier de Groningen, con discursos que eran éticos y racionalistas en tono, como lo fueron los de E. Kist († 1822) en Dort. G. Bonnet de Utrecht († 1805) unió los métodos de la antigua y la nueva escuela; el piadoso Jakob Hinlopen († 1803) durante medio siglo protestó con su método contra todo escolasticismo, mientras que L. Egeling en Leiden († 1835) fue fructífero en su ministerio. A finales del siglo XVIII los ejemplos de retórica grandilocuente aparecen en los sermones de J. Bosch y J. van Loo, mientras que la lectura de sermones comenzó a ser practicada según el modelo inglés a mediados de ese siglo.

    El púlpito evangélico del siglo XIX.

    Johann Heinrich Bernhard Dräseke
    Johann Heinrich Bernhard Dräseke
    Influencias básicas.
    El avivamiento de la vida eclesiástica que tuvo lugar a comienzos del siglo XIX encontró su reflejo en la predicación, que recibió nueva savia y a su vez estimuló la vida común. Entre las influencias que operaron en esta dirección estuvieron las condiciones políticas. Las necesidades de Alemania durante el período napoleónico y su renacimiento durante las guerras de libertad, resultaron en un sentimiento de unión entre el pueblo, que dio al púlpito un objetivo y una dirección definida. Los dos hombres más influyentes en esta crisis extendida fueron Schleiermacher y Dräseke, aunque estuvieron sostenidos por una hueste de predicadores que con seriedad y valor y en un espíritu noble abrieron el camino. Una influencia añadida fue la creciente conciencia de un cristianismo compacto en la piedad de los tiempos. Aunque algunos predicadores sostenían los antiguos caminos, la tendencia general iba en la nueva dirección, capitaneada por hombres como Dräseke y Theremin en una nueva forma y con contenidos que intentaban abarcar un cristianismo histórico. Por encima de todos estaba la guía de Schleiermacher, para quien la persona de Cristo y la redención eran centrales en su predicación. Inmediatamente desarrolló un estilo de sermón apropiado al movimiento de avivamiento y el uso de la Biblia tuvo una parte no pequeña en el método empleado, mientras que se revivió profundamente un interés confesional. En conjunto la predicación de las primeras décadas del siglo XIX fue esencialmente cristológica. Las verdades generales de la razón ya no estaban al mando, sino que el evangelio controlaba. Mientras tanto el texto había venido a ser el elemento constituyente, estando lo dogmático y confesional en el trasfondo; el sermón meramente moral había perdido su reputación, tomando su lugar el evangélico.

    Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher
    Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher
    Schleiermacher.
    Especial importancia se atribuye a Daniel Friedrich Schleiermacher, quien ocupó un lugar destacado entre los oradores del púlpito, tal como atestiguan sus 10 volúmenes de sermones. Su importancia yace no solo en que influenció a una generación de predicadores y a sus sermones como ningún otro teólogo de ese siglo, sino aun más fundamental fue su punto de partida teológico y homilético en la inmediatez de las emociones, hasta su fijación firme en la conciencia cristiana interior contra el antiguo sobrenaturalismo y también contra el racionalismo dominante del kantianismo. Para él, el vívido sentido de la comunión con Dios es el centro de la piedad cristiana y el estímulo de ello el propósito de toda la predicación cristiana. Su idea era hablar siempre a los hermanos y desarrollar su conciencia cristiana. De ahí que el principal contenido de sus sermones sea una clara exposición de su propia vida interior para creyentes. No olvidaba la ética, pero sus fuentes se encuentran en la conciencia religiosa. Característico fue el modo en que el pecado era tratado por él, subrayando la necesidad del nuevo nacimiento; creía en una elevación por encima de la situación en la que la carne era gobernada más que un continuo conflicto con una inclinación pecaminosa. En su primer periodo estuvo estrechamente ligado al texto, que era generalmente corto; como podía esperarse de tan robusto pensador, la disposición del pensamiento fue menos formal que material. Su predicación estaba totalmente libre de patetismo, siguiendo de forma tranquila el desarrollo de su pensamiento, lógica en su articulación. Sus sermones no son populares en el más amplio sentido, estando adaptados para los cultos; pero su claridad y lógica les hacen accesibles al entendimiento. A veces hablaba no simplemente como predicador protestante, sino como un filósofo piadoso y experimentado sabio. No escribía sus sermones, sino que los preparaba cuidadosamente y los meditaba con mucho trabajo. Aunque tan entendido en la antigüedad clásica y en filosofía, sin embargo hizo de Cristo el punto central y dio a los conceptos éticos el modelo de los métodos del Nuevo Testamento que para muchos, cansados de la antigua predicación racionalista, no solamente era atractivo sino positivamente agradecido. Posteriormente la influencia de su método se evidenció entre predicadores que le estimaban como modelo.

    Hermann Friedrich Kohlbrügge
    Hermann Friedrich Kohlbrügge
    Su escuela.
    Sus servicios fueron apoyados por varios predicadores de significativo poder homilético. Como defensores de una fe basada en la revelación bíblica se puede mencionar a Gottfried Menken, Johann Baptist Albertini y Johann Christian Gottlob Krafft, Theodore Lehmus de Ansbach († 1837), un victorioso combatiente contra el racionalismo; Christian Adam Dann, un predicador con temas sugerentes y una dicción jugosa y poderosa; Wilhelm Hofacker y J. E. F. Sander, cuidadoso en la exégesis de su texto, más entendido que poderoso. También bíblico en su fundamento, pero concentrando su pensamiento sobre el pecado y la gracia fue Ludwig Hofacker. Los predicadores de otro tipo fueron igualmente bíblicos en su esfera de pensamiento, pero más confesionales en su desarrollo. Un hombre tal fue Claus Harms, de sensibilidad serena, poética y cálida y humor fresco, que le hizo aceptable a todas las clases. Su originalidad yace en la plasticidad de su dicción y la riqueza y poder de pensamiento. Su patetismo a veces desagradaba por su abundancia. Sus asuntos eran sugerentes y atractivos, mientras que su arreglo es filosófico, no siempre determinado por el texto. Tuvo numerosos seguidores, de los cuales se pueden citar a Martin Stephan y A. G. Rudelbach. Bíblicos y confesionales en tipo fueron los dos Krummachers, Gottfried Daniel y Friedrich Wilhelm. De este último se puede decir que era un artista en el uso de las palabras, apoyado por un realismo tangible y un inusual vívido poder de construcción, por lo que era capaz de hacer reales los personajes del relato bíblico. No obstante en sus descripciones no siempre se adhería a lo históricamente verdadero. El Nuevo Testamento era leído frecuentemente sobre el Antiguo, mientras que su uso de lo típico y alegórico a veces fue excesivo. A este grupo pertenecen también Hermann Friedrich Kohlbrügge y el predicador reformado Friedrich Ludwig Mallet. Aunque entre Claus Harms y Bernhard Dräseke existieron ciertas relaciones, en general son de tipos diferentes. Los sermones de este último no pueden ser caracterizados con seguridad entre los que prevalece lo bíblico o confesional, siendo más generales en tipo. Relacionado con él en estilo estuvo el importante obispo Ruhlemann Friedrich Eylert, en quien la elevación se convierte en unción extravagante y fresca. Otros predicadores, aunque sobrenaturalistas en tendencia, no se quedaron en los límites de su escuela; tales fueron el predicador de Königsberg, Ludwig August Kähler y Heinrich Leonhard Heubner de Wittenberg. Franz Theremin fue afín a este grupo en la expresión que dio a su piedad.

    Cristoph Friedrich von Ammon
    Restos de racionalismo.
    Otro grupo puede ser designado extraño a la predicación racionalista. Al mismo pertenece el celebrado Christoph Friedrich von Ammon. En sus primeros sermones aparece como moralista kantiano; en un periodo posterior se entregó a la exposición de la doctrina eclesiástica. Finalmente, en su tercer período regresó a su primera posición. Capacitado en el asunto de la forma, inteligente diplomáticamente en la expresión cortés y muchas veces de fluidez de pensamiento elevada e ingeniosa. Su sermones estaban especialmente adaptados a los más educados. El más importante representante del racionalismo popular en esos tiempos fue Johann Friedrich Rohr. En claridad y coordinación lógica siguió a Reinhard. En general sus sermones eluden mucha de la debilidad inherente del discurso racionalista, aunque la base es totalmente racionalista. Y también hay que contar a Moritz Ferdinand Schmalz († 1860), quien ejerció tareas pastorales en Viena, Dresden y Hamburgo; prolífico y vívido en pensamiento, recordaba a Reinhard en la cuidadosa y a veces exhaustiva disposición de su material. De menor prominencia fueron los pastores de Hamburgo, J. K. W. Alt y C. U. A. Krause.

    Una nueva tendencia.
    Las décadas tras las guerras de libertad, en las que en un lado el racionalismo era una de las fuerzas y en la otra la influencia de Schleiermacher y del avivamiento era potente, constituyeron un período de fermento para el púlpito. Destacados individuos como los ya descritos rompieron con el método racionalista, emocional-argumentativo, conmovedor-patético, surgiendo una clase de sermón que se correspondía con las nuevas influencias. El resultado no era diferente al producido por Schleiermacher, aunque el parecido no se debía a la mordacidad dialéctica ni a la profundidad de pensamiento. La nueva predicación se convirtió a veces en una predicación del arrepentimiento bajo el estímulo del énfasis por la importancia de Cristo para la salvación. Pero las finas líneas de la dialéctica de Schleiermacher, debido a su sistema dogmático, estaban escondidas tras los gruesos bosquejos de las confesiones eclesiásticas. En resumen, la nueva predicación fue un regreso a Cristo y la Biblia. De ahí que la relación del sermón con el texto fuera reestructurada. El racionalismo permitía formalmente la autoridad de la Biblia, pero la interpretaba a su elección. El nuevo entendimiento del cristianismo empleó el texto en su sentido original, como principio rector del sermón. Por supuesto huellas del uso anterior permanecieron aquí y allá y la palabra era a veces mal interpretada, especialmente el Antiguo Testamento, en el que el Nuevo Testamento era leído. Pero el púlpito fue esencialmente bíblico, las perícopas retuvieron su importancia, aunque el uso de textos libres no era desconocido, si bien a veces libros completos de la Biblia se convirtieron en tema de series de sermones. La dicción del sermón estuvo también influenciada por la de la Biblia, algunas veces tan fuertemente que tuvo sabor arcaico. Similarmente, el contenido del sermón experimentó cambios. El racionalismo había escogido temas éticos y éstos cayeron en descrédito. Los temas religiosos o religioso-dogmáticos fueron la norma, con una polémica contra el racionalismo, los Amigos de la Luz, el liberalismo, la nueva teología y especialmente contra el espíritu anticristiano de los tiempos. Los temas normales, por supuesto con variación infinita, fueron el arrepentimiento, la gracia, el juicio, la persona de Cristo y la expiación. Consecuentemente había un peligro de que el sermón se convirtiera en un estereotipo. La forma en la que el texto y el contenido del sermón iban ligados estaba controlada por el método analítico-sintético. El texto proporcionaba las principales sugerencias o temas; los pensamientos proporcionados por el análisis del texto iban unidos en un tema y luego puestos en orden según las divisiones y estas últimas eran predominantemente tres, siendo raras más de cuatro. La extensión del sermón gradualmente se acortó, de 30 a 40 minutos. Aquí y allí había textos escogidos que no eran bíblicos, mientras que los sermones catequéticos no eran desconocidos, igual que los del Credo de los Apóstoles.

    El tipo confesional.
    Una considerable proporción de oradores del púlpito puso énfasis en Cristo y la Biblia, según la manera de las confesiones luteranas, no preocupándose de disfrazar este espíritu de energía confesional y énfasis dogmático. Las doctrinas cardinales de la persona de Cristo, del pecado y la gracia y de la expiación dominaban el sermón y junto con la exposición positiva de esos temas aparecía la polémica contra las tendencias erráticas del período. La empresa era que el sermón fuera práctico, con referencia al corazón del evangelio. Entre los exponentes de este espíritu del púlpito se pueden citar de Alemania meridional a Johann Konrad Wilhelm Löhe, Gottlieb Christian Adolf von Harless y Gottfried Thomasius; de Alemania septentrional especialmente a Ludwig Harms, Ludwig Adolf Petri y K. K. Münkel. Los sermones de Petri eran simples en construcción, pero tan profundos y ricos en pensamiento que eran idóneos más bien para los cultos. El texto gobernaba en la ejecución de sus discursos y era muchas veces exegéticamente tratado. Subrayaba la doctrina sin oscurecer el evangelio y mostraba una seria y aguda personalidad, totalmente preparada en el tipo luterano confesional. Münkel, aunque subrayaba menos la forma, ejerció un gran cuidado en el desarrollo de sus discursos y su claridad. Predicó en la iglesia de una localidad rural, lo que influenció en su dicción y sus ilustraciones; el resultado es que sus sermones se pueden catalogar de populares. Evita todo lo que es tosco; es entendido, las normas de la Iglesia definen su exposición y su exégesis es sencilla. En esta conexión debe mencionarse a Bernhard Adolph Langbein de Sajonia. De la pluma de Christian Ernst Luthardt procedieron varios volúmenes de sermones que unían una plena utilización del texto con la determinación de su testimonio religioso. Una quietud simple y poderosa se combina con una gran fuerza ética activa y un rico contenido teológico. Gerhard Uhlhorn tenía un destacado don de exposición, mientras que una poderosa seriedad ética se combinaba con la energía de la proclamación luterana. De los luteranos fuera Alemania se puede hacer mención de A. F. Huhn, predicador en Reval, prolífico en producción.

    Johann Friedrich Ahlfeld
    Énfasis en lo práctico.
    De este grupo de predicadores confesionales se puede distinguir un segundo grupo con mayor cercanía al elemento confesional y un énfasis más destacado en los asuntos prácticos, comunitarios e individuales. Se puede citar a Karl Heinrich Caspari de Munich y J. F. Ahlfeld en Leipzig. Los sermones del primero en su simplicidad apelan más al hombre ordinario que al educado; pero muestran una rica experiencia, un profundo conocimiento de los hombres, ilustraciones concretas y una exposición plástica. Johann Friedrich Ahlfeld estuvo también prácticamente dispuesto a ser un mero activista de este grupo. En los muchos volúmenes de sermones de su pluma se muestra una calidez atractiva, una seriedad religioso-ética y un extraordinario poder de presentación con familiaridad popular. La iglesia de Württemberg produjo a Wilhelm Hoffmann, un predicador cuyos discursos dirigidos por la Escritura guiaban a un llamamiento a la salvación, iluminando la vida práctica. Otro hombre notorio fue B. B. Brückner, predicador en Berlín y profesor en Leipzig, de ortodoxia gentil, discurso agradable, elegante empleo del texto y correcto en sus métodos de ordenamiento. De Carl Gerok se puede decir que poseyó un gran poder de agradar, una suavidad atrayente, una pronunciada claridad y una belleza poética, que no desmejoraron su seria profundidad de pensamiento cristiano y comprensión del texto. Sin embargo, fue más un hombre práctico que pensador, participando de las cualidades de Ahlfeld como salvador de almas. También hay que citar a los hermanos Max y Emil Frommel, el primero de los cuales pertenece al grupo de predicadores que basaban su trabajo en la Biblia. Los sermones de Max se pueden decir que son más poderosos y serios que los de su hermano y llevan un matiz de pietismo con una fe gozosa y segura en Dios. Artísticamente son acabados. Emil, predicador de la corte y capellán militar en Berlín, que especialmente en sus sermones sobre días festivos se complació en guiar a su congregación al mundo del pensamiento bíblico, es también práctico en tipo, con lustre en grado extremo. Sucesos, historia, aplicación, interpretación, ilustración, se sucedían en cascada en todos sus discursos. Fue predicador para todos los estratos de la sociedad, aunque la calidad de sus discursos le hizo más apreciado entre los cultos. Dos predicadores posteriores fueron Rudolph Kögel y Heinrich Hoffmann. El primero, más vigoroso en dogmática que Frommel, no luchó por la profundidad dogmática; su fuerza era un arte retórico que hacía todo lo demás útil. La fuerza de Hoffmann yace en su escrutadora y aguda psicología, en la solidez enérgica con la que expresaba sus ricos y profundos pensamientos, en la fuerza del testimonio que imprimía al evangelio y finalmente en la santa seriedad con la que apelaba a la conciencia. T. J. R. Kögel, predicador de la catedral en Berlín, fue el principal clérigo evangélico en Prusia, príncipe del púlpito, retórico de oratoria sagrada, un maestro de estilo; en el otro lado estuvo Heinrich Hoffmann, restringido a la estrecha esfera de la Neumarktkirche en Halle, sin notoriedad, aunque un heraldo del pensamiento serio y filosófico, un verdadero pastor de almas. Ambos fueron predicadores para los educados; para la gente sencilla el genio de Kögel era demasiado elevado y el pensamiento comprimido de Hoffmann demasiado difícil de comprender. No tenían el toque ligero y elegante de Emil Frommel, el poder atrayente de declaración de Ahlfeld, o el arte gentil de Gerok. Sólo brevemente hay que hacer mención de Johann Friedrich Wilhelm Arndt, Strauss, el predicador de Berlín, cuyos sermones se distinguían por la devoción de sentimiento y Karl Büchsel, cuyos rudos, sin forma, y enredados pero insólitamente serios y prácticos sermones, tuvieron influencia. Los sermones de F. L. Steinmeyer se pueden denominar ensayos para el entendimiento de la Escritura. El material para ellos se deriva del texto, mientras que la exégesis era demasiado amplia y artística, los pensamientos fueron siempre profundos y originales, la estructura bien pensada, la forma bella y relacionada y el propósito era producir religión, no teología.

    Predicación pietista anti-racionalista.
    Un tercer grupo muestra influencias pietistas o bíblicas. Son pronunciadamente anti-racionalistas y revelan la firme tendencia eclesiástica. Son predicadores del arrepentimiento, de la salvación, del avivamiento, de la conciencia, pero nunca, en el púlpito, teólogos. Tienen poco que hacer con la exégesis y ofrecen sus propios testimonios. Apenas hablan como boca de la congregación, aunque como evangelistas fueron fructíferos. Estiman poco el ordenamiento del discurso y en cualquier caso el desarrollo formal de un plan y la formulación del tema y divisiones. Una peculiar posición en este grupo la obtuvo Johann Tobias Beck, quien fue bíblico. Otros hombres de Württemberg que hay que mencionar son Sixt Karl Kapff y Johann Christoph Blumhardt. Éste último fue un poderoso predicador, abriendo muchas veces el tesoro del conocimiento y experiencia escondido en las Escrituras. Sus sermones eran convincentes, siendo desenvuelto pero popular en su dicción. También debe citarse a un suizo alemán que perteneció a la división especulativa de la escuela de Bengel y Oetinger, el original David Spleiss de Schaffhausen († 1854), quien trazó la unidad interior de naturaleza y Escritura. Usaba en el púlpito no sólo la boca, sino las manos y los pies para expresar el pensamiento, siendo claro, sugestivo, encendido y siempre popular. De la Iglesia prusiana rural procedió August Tholuck, cuyo matiz pietista estaba coloreado por su actividad académica. Su idea del sermón era que no debía ser una demostración de la inteligencia del hombre, sino un testimonio del Espíritu Santo. Sus discursos deben su fuerza especialmente al dominio de una apologética profunda que modelaba la conciencia. La dicción noble y culta estaba inspirada con el sentimiento más cálido y la seriedad más profunda, mientras que la exposición era iluminada por una imaginación vívida pero santificada. Era libre en cuanto a la forma, en la manera de manejar su texto, incluso en la elección de un texto, no restringiéndose a la Escritura sino usando, por ejemplo, pasajes de la Confesión de Augsburgo. Pietista fue Gustav Knak († 1878), especialmente fructífero en su apelación al corazón y emociones de la congregación y posiblemente el más sensible y atrayente de todos los predicadores del siglo XIX.

    Karl Immanuel Nitzsch
    Karl Immanuel Nitzsch
    Individualismo dominante.
    Un cuarto grupo está compuesto por aquellos que primero expusieron la verdad cristiana en un atuendo externo extraído no tanto de la Biblia sino de la individualidad del predicador; muestran un deseo de eliminar muchas aristas de los pronunciamientos bíblicos, presentando de esta forma la doctrina cristiana en una forma suave, más en acuerdo con las características de los tiempos. Los predicadores de este tipo de teólogos académicos fueron especialmente numerosos y particularmente los que pertenecían a la teología intermedia. No es extraño que a muchos entre ellos les pareciera más importante trabajar las verdades de la fe que la influencia inmediata sobre el corazón y la conciencia, pudiendo incluso asignarse a Tholuck a este grupo, aunque en él predominara el elemento pietista-bíblico. Este no fue el caso de Karl Immanuel Nitzsch, cuyos sermones, como los de Schleiermacher, mostraban una mezcla completa de lo religioso y lo ético; prestó poca atención a la forma y la dicción. La armonía más profunda de su ser, fundada en una obtención plenamente madura de sus ideas filosóficas, teológicas y prácticas, la imperturbable paz y el carácter conciliador de su mente se reflejaban en su predicación. Julius Müller mostró en su predicación una exposición argumentativa de la Escritura y un desarrollo entendido y dialéctico que demandaba simpatía en el oyente o lector. Los sermones de Richard Rothe fueron tales como podían ser los surgidos de su singular naturaleza profunda y culta; lo que pronunciaba era totalmente suyo, siendo en discurso y fluidez de pensamiento enteramente individual. Externamente sus sermones representan una oratoria acabada y una forma artística. Karl Theodor Albert Liebner y Friedrich August Eduard Ehrenfeuchter pertenecen a este grupo, como también Albrecht Wolters, destacado por la belleza poética y el testimonio plenamente razonado y Willibald Beyschlag, un brillante predicador de fina sensibilidad, que empleó una apologética suave para la reconciliación del cristianismo y la cultura moderna. Fue un testigo del cristianismo evangélico con gran libertad de espíritu y restricción de conciencia, un notorio exégeta, uniendo el pensamiento del texto con la comprensión y elaboración individual. Aquí también ha de situarse a Julius Müllensiefen, aunque sus sermones reproducen más fielmente que los recién mencionados el colorido bíblico; él fue también muy popular, más profundo mentalmente y rico en sentimiento que muchos de ellos.

    Heinrich Lang
    Heinrich Lang
    Grupos modernistas.
    El quinto grupo incluye en sus filas a predicadores con amplias diferencias; comparte con el anterior la independencia en la forma de pensamiento y composición, hablando no en el lenguaje de la Biblia sino en el de los tiempos. Su actitud general es la de Carl Schwarz: "No solamente es el presente nacido de nuevo por el espíritu del cristianismo, sino que el cristianismo mismo es nacido de nuevo por el presente." Sin embargo, no es el antiguo racionalismo lo que surge en este grupo. Todo en lo que esa forma de pensamiento fracasó, la religión, en donde yacen las profundidades de la vida del alma, es lo que sus predicadores suplirían sobre la base de la encarnación de Cristo, real y efectiva y no menos sobre la base de la humanización completa del cristianismo. De este grupo Carl Schwarz es el líder y principal representante. Su idea era hacer uso de todo lo que hubiera sido críticamente establecido por Lessing, Herder, Schleiermacher y Hegel, poniéndolo al alcance de la congregación. Tradujo el cristianismo, formal y esencialmente, al alemán en sermones que eran religioso-éticos. Cristo no es desplazado a un segundo plano, aunque su presentación era de una clase diferente a la doctrina bíblica. Sus sermones pueden ser descritos como altamente idealistas, retóricamente enérgicos, cálidamente religiosos, éticamente serios, en su concepción de la vida libre. De otro tipo, aunque en muchos aspectos relacionado con Schwarz, es Albert Bitzius de Suiza, que habló abierta y francamente, tal vez incluso más claramente que Schwarz, de su disidencia respecto a la antigua doctrina de la Iglesia. Schwarz fue en su arte homilético un idealista puro; Bitzius fue enfáticamente un realista; donde Schwarz es todo elevación e inspiración, Bitzius es realidad, hecho. Pero éste nunca es árido o aburrido; la expresión es vigorosa, exhaustiva y no obstante bella. Como resultado los temas tratados están íntimamente unidos con su asunto. No trata con generalidades, sino que maneja muchos temas especiales de la vida común y de otras esferas. Se sigue que para él el texto no puede tener el mando, no siendo sus sermones analíticos, tratando con el material proporcionado por su congregación en una manera seria, esencialmente religiosa, ética y vigorosa. Nunca pronuncia sermones éticos, en el sentido estricto de la frase; sin embargo siente su relación con la fe de los cristianos de todas las épocas y exhorta a sus oyentes a tener una fe que es individualmente propia. Si alguno de los predicadores del siglo XIX es práctico, entonces Bitzius lo es. Los pintorescos, frescos e inspirados sermones del suizo Heinrich Lang difieren de los discursos de Bitzius en que no tienen como propósito un objetivo ético-religioso; implacablemente expone ante los oyentes su propia posición religiosa libre y procura que sus oyentes la adopten. A este grupo también pertenecen Daniel Schwenkel, Carl Weizsäcker y Alexander Schweizer.

    El púlpito continental fuera de Alemania.

    Jakob Peter Mynster
    Jakob Peter Mynster
    En Escandinavia.
    En Dinamarca el primer nombre destacable de mención es el de Jakob Peter Mynster, obispo de Zelanda, simple pero noble en dicción y profundidad de pensamiento. No solamente como predicador sino también como autor religioso, Sören Aabye Kierkegaard, fue el profeta de la vida interior y oponente del cristianismo eclesiástico. El sucesor de Mynster, Hans Lassen Martensen tuvo versatilidad en el estudio del texto y su aplicación, aunque muchas veces pierde su estilo realmente encantador. Nikolai Frederik Severin Grundtvrig fue un predicador de poder realmente original. Con la primera fuerza de su polémica contra el racionalismo, de alguna manera decaída, permaneció la firmeza de su testimonio vivo, que descansaba en su experiencia interior, y contra una decadencia de fe en el Padre, desplegó el fuego de su temperamento y por encima de todo su popular, poética e impactante elocuencia. Su gran influencia se vio en hombres tales como W. Birkedal y C. Hostrup. D. G. Monrad tuvo un agudo ojo para la aproximación psicológica y gran capacidad al delinear el personaje. N. G. Blaedel, R. Frimodt, H. H. Paulli († 1865), Wilhelm Beck († 1901), son hombres dignos de mención. Predicadores daneses de eminencia fueron T. S. Roerdam, obispo de Zelanda, alumno de Grundtvig, J. Paulli, hijo de H. H. Paulli y H. B. Ussing. Se puede decir de paso que el uso prevaleciente en Dinamarca era contra el uso de notas en el púlpito. En Noruega, Willem Andreas Wexels obtuvo gran renombre, a la vez como eminente predicador y distinguido enemigo del racionalismo. O. Andreas Berg († 1861) era enteramente ortodoxo en sus cortos, penetrantes, claros y prácticos sermones, pero según el método noruego que combinaba la ortodoxia luterana con el pietismo. Similar en carácter fue Honoratus Halling y G. Jensen que muestran la influencia de Grundtvig y la ortodoxia luterana. En Suecia destacó a principios del siglo XIX una tendencia contra el racionalismo, en la forma de un fuerte luteranismo confesional nutrido del movimiento pietista entre los laicos. Los sermones eran del tipo sintético, pero para el principal servicio del día las perícopas proporcionaban el texto, para otros servicios la elección del texto era libre; la lectura del sermón es más frecuente que en Noruega y Dinamarca, al menos en la Iglesia luterana; de hecho muchos obispos expresamente recomiendan esa forma. En la campaña anti-racionalista una influencia decisiva fue la del profesor Samuel Oedmann de Upsala († 1829) y C. P. Hagberg de Lund († 1837), que marcaron las directrices en la forma del sermón. En el siguiente periodo de la Iglesia luterana hubo tres grupos. Los que estaban bajo la influencia del romanticismo opuesto al racionalismo como religión vacía de la razón y se aproximaban fuertemente a la doctrina luterana. Esta clase estuvo representada por una serie de hombres poéticamente dotados de diferentes cualidades, tales como el celebrado poeta de la saga Frithiofs, Esaias Tegnér († 1846), el obispo Franz Mikael Franzén († 1847) y Johann Olof Wallin († 1839), cuya atrayente dicción, rotundidad de expresión, belleza de ritmo y claridad de arreglo no tuvieron rival en Suecia. En un segundo grupo hay que poner a C. G. Rogberg de Upsala († 1842), cuyos sermones mostraron gran belleza de forma, en el primer período un gusto por la Ilustración, posteriormente un mejor acuerdo con la doctrin cristiana; Johan Henrik Thomander († 1865), llamado por sus amigos "el nuevo Lutero", fue improvisado en estilo, con una frescura inusual de presentación y Anton Niklas Sundberg († 1900) una poderosa personalidad. Todos ellos tienen una amplia perspectiva, pero especialmente subrayaban la libertad en el púlpito. Un tercer y de alguna manera mayor grupo fue hegemónico en la segunda mitad del siglo y defendió una fuerte ortodoxia luterana. El pionero fue Henrik Schartau, con su apasionado celo por la pura doctrina, quien fundó una escuela homilética y fue influyente en el sur y oeste de Suecia. Estaba lleno de celo evangélico como salvador de almas, aunque no pietista, y sus sermones estaban saturados de argumentación, fruto psicológico, con profundidad mística de contenido y experiencia espiritual, cuidadosamente exegéticos no solamente en el texto sino en el contexto. Con él estuvieron E. C. Bring († 1884), obispo en Linköping y J. C. Bring, director del Instituto de diaconisas en Estocolmo. Avivamentista en tipo fue Levi Lastadius († 1861), mientras que un predicador metodista fue el laico Karl Olof Rosenius († 1868), quien subrayó la gracia.

    François Samuel Robert Gaussen
    François Samuel Robert Gaussen
    El púlpito germano-suizo.
    Los predicadores de la Suiza alemana siguieron la dirección de Bitzius y H. Lang; entre los contribuyentes a la literatura de la predicación estuvieron Konrad W. K. Kambli, A. Hauri, A. Bolliger y B. Riggenbach. G. Benz, en Basilea, y R. Aeschbacher. En la Suiza francesa hombres de prominencia fueron François Samuel Robert Louis Gaussen, Paul Ami Isaac David Bost, Solomon Cæsar Malan y Jean Henri Merle d'Aubigné. Eran todos predicadores del tipo avivamentista. De una clase totalmente diferente era la predicación de Alexander Rodolphe Vinet, en el que la emoción se suprimió en favor del pensamiento agudo que exigía estrecha atención por parte del oyente. Aunque el texto está en el trasfondo, los temas definidos están compuestos en forma maestra, con profunda comprensión de lo que es esencial y con calidez religiosa. Sus ilustraciones proceden de la historia, la naturaleza y la vida, más que de la Biblia y se apoyan sobre una clara comprensión de la esencia y necesidades del alma, de su relación con el tiempo y el mundo y de su búsqueda por la libertad y Dios. Aquí también hay que mencionar a Frank Coulin.

    En Francia y Holanda.
    En Francia, de los círculos que estaban en relación con la escuela de avivamiento suiza surgió Adolphe Monod, posiblemente el primer predicador francés del siglo; su hermano Frédéric es de menor importancia. En el primer rango permanecen Grandpierre y Eugéne Artur François Bersier.

    Adolphe-Théodore Monod
    Mientras que esos representantes ortodoxos son notorios, sería injusto omitir mencionar a seguidores de un método más libre como Athanase Coquerel, padre e hijo. El primero, guiado por el liberalismo francés temprano, fue moderado en tono, extendiéndose el brillo más allá de la rica y plena fluidez del pensamiento, el lenguaje claro e incisivo, al gesto de la pose, a la dignidad del hombre mismo. El hijo fue un líder del protestantismo más libre en Francia, una personalidad genial y versátil. Sus sermones fueron grandemente valorados por su fuerza religiosa y penetración, a las que unió la simplicidad y elegancia. Con esos hombres hay que citar a Ferdinand Fontanes. En Holanda los sermones de la primera mitad del siglo eran esencialmente prácticos. El mérito en primer lugar es de E. A. Borger († 1820), brillante y original, todavía estudiado. El predicador de la corte en La Haya, J. J. Dermout († 1867), fue llamado el Napoleón del púlpito, a causa de la fuerza imperiosa de sus discursos. J. H. van der Palm fue célebre como expositor de la Escritura, siendo conocido como doctor mellifluus por la elegancia de su estilo. Entre los que adornaron el púlpito de los remonstrantes estuvieron Amorie van der Hoeven, padre († 1855) e hijo († 1848), el primero, un brillante orador, publicó un estudio de la elocuencia de Crisóstomo, mientras que el hijo fue más fundamental en pensamiento que el padre. Otros de eminencia fueron J. J. van Oosterzee, J. I. Doedes de Rotterdam, J. P. Hasebroek de Ámsterdam y J. J. L. ten Kate de Middleburg; de fecha posterior fue C. E. van Koetsveld.

    El púlpito católico.

    Primeras características.

    En Alemania sólo muy lentamente el púlpito católico quedó libre de la informe y poco importante respetabilidad que alcanzó en el siglo XIX, tal como se ilustra, por ejemplo, en la obra de Johann Michael von Sailer. La influencia floreciente de la literatura alemana influyó al púlpito católico después de que lo hiciera al luterano. Incluso los brillantes oradores católicos franceses no pudieron influenciar en sus correligionarios en Alemania, tal como lo hicieron en los de Italia. Del mismo modo la corriente filosófica racionalista se abrió paso posteriormente en el catolicismo que en el protestantismo; pero el regreso a una ortodoxia eclesiástica se alcanzó contemporáneamente con el mismo movimiento en el púlpito protestante. El valor de la Iglesia, el papado, la veneración de los santos y por encima de todos la Madre de Dios, eran los principales temas, pero tratados en una forma moderna. Así fue en las primeras décadas del siglo XIX, pero en la segunda mitad del siglo hay tres fases a distinguir: una está enraizada en la dogmática, la segunda estaba bajo la influencia de la filosofía racionalista de la Ilustración y la tercera fue un regreso al espíritu ultramontanista.

    Sermón en el patio de los naranjos, por José Jiménez Aranda
    Sermón en el patio de los naranjos, por José Jiménez Aranda
    A comienzos del siglo XVIII muchos predicadores mezclaron con sus discursos citas de los Padres de la Iglesia, por lo que en algunos casos los discursos eran la mitad en latín. Exponentes de este estilo mezclado fueron el benedictino Placidus Urtlauff, el agustino Samuel Depfer de Viena y el benedictino Sebastian Textor. Otros pronunciaban una serie de sermones que trataban con la moral, cubriendo a veces un considerable periodo; así lo hicieron el capuchino Jordan Annaniensis y el carmelita Pacificus a Cruce. La predicación estaba en su reflujo más bajo, no aprendiendo los hombres de los grandes modelos, de ahí la monotonía de la obra de Xaver Dorn, Maximin Steger, Joseph Angelus a St. Claudia, cuya dicción y figuras pertenecen al siglo XVII. No obstante había presagios de cosas mejores como los discursos de Hermann Schlosser, con quien el acercamiento a una mejor forma se unía a un conocimiento inusitado de la Escritura. Las polémicas anti-protestantes caracterizaron los sermones de Franz Neumayr de Augsburgo y de Alois Merx († 1792); una mejor dicción la empleó Ignaz Wurz de Viena († 1784), así como un excelente estilo y material lleno de sustancia. La influencia de la Ilustración se aprecia en B. Bolzano († 1848), B. M. von Werkmeister y el franciscano Eulogius Schneider († 1794). A. Selmar representó una tendencia utilitarista. Una de las figuras más nobles del púlpito católico fue Johann Michael von Bailer, piadoso, gentil y abierto, cuya teoría de la predicación era que el deber del predicador no residía meramente en estimular la realización del deber, sino proporcionar sustento al alma hambrienta. Exhibió gran claridad, exposición versátil, riqueza de pensamiento, una profunda veneración de Dios, cálido amor por el hombre y una correspondiente paz de alma. Con Sailer permaneció un grupo de hombres que pueden ser llamados de su escuela, en los cuales la universalidad del cristianismo se subrayó contra el catolicismo romano de otros. Entre ellos se pueden mencionar a Michael Nathanael Feneberg, quien predicó una fe hecha fructífera en buenas obras; Xavier Bayr y el altamente capacitado Langenmayr de Augsburgo; el destacado Christoph von Schmid († 1854), fue un escritor para los jóvenes. Solo en el obispado de Habsburgo hubo 60 sacerdotes con esa tendencia. Muy atacado a causa de su predicación de la justicia por la fe fue Martin Boos; Ignaz Lindl fue uno de los predicadores más populares de su día, siendo llamado a San Petersburgo, donde predicó en un brillante e inspirado estilo sermones de alguna manera estáticos en método y contenido, así como en tono milenarista, que produjeron finalmente su separación y edificación de una congregación independiente. Johannes Evangelists Gossner predicó en Munich el evangelio de "Cristo en nosotros y por nosotros", un predicador realmente evangélico en el seno de la Iglesia católica de la que finalmente se salió, atestiguando numerosas colecciones de sermones el auténtico valor de su obra en el púlpito. Hay que mencionar a Aloys Henhöfer y Charles Paschal Telesphore Chiniquy, así como a J. H. Wichern.

    Jean Baptiste Henri Lacordaire
    Jean Baptiste Henri Lacordaire
    Tendencias posteriores.
    Aparte de este movimiento evangélico hay que recordar a oradores tales como G. A. Dietl de Landshut († 1809), rico en ilustración y expresión y al independiente y sugerente T. A. Dereser († 1827), predicador de la corte en Carlsruhe y profesor en Lucerna y Breslau. Todavía más importante desde el punto de vista del púlpito fue el convertido del judaísmo Johann Emil Veith, autor de obras sobre medicina y literatura así como de homilética. Sus sermones son retóricos en estilo, naturales, claros, ricamente ilustrados por la historia, pintorescos, con una pizca de polémica versátil y normales en el arreglo. Con él hay que recordar a hombres como Melchior Freiherr von Diepenbrock, Johannes von Geissel († 1864), Joseph Othmar von Raucher († 1875), arzobispo de Viena, el príncipe-obispo Heinrich von Förster de Breslau († 1881) y a Franz Xaver Dieringer († 1876), profesor en Bonn. En Francia hacia mediados del siglo XIX una figura brillante fue la de Jean Baptiste Henri Lacordaire, mientras que Père Hyacinthe (Loyson) dejó posteriormente el rebaño católico. El púlpito católico posterior tuvo un carácter misionero-eclesiástico, subrayando no las doctrinas del pecado y la gracia de Dios, sino de la Iglesia como institución de salvación y obediencia a sus mandamientos. La Biblia proporcionando el texto tuvo una conexión mucho más ambigua con el sermón que en el púlpito evangélico y el sermón mismo fue poco profundo. Por supuesto no hay falta de sermones que sondean profundamente la verdad cristiana, pero su tipo es más bien excepcional. El método general es práctico y popular, subrayando lo eclesiástico, haciendo referencia a los santos y sus leyendas. Esto tenía su ventaja desde el punto de vista de la gente a la que iba dirigido el material, pero revela la debilidad general del púlpito católico.

    Predicación en lengua inglesa.

    Antes de la Reforma.

    El período anglosajón.
    Huellas del comienzo de la predicación en anglosajón se hallan en la Historia ecclesiastica de Beda. De sus sermones, todos en latín, es el siguiente ejemplo:

    "Había cierto padre de familia, un rey poderoso, que tenía cuatro hijas: una se llamaba Misericordia; la segunda, Verdad; la tercera, Justicia y la cuarta, Paz; de quienes se dice "la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron". Tenía también un hijo muy sabio, con quien nadie se podía comparar en sabiduría. Tenía también un sirviente a quien había elevado y enriquecido con gran honor; porque lo había hecho según su propia semejanza y similitud, y eso, sin que el siervo por su parte hubiera hecho ningún mérito anterior. Pero el señor, como tienen por costumbre tan sabios amos, quiso explorar con prudencia y conocer de cerca el carácter y la fe de su sirviente, si le era fiel o no; de modo que le confió una misión fácil y le dijo: "Si haces lo que te mando, te elevaré a mayores honores; si no lo haces, perecerás miserablemente". El sirviente desobedece y lo entregan a los atormentadores. Misericordia se apiada de él, y ruega por él, pero Verdad y Justicia, se le oponen; y Paz, huye lejos. El padre consulta a su hijo sabio quien, junto con Misericordia, se compromete a resolver el problema, y lo hace. El hombre se salva, y las hermanas se reconcilian. "Así, por lo tanto, por el Mediador de los hombres y los ángeles, el hombre fue purificado y reconciliado y la centésima oveja fue traída al redil de Dios, a cuyo redil, nos trae Jesucristo, a quien sea la honra, y el poder, para siempre jamás. Amén."
    Por la predicación de Paulino en el año 625 "la nación de los umbrios septentrionales, esto es, la nación de los anglos" recibió el cristianismo. Posteriormente Paulino de York trabajó "para convertir a algunos de los paganos al estado de gracia por su predicación." Parece que se dirigió a ellos bien directamente o a través de un intérprete en su propia lengua. Esta obra no fue duradera, pero posteriormente (en 633) el rey Oswald deseó traer de nuevo a los anglos a la fe y solicitó a los escoceses un predicador. Aidan fue enviado desde Iona y su ministerio fue grandemente fructífero. Predicó mediante intérpretes. Un encantador relato muestra que "cuando el obispo, que no era hábil en la lengua inglesa, predicó el evangelio, era agradable ver al rey mismo traduciendo la palabra a sus oficiales y ministros." Otros de los reinos sajones recibieron la palabra mediante la predicación. Entre los predicadores al pueblo común estuvo Cutberto, quien es descrito como un "hábil orador" que se dedicaba a ir a lugares oscuros durante semanas y "atraía al pueblo rústico mediante su predicación y ejemplo a los asuntos celestiales." Beda mismo informa en latín de varios sermones de monjes, de más o menos dudosa autenticidad. Beda también predicó al pueblo en su lengua materna y la tradición informa que su palabra fue con poder. Desde el siglo octavo en adelante hubo mucha predicación por los monjes ingleses en la lengua vernácula, existiendo varias homilías sajonas que proceden de antes y después de la conquista normanda en 1066. Uno de los predicadores era Wulfstan, arzobispo de York († 1023). El profesor Earle (English Prose, p. 383, Londres, 1890), dijo: "De todos los escritores antes de la conquista cuyos nombres nos son conocidos, Wulfstan es el único cuya dicción tiene la más marcada fisionomía." Hay también una colección de traducciones del latín al sajón que llevan el nombre de Elfrico y procede de principios del siglo XI.

    Predicación al pueblo
    El período normando.
    Tras la conquista normanda no hay huellas de predicación a los invasores en su propia lengua, aunque existen sermones latinos de este periodo. Sin embargo, para el pueblo inglés hubo predicación en su propia lengua. Existen muchas homilías anglosajonas de ese tiempo. De los siglos XII y XIII procede la valiosa colección de Morris, Old English Homilies, que contiene muchos ejemplos interesantes de la predicación inglesa de esa época. Durante este periodo al menos cuatro notables prelados destacan como predicadores. Son Ailred de Revesby, Pedro de Blois, quien, a través de un francés, aprendió la lengua inglesa y predicó en ella; Stephen Langton, el famoso arzobispo de York, que en sus primeros años fue un predicador de distinción y el famoso obispo de Lincoln, Robert Grosseteste, un predicador de vigor, igual que fue un polémico prelado. A principios del siglo XIV William de Macclesfield y Walter de Winterbourne fueron predicadores prominentes de la orden dominica en Inglaterra.

    El período pre-Reforma.
    El nombre que sobresale aquí es el de John Wyclif. Su gran obra como traductor de la Biblia y reformador no oscurece la de su predicación. Algunas de sus homilías se han conservado y dan evidencia de su seriedad, saber, agudeza y poder popular. Preparó y envió a muchos predicadores para enseñar al pueblo común en la verdad de la Biblia y darles un evangelio más puro que el recibido a manos de monjes o clero parroquial. Entre el clero eclesiástico de su edad nadie parece haber alcanzado distinción como predicador.

    La Reforma.

    Relato general.
    En Gran Bretaña, como en el continente, el movimiento religioso del siglo XVI estuvo vital y poderosamente relacionado con la predicación. (1) El valor de la predicación como fuerza religiosa vino a ser más altamente estimado tanto por los predicadores mismos como por sus oyentes, lo que mejoró su tono. (2) La predicación se hizo más bíblica. Ahora no sólo se reconocía más claramente la autoridad de la Biblia, sino que se adoptó una interpretación más segura y seria de la Escritura. (3) Inevitable de la predicación fue la controversia que a veces adquirió tonos encendidos. (4) El contenido de los sermones era bastante teológico y bíblico, pero también había mucho razonamiento e ilustración. (5) La predicación buscó al pueblo más que nunca, siendo cada vez menos para mera instrucción del clero. De ahí también que la lengua vernácula se convirtiera en la norma y el latín en la excepción en el púlpito. Esto no sólo se debió a la Reforma, sino que fue aceptado y fijado por ese movimiento. (6) La predicación no escapó totalmente de las formas escolásticas y los métodos alegóricos de la Edad Media, pero hubo una mejora y progreso hacia métodos mejores. (7) La predicación moderna en lengua inglesa es producto de la Reforma. Antes de ese tiempo la predicación inglesa no destacó. Desde entonces tuvo un gran lugar en la historia.

    Latimer predicando a las autoridades civiles en St. Paul Cross, por Sir George Hayter
    Latimer predicando a las autoridades civiles en St. Paul Cross,
    por Sir George Hayter
    Predicadores ingleses.
    John Colet, profesor en Oxford y deán de San Pablo, aunque era erasmista más que luterano, fue un predicador poderoso. Sus clases sobre las epístolas de Pablo en Oxford y su predicación popular en Londres dieron gran impulso a las nuevas ideas. Los traductores de la Biblia, especialmente Tyndale y Coverdale, fueron también predicadores de influencia. Principal entre los predicadores fue Hugh Latimer. Su seriedad, valentía, agudeza, su conocimiento de la Escritura, su perspicaz humor y tacto, su brioso inglés, hicieron de él uno de los grandes predicadores de la historia. Otras tres víctimas de la reacción y persecución de María Tudor en 1555 también fueron notables como predicadores: John Hooper, obispo de Gloucester, quien fue dirigente en y fuera del púlpito y del que unos pocos sermones mordaces y sólidos nos han llegado; Nicholas Ridley, obispo de Londres, quien fue tal vez el teólogo más profundo de todos ellos, pero del que no quedan sermones, aunque su predicación fue grandemente alabada por Foxe y otros; finalmente John Bradford, tal vez el más popular y edificante del grupo, del que quedan unos pocos excelentes sermones. En los primeros años de Isabel hubo algo de escasez de predicadores y predicación. Esto se debió en parte a la persecución precedente, pero también en parte a la cauta política de la reina y su desdén o temor hacia la influencia política desde el púlpito. Dignos de mención son: Thomas Lever, de cuyos sermones se dice que recordaban a los de Latimer en valentía y espíritu; Bernard Gilpin, "el apóstol del Norte" cuya elocuencia y devoción fueron ardientemente alabadas por sus contemporáneos y los arzobispos Edmund Grindal y Edwin Sandys. Pero el mejor predicador entre los prelados de la época de Isabel fue John Jewel, obispo de Salisbury, quien dejó su huella en el púlpito por su saber, elocuencia y devoción.

    George Wishart
    George Wishart
    Los predicadores escoceses.
    La reforma en Escocia estuvo tal vez más directamente promocionada por la predicación que en ninguna otra parte y sin embargo los restos literarios de aquella predicación son muy escasos. Los registros y ejemplos que existen muestran las tres características esenciales de la elocuencia reformadora: Base bíblica, profundidad de convicción y fervor correspondiente en la apelación, y poder popular. Antes de Knox los dos predicadores más mencionados que le prepararon el camino fueron Patrick Hamilton y George Wishart, quienes fueron notorios por su seriedad y persuasión, muriendo como mártires por sus convicciones. No hay que olvidar a John Rough († 1557), el primer ministro de los refugiados reformados en St. Andrews, quien introdujo a Knox al ministerio allí. De John Knox mismo, hacedor y escritor de historia, patriota y estadista, teólogo reformador, lo principal que se puede decir es que por encima de todas esas facetas fue un predicador. Todo lo que queda de los sermones salidos de su pluma es uno, pero las noticias y resultados de su predicación lo sitúan en un lugar de primer rango entre los grandes. Entre sus contemporáneos seguidores estuvieron: John Willock († 1585), tras Knox en poder e influencia; Christopher Goodman († 1603), inglés de nacimiento y educación, pero fiel predicador de la Reforma en Escocia; finalmente James Lawson († 1584), el sucesor de Knox en St. Giles en Edimburgo.

    El siglo XVII.

    Este siglo es denominado "la edad clásica del púlpito inglés." Los importantes sucesos de la época influyeron profundamente en su predicación, siendo el púlpito un factor no pequeño para modelar el pensamiento y acción en todas las esferas de la vida nacional.

    Paganos y puritanos
    Carácter de la predicación.
    La predicación del siglo XVII generalmente, pero menos en Inglaterra que en otras partes, mostró algo de la relación de la frescura y fuerza de la Reforma, aunque manifestó e incrementó las ganancias sustanciales y mucho del espíritu de aquella revolución. La doctrina y la controversia basadas en las Escrituras continuaron siendo un gran elemento del sermón, pero había también mucha apelación a los aspectos espirituales y emocionales de la vida religiosa. En la predicación inglesa aparecen marcadas diversidades. Las diferencias entre anglicanos, puritanos y no conformistas, con una multitud de peculiaridades individuales, llevaron a una rica e interesante variedad en el púlpito. En Escocia, debido a la influencia de Knox y el dominio del presbiterianismo, hubo una mayor uniformidad. No obstante, hubo ciertas características comunes que distinguieron la gran predicación de esta época. Las faltas más deslumbrantes se pueden reducir a tres: (a) Un predominio general, tal vez inevitable aunque llevado demasiado lejos, del espíritu dogmático y polémico; (b) la tendencia a análisis minuciosos y prolijidad tediosa; (c) la afectación hacia la pedantería y la filigrana estropeó una parte de la mejor labor del púlpito de ese tiempo. Por otro lado, las admirables virtudes de esa predicación "clásica" se pueden resumir bajo tres puntos generales: (a) El principio protestante de apelar a la Biblia como autoridad llevó el poder de captar y aplicar la verdad bíblica; (b) el lugar y efecto de la predicación como fuerza práctica y reconocida en la vida y asuntos dio a los predicadores un sentido de dominio y poder en su obra; (c) la variedad y espléndido uso de la lengua inglesa determinó su rango, como uno de los instrumentos más nobles de proclamación religiosa nunca conocidos.

    Richard Baxter
    Predicadores prominentes.
    (1) Ingleses. Se pueden dividir en dos grupos bien definidos de anglicanos por un lado y puritanos y no conformistas por otro. Los anglicanos se dividen en un primer grupo y otro posterior. Entre los primeros se pueden citar al obispo Lancelot Andrewes, en cierta manera pesado y pedante, pero vigoroso con una tendencia al misticismo; John Donne, en la primera etapa de su vida cortesano y poeta pero posteriormente fue un devoto y serio predicador, en alguna manera entregado a los conceptos y elaboraciones poéticas; Joseph Hall, obispo de Exeter y Norwich, puro y dulce de espíritu, encantador en el lenguaje con un ligero exceso de ornamento y el elocuente defensor del protestantismo, William Chillingworth. El segundo grupo existió en los tormentosos tiempos de la República, Restauración y Revolución, siendo principal entre los grandes Jeremy Taylor, maravillosamente dotado en elaboración y dicción, erudito y piadoso; Isaac Barrow, matemático, erudito, teólogo, pensador profundo y exhaustivo, con una riqueza y fuerza de dicción bien adaptada a sus métodos mentales; Robert South, tajante y luchador en espíritu y lenguaje, pero claro e interesante; finalmente John Tillotson, moderado en temperamento y pensamiento, fuerte sin ser poderoso, claro sin demasiada belleza, un modelo de sentido común. De los puritanos se puede mencionar a Thomas Adams, poderoso en pensamiento y de vigoroso estilo, llamado el "Shakespeare de los puritanos"; Thomas Goodwin, devoto, imaginativo, fuerte y el siempre memorable pastor y serio predicador en Kidderminster, Richard Baxter. Entre los independientes están el gran teólogo John Owen y el poderoso pensador John Howe. Un presbiteriano inglés de primera importancia fue Edmund Calamy, predicador popular en Londres. Los bautistas tienen los dignos nombres de John Bunyan, Vavasor Powell, un poderoso predicador galés y Benjamin Keach, un entendido y capaz pastor en Londres.
    (2) Escoceses. El presbiterianismo fue la religión establecida de la Escocia reformada y entre los fieles predicadores del tiempo estuvieron Alexander Hamilton († 1646), bien preparado, pacífico y capaz pastor en Edimburgo; David Dickson, pastor, predicador, profesor; Samuel Rutherford, autor de las bien conocidas Letters devocionales, una rara mezcla de predicador devoto y duro controversista.
    (3) Americanos. Varios hombres de Oxford y Cambridge fueron a Nueva Inglaterra, tanto puritanos como independientes, y llevaron la característica predicación inglesa de la época, que pronto se convirtió en realmente americana. Algunos de esos primeros teólogos de Nueva Inglaterra fueron Francis Higginson, John Eliot, Thomas Hooker, John Cotton, Richard Mather, John Davenport y Roger Williams. El hijo y nieto de Richard Mather, Increase (1639) y Cotton, nacieron en Boston y son los primeros predicadores notables americanos nacidos allí. Pero la predicación distintivamente americana es la del siglo XVIII y posterior.

    El siglo XVIII en las islas británicas.

    Sermón de George Whitefield, de John Collett
    Sermón de George Whitefield, de John Collett
    Introspección.
    En este período prevaleció un tono bajo de la religión, por lo que ha sido denominado "la noche oscura del protestantismo." El efecto de la época produjo una baja vitalidad en la moral y el ministerio, racionalismo en el púlpito, con una predicación insípida y sin vida, incluso entre la ortodoxia. Pero no todo fue oscuro, pues hubo entre los cristianos una buena levadura de fe y devoción y en este siglo llegó el gran avivamiento bajo Whitefield y Wesley. Aparece una considerable diversidad en tipos de doctrina, métodos y espíritu de individuos y grupos. La moral recibió gran énfasis. En teología las ideas relajadas hallaron expresión en el unitarismo; el arminianismo tuvo un poderoso surgimiento mediante Wesley, pero el calvinismo tuvo capaces exponentes entre los evangélicos y los seguidores de Whitefield. Los métodos de predicación y estilo variaron naturalmente con los individuos. Comparada con la época anterior era de menor artificiosidad y pedantería, pero con cierta pérdida de vida, belleza y poder. Los predicadores ingleses nunca habían dado tanta atención a la predicación expositiva como los reformadores en el continente y los sermones de clase tópica eran los más frecuentes en Inglaterra. Algunas huellas de rigidez y análisis y severo escolasticismo permanecían, pero la tendencia es hacia una presentación más popular y simple de la verdad. En general el estilo del siglo XVIII es majestuoso y solemne, algunas veces pesado y pomposo.

    John Wesley predicando
    John Wesley predicando
    Predicadores prominentes.
    (1) Católicos. En Inglaterra la Iglesia católica tuvo un distinguido representante del púlpito en John Milner († 1826). En Irlanda el obispo Doyle fue un admirado orador, diciéndose que fue el primer predicador irlandés católico de distinción que usó la lengua inglesa. Walter Blake Kirwan comenzó como católico pero se hizo protestante. Fue un hombre de destacada elocuencia.
    (2) Iglesia anglicana. El laxo y mundano grupo está representado por Jonathan Swift († 1745) de Dublín y Lawrence Sterne, rector de Sutton; ambos se distinguieron más en literatura que en el púlpito. La ortodoxia eclesiástica incluyó a Francis Atterbury, obispo de Rochester, quien fue más llamativo que profundo; Joseph Butler, obispo de Durham, autor de Analogy y de una serie de sermones sobre ética cristiana; Samuel Horsley, obispo de St. Asaph, poderoso oponente del unitarismo y vigoroso predicador. El grupo evangélico incluyó a George Horns, obispo de Norwich, un agradable y popular predicador; William Grimshawe († 1763), rector en Haworth; William Romaine, estimado pastor principalmente en Londres; John Newton, rector en Olney y posteriormente de St. Mary Woolnoth, amigo de Cowper, escritor de himnos y capaz pastor y predicador. Por encima de todos ellos estuvieron los dos famosos avivamentistas. George Whitefield era de origen humilde, pero logró una titulación en Oxford y fue ordenado. Tenía una maravillosa facultad de elocuencia popular y llevó a miles a Cristo. John Wesley nutrido desde su infancia en la fe cristiana, aunque convertido posteriormente, fue educado en Oxford. Era tranquilo y lógico, pero determinado y poseedor de un don como predicador y organizador, trabajó de manera que no ha sido sobrepasada en la historia de la predicación.
    (3) Presbiterianos. En Inglaterra no se encuentran predicadores distinguidos entre los presbiterianos, siendo Escocia donde el presbiterianismo fue la Iglesia establecida. Los "moderados" incluyeron a John Logan († 1788) y Hugh Blair, autor de Rhetoric. El grupo evangélico contaba con John MacLaurin († 1754) y John Erskine, ambos grandemente estimados como pastores y predicadores. Los "secesionistas" fueron sacados de la laxitud dominante por el piadoso Thomas Boston y los hermanos Ebenezer y Ralph Erskine († 1756, 1754), tres dedicados e influyentes pastores.
    (4) No conformistas. El famoso científico Joseph Priestley fue un predicador capaz, también famoso como teólogo de opinión unitaria. Entre los independientes ortodoxos los dos nombres mejor conocidos son los de Isaac Watts, mejor recordado como compositor de himnos que predicador, y Philip Doddridge, profesor, compositor, escritor, y pastor; hombre de noble carácter y abundante fruto. Entre los bautistas estuvieron el brillante erudito Robert Robinson, el juicioso y sólido teólogo y misionero Andrew Fuller y el ferviente William Carey, cuyo histórico sermón ante la asociación Northampton en 1792 dio un poderoso impulso al moderno movimiento misionero.

    Predicador exhortando a la gente
    Predicador exhortando a la gente
    El siglo XVIII en Norteamérica.
    La predicación puritana de Nueva Inglaterra, con su autoridad bíblica, su teología calvinista, su elevación intelectual y ética, su escolasticismo ponderado y su solemne seriedad, forma la base de la predicación americana general. Pero las condiciones de vida sociales, políticas y religiosas en el Nuevo Mundo comenzaron pronto a operar importantes modificaciones en el desarrollo de su impulso original, aunque sin destruir su fuerza. Entre las cualidades obvias más distintivas de la predicación americana se pueden citar: (1) Su destacada variedad, que hace casi imposible una caracterización general. La gran combinación de denominaciones cristianas se reflejó en el púlpito. También la vida social, pionera, rural, urbana, produjo diferentes tipos de ministerio. Igualmente la intensa vida política americana no dejó de ejercer su influencia sobre la predicación. Esto promovió (2) la libertad que ha caracterizado al púlpito americano a lo largo de toda su historia. "Liberty of prophesying" ha sido su lema en América. (3) Un elemento de primera importancia en la predicación americana ha sido su énfasis en la evangelización. Los predicadores americanos no han concebido su misión como docente solamente, sino también en la proclamación del evangelio. Las labores e influencia de George Whitefield en América lo capacitan para ser citado en este apartado también. Jonathan Edwards fue el más eminente predicador americano de su época. Filósofo y presidente de una institución docente, fue también un predicador de admirables dones de mente y corazón. Tras él su hijo Jonathan Edwards Jr. y su nieto, Timothy Dwight, ambos distinguidos como teólogos y predicadores. Otros congregacionales fueron Joseph Bellamy y Ezra Stiles, misionero a las Indias; Samuel Davies, pastor rural en Virginia y luego presidente de Princeton. Los presbiterianos tienen los honrosos nombres de David Brainerd, quien murió a la edad de 36 años, un noble y admirable predicador cuyos sermones fueron publicados y reconocidos como modelos; la destacable familia Tennent, de la que Gilbert fue el más importante, un "terrible predicador", austero, pero vigoroso. De los bautistas hombres tales como James Manning, Daniel Marshall, Oliver Hart, John Gano, John Leland y Samuel Stillman, hicieron su obra a mediados y finales de ese siglo. Los metodistas tuvieron al entregado Francis Asbury, quien fue principal entre los fundadores del metodismo americano y predicador de considerable poder.

    El siglo XIX en las islas británicas.

    Charles Simeon predicando en un granero
    por Frederick Pegram
    El primer tercio del siglo, 1801-83.
    Todos los elementos de la vida nacional respondieron a los vigorosos movimientos de esta gran época. El púlpito sintió el impacto del tiempo y no hay predicación mayor en la historia moderna que la de las islas británicas durante el siglo XIX. Los movimientos en las esferas política, social y literaria influenciaron al púlpito. También estuvo el toque directo de las actividades benéficas y religiosas de la época, entre las que destacan las organizaciones misioneras y filantrópicas. En pensamiento religioso las tres facciones eclesiásticas, posteriormente distinguidas como "baja", "ancha" y "alta" Iglesia, comenzaron a aparecer en este período. La idea "evangélica" del cristianismo fue dominante en el púlpito y en los bancos de la iglesia. Pero bajo el liderazgo de los unitarios y unos pocos pensadores en la Iglesia de Inglaterra ayudados por otras influencias, hubo una tendencia decidida hacia las ideas "liberales". Algunos hombres influyentes en la Iglesia establecida también estaban preparando el camino para la llegada del movimiento sacramentario. Respecto al estilo, hablando en general, el del siglo XVIII, formal, dignificado, artificial, todavía era prevaleciente. En cuanto a influencia el púlpito era estimado. El grupo evangélico de la Iglesia de Inglaterra estaba dirigido por Charles Simeon, estimado pastor en Cambridge durante 50 años; no era un pensador profundo, sino un dotado predicador de poder espiritual. De la escuela eclesiástica era Henry John Rose, un predicador que dejó huella. Entre los pioneros de la "Iglesia ancha" estuvieron Richard Whately, arzobispo de Dublín, hombre y autor notable y el famoso maestro en Rugby, Thomas Arnold, cuyos sermones a los muchachos muestran su grandeza de naturaleza y mente. Los presbiterianos de diversas tendencias tuvieron algunos hombres distinguidos. El elemento unitario en Inglaterra estuvo encabezado por Thomas Belsham. Los moderados en Escocia tuvieron algunos líderes, mientras que la facción evangélica estaba bien representada por Andrew Thomson.

    Thomas Chalmers
    El brillante pero errático Edward Irving atrajo multitudes durante su breve carrera en Londres; pero el predicador presbiteriano más grande de este período fue Thomas Chalmers, notable por lo exhaustivo y sublime de su pensamiento, estilo arrollador y carácter elevado. Es difícil clasificar al excéntrico Rowland Hill, que fue ordenado diácono en la Iglesia anglicana, simpatizante en teología con los metodistas calvinistas y fue pastor de la famosa capilla Surrey (independiente) en Londres; raro, pero auténtico y sincero, fue un predicador renovado y poderoso. Los independientes tuvieron al piadoso y útil William Jay, durante largo tiempo pastor en Bath; no profundo pero excelente predicador de fuertes convicciones evangélicas y escritor de temas devocionales. El más importante predicador metodista del tiempo fue el eminente teólogo y secretario de misiones Richard Watson. Entre los bautistas el admirable y en su momento popular ensayista John Foster predicó con algo de éxito y el admirable galés Christmas Evans fue un predicador de imaginación poderosa y fervor, aunque el primer rango fácilmente pertenece al eminente Robert Hall, filosófico en intelecto, altamente cultivado, elevado en estilo, maestro del relato, devoto en espíritu y uno de los grandes del púlpito inglés.

    Mediados del siglo, 1833-69.
    La obra literaria y científica de un orden elevado fue característica de la época, constituyendo un poderoso estímulo para la predicación. También hubo mucho pensamiento y movimiento en la religión, lo que natural y profundamente influenció a la predicación. No hay que pasar por alto los movimientos hacia una más plena libertad en la religión. La influencia de la especulación filosófica, científica y crítica se sintió fuertemente en la modificación de las ideas religiosas. Hubo una mejor exégesis de la Escritura, pero menos estimación por su autoridad.

    Predicación en una abarrotada iglesia londinense en el siglo XIX
    Predicación en una abarrotada iglesia londinense en el siglo XIX
    Las reformas sociales estimularon y fueron de la mano con las actividades evangelizadoras y misioneras y hallaron defensores en el púlpito. Hubo una gran variedad de pensamiento y método en grupos e individuos, pero la tendencia general del púlpito iba en la dirección de la libertad de convencionalismos, más adaptabilidad a la gente, sin perder el vigor intelectual o la fuerza de convicción. Entre los católicos los cardenales Wiseman, Manning y Newman fueron eminentes prelados, pero sólo Newman se distinguió especialmente como predicador, lo que sucedió antes de que entrara en el catolicismo. Sin embargo, en Irlanda hubo sólo unos pocos predicadores capaces, tales como Thomas N. Burke, el arzobispo Walsh, el padre Mathew, gran predicador de la temperancia, el padre Boyle y Thomas J. Potter. En la Iglesia de Inglaterra el grupo evangélico contó con el retórico, popular y serio canónigo de San Pablo, Henry Melvill; Hugh McNeile († 1879), irlandés de nacimiento y educación, conmovedor y tierno en el discurso, amado como rector en Liverpool y deán de Ripon. Las ideas de la "alta Iglesia" fueron firmemente defendidas por el poco convencional pero altamente estimado Walter F. Hook, atractivo predicador en Coventry y Leeds, y deán de Chichester. Aquí también se cuentan los líderes de Oxford, John Keble, E. B. Pusey y J. H. Newman, de los que el último fue el mayor en el púlpito. Como predicador era profundo, intenso, magnético, con una personalidad atractiva y gran dominio de la expresión.

    Frederick William Robertson
    Frederick William Robertson
    Tres hombres bastante diferentes pero influyentes han de reconocerse en la acción de la Iglesia liberal: Julius Hare, devoto, culto y dulce; F. D. Maurice, profundo e independiente en teología, con una mente muy influyente y el sensible y valiente F. W. Robertson, cuyos sermones fueron leídos mucho tiempo después de su muerte, teniendo amplia influencia. Entre los independientes estaban John Angell James de Birmingham, buen pastor y de agradable pensamiento, aunque no profundo como predicador; James Parsons de York († 1877), un claro e intenso pensador de poderosa declamación, muy demandado como predicador en ocasiones especiales; Thomas Binney, un líder práctico y pensador de peso y fuerza en el púlpito. Dos hombres bien conocidos entre los metodistas fueron Jabez Bunting, sólido líder y predicador y W. M. Punshon, popular y ampliamente eficaz. Los presbiterianos tuvieron a John Cumming de Londres, cuya elocuencia atrajo multitudes para escuchar sus famosos sermones sobre profecía; Henry Cooke de Belfast, irlandés, un vigoroso profesor y predicador; las distintas ramas del presbiterianismo de Escocia tuvieron predicadores famosos tales como Thomas Guthrie, R. S. Candlish, John C. Norman McLeod y John Ker. De los bautistas F. A. Cox, B. W. Noel y Willi Brock merecen mención; pero el nombre prominente es el de Charles H. Spurgeon, cuya influencia fue de alcance mundial desde su iglesia en Londres.

    Final del siglo, 1869-1900.
    Una idea general de la predicación británica en ese periodo revela la influencia continuada de la mayoría de las fuerzas que ya han sido descritas. No obstante, la presión de las ideas científicas y críticas fue mayor. Las cuestiones y movimientos sociales fueron más que nunca característicos de la época y del púlpito. El pensamiento teológico fue infinitamente variado y ninguna escuela puede reclamar el dominio. Un grupo de influyentes predicadores místicos surgió del movimiento de Keswick, habiendo mucha predicación evangelística cuyo propósito era llegar a "las masas." En la Iglesia de Inglaterra las ideas evangélicas más antiguas estuvieron justamente representadas por J. C. Ryle, obispo de Liverpool. Un predicador más grande que él fue el agudo y elocuente W. C. Magee, obispo de Peterborough y arzobispo de York.

    Henry Parry Liddon
    Al grupo de la alta Iglesia pertenece el prominente predicador americano de la época, H. P. Liddon. Elevado en carácter, pensamiento y estilo, entendido, amable con sus oponentes, con agradable presencia y voz, fue un maestro del púlpito. Tal vez a esta escuela debe ser asignado el profundo y exhaustivo predicador sobre asuntos difíciles, J. B. Mozley de Oxford. Al grupo liberal perteneció el cultivado deán A. P. Stanley de Westminster y el brillante y versátil F. W. Farrar. Los grandes eruditos J. B. Lightfoot y B. F. B. F. Westcott, ambos obispos de Durham, también estuvieron entre los predicadores eficaces de la época. Los católicos tuvieron varios predicadores de capacidad e influencia, principal entre los cuales fue Bernard Vaughan, quien con gravedad se dirigió a la sociedad popular en Londres y el padre Harper, quien predicó eficazmente una serie de discursos más bien filosóficos. Los bautistas de este período están bien representados por William Landels; Alexander Maclaren, pastor en Manchester, cuyos discursos publicados han sido de inspiración a miles, con su exposición clara, segura y espiritual y aplicación de la verdad bíblica; John Clifford, de Londres, pastor y campeón de la libertad religiosa; John Turner Marshall, Hugh Stowell Brown, Richard Glover y Charles Brown. Presbiterianos de nota fueron John Watson de Liverpool; Alexander Whyte, de Free St. George's, Edimburgo, devoto y místico con especial éxito en el estudio de personajes; George Matheson, el ciego predicador poeta y filósofo y escritor devocional y George Adam Smith, quien con las ideas "avanzadas" de una crítica moderna combinó el fervor y el poder en el púlpito. El metodista principal fue Hugh Price Hughes, activo en reformas sociales así como predicador de gran aceptación y fruto. Con él han de citarse también a M. G. Pearse, un hombre de talento y vigor y al elevado e impactante W. L. Watkinson. Los independientes no se quedan detrás de los demás en número y valor de sus ministerios, estando entre ellos el eminente teólogo y pastor R. W. Dale de Birmingham; el famoso Joseph Parker de Londres, hombre de rara personalidad y convicción; George Campbell Morgan, Reginald John Campbell y Charles Sylvester Horns. Además de los eminentes líderes que han sido citados, hubo muchos otros en todas las iglesias que ayudaron a hacer de los últimos años del siglo XIX un hito en los anales del púlpito británico.

    El siglo XIX en Gran Bretaña.
    En Canadá, Australia y las otras posesiones británicas, aunque con las debidas y necesarias diferencias de entorno y condiciones, la predicación en inglés ha mostrado el mismo carácter que en Gran Bretaña. Las diferentes iglesias y opiniones han tenido sus hombres representativos. No hubo un ministerio numeroso nativo, salvo en Canadá, supliéndose la mayoría de las tierras de origen. Los movimientos del pensamiento moderno tocante a los asuntos religiosos y sociales fueron agudamente sentidos, pero en conjunto hubo una adhesión más cercana a las tradiciones evangélicas. En la India los primeros misioneros, William Carey, Alexander Duff y los obispos Heber y Wilson, predicaron con aceptación a sus compatriotas así como dirigieron operaciones misioneras; no faltaron excelentes predicadores en días posteriores, tales como el obispo J. E. C. Welldon. En Australia y Nueva Zelanda la predicación fue más independiente que la de los misioneros en la India. Algunos nombres notables son los del Dr. Gittos, metodista, y del doctor North, bautista, de Nueva Zelanda, cuya obra fue de largo alcance en aquel país. En Australia los católicos tuvieron al cardenal Morany y los anglicanos al obispo Moorhouse, entre sus principales predicadores. Los presbiterianos alcanzaron un alto nivel, con hombres tales como el rector Harper de Sidney y el doctor Marshall de Melbourne y otros. De los metodistas nombres prominentes fueron los del "padre" Watsford, un fructífero evangelista y del doctor Fitchett, editor y autor. Canadá tuvo ventaja sobre las otras posesiones británicas en el número e independencia de sus predicadores nativos. Algunos de los mejor conocidos fueron Canon Cody entre los episcopales, el doctor Wilkes de Montreal entre los congregacionales, los doctores McDowell, Herridge, Johnston, Milligan y Gordon entre los presbiterianos; Douglas y Potts de los metodistas y Cameron, Wallace, Trotter, McNeill, Farmer, Thomas y otros entre los bautistas. Algunos de ellos y otros no mencionados publicaron sermones y otros escritos, pero la literatura de la predicación en Canadá en ese siglo no es grande.

    El siglo XIX en los Estados Unidos.

    La guerra civil marcó una profunda brecha en la vida nacional y fue causa de una línea divisoria en todos los asuntos, no quedando exentos la religión y la predicación.

    Predicación en una iglesia negra
    Predicación en una iglesia negra

    Predicación al aire libre
    Predicación al aire libre
    Antes de la guerra civil.
    Una investigación general de la predicación en el primer periodo muestra que las principales tendencias de la vida y progreso que comenzaron en el siglo XVIII tuvieron su desarrollo natural. La variedad, libertad, adaptación práctica y franqueza del poder evangelístico continuaron caracterizando el púlpito americano. Respondía a las demandas de una edad de progreso y se mantenía al paso con el crecimiento de la cultura y la religión. Las tradiciones, historia y sermones del período indican que las ideas de la verdad cristiana que son usualmente denominadas "ortodoxas" y "evangélicas", estaban en ascenso, aunque a las opiniones "liberales" no les faltaba proclamación libre y capaz. Los predicadores como clase eran estimados grandemente y tenían una gran influencia. El púlpito era consciente de su poder, capacidad y eficacia. Es probable que las dos décadas desde 1840 a 1860 fueran testimonio de la cumbre más elevada en conjunto de la predicación americana. Entre los católicos se puede citar el obispo England († 1842) de Charleston, y a los arzobispos Spalding y Kenrick. Los episcopales tuvieron hombres tales como G. T. Bedell († 1854), Stephen H. Tyng y sus hijos; el obispo Alonso Potter de Pensilvania y el obispo C. P. McIlvaine de Ohio. Principal entre los unitarios fue W. E. Channing, pastor en Boston, altamente dotado en pensamiento y estilo. Otros unitarios fueron Kirkland, Norton, H. W. Bellows y el agitador y reformador, más que predicador, Theodore Parker. Los congregacionales tuvieron muchos grandes hombres. Nathanael Emmons ya había logrado fama como predicador y teólogo en el siglo anterior, pero su obra e influencia destacadas se produjeron en el siglo XIX. Lyman Beecher, el padre de varios hijos distinguidos, fue un hombre de poder e influencia en el púlpito. Charles Grandison Finney con su tendencia al misticismo fue también un razonador nato, teólogo y presidente de una institución (Oberlin), pero es mejor recordado como un destacado y fructífero evangelista.

    Horace Bushnell
    Horace Bushnell, pastor en Hartford, fue un hombre de mente poderosa e independiente, cuyos sermones dejaron influencia duradera. En la etapa media de su destacada carrera Henry Ward Beecher fue tal vez el más famoso de todos los predicadores americanos; hombre de intelecto agudo y versátil, amplia simpatía, espléndida imaginación, personalidad impactante y además un orador de primer rango. Para los presbiterianos igualmente esta época fue de excelencia en el púlpito. Algunos de sus mejores representantes fueron: Archibald Alexander y su hijo, James W., profesor en Princeton y pastor en Nueva York; Albert Barnes, el comentador, pastor en Filadelfia y James H. Thornwell de Carolina del Sur, educador, teólogo y predicador. A la Iglesia reformada holandesa pertenece el respetado y elocuente George W. Bethune, pastor en Nueva York. Notables metodistas fueron el joven irlandés John Summerfield, llamado "seráfico" por su elocuencia conmovedora; William McKendree († 1835), uno de los primeros obispos metodistas, hombre de gran mente y trabajos; Stephen Olin, fuerte y lógico predicador; John P. Durbin, original e impactante y el exuberante y retórico Henry B. Bascom, uno de los primeros obispos de la Iglesia metodista meridional. A los bautistas tampoco les faltaron notables predicadores, entre los cuales estuvieron William Staughton († 1829), de nacimiento inglés, un orador muy influyente; Andrew Broaddus († 1848) de Virginia, que ejerció tareas pastorales rurales, hombre de noble elocuencia y gran influencia; Spencer H. Cone († 1855), pastor en Nueva York, vigoroso predicador y sólido líder; Francis Wayland, durante un tiempo pastor en Boston pero mejor conocido como presidente de la universidad Brown, un gran predicador de sólido pensamiento y juicio equilibrado y Richard Fuller, de Carolina del Sur y Baltimore, un predicador de personalidad impactante, amplia cultura, profunda piedad y elocuencia dramática.

    Ministro predicando en un púlpito en Boston
    Ministro predicando en un púlpito en Boston
    La guerra civil y el tiempo posterior.
    La mayoría de las características y tendencias mencionadas continuaron con fuerza desarrollada durante la asombrosa era de la expansión y crecimiento del país desde la guerra. Pero algunos asuntos adicionales requieren atención. Las diferencias entre el norte y el sur de tipo social, político, religioso, temperamental, se vieron reflejadas naturalmente más o menos en el púlpito. El norte era más comercial y progresista, el sur más rural y conservador. Había más predicación política reformadora en el norte, pero el sur tenía el equilibrio en su favor de una adhesión devota a la tradición evangélica. En los ejércitos de ambos lados hubo una predicación excelente por capellanes con buenos resultados. Tras la guerra, el norte prosperó y entró en una época de rápida acumulación de riqueza; el empobrecido sur se recuperó muy lentamente y sólo hacia finales de siglo comenzó a recuperar su lugar en la vida nacional. El norte estaba más abierto a las nuevas ideas en ciencia, filosofía y religión. Allí la batalla con la incredulidad científica y crítica, con el influjo de varios pueblos extranjeros y otras influencias modificadoras del pensamiento y la costumbre religiosa se sintieron más profundamente, reflejando el púlpito todas esas cosas. Los modos modernos de pensamiento influenciaron profundamente a la predicación a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cambiando en gran medida el aspecto de la predicación americana en su conjunto. El púlpito quedó menos dignificado, más inclinado a la sensación y el oportunismo y tuvo menos ascendencia sobre el respeto popular que anteriormente. No obstante, tal pérdida no fue total y algunas ventajas tuvieron lugar. La predicación americana ha sido moderna, popular en estilo, agresiva, evangelística y fructífera.

    Phillips Brooks, 1893
    Los episcopales tuvieron excelentes predicadores tales como los obispos Huntington, Doane, Potter, Dudley, Gailor, junto con los doctores Newton, Rainsford, Greer y otros; pero el nombre prominente en el púlpito episcopal de América es el de Phillips Brooks, pastor en Filadelfia y Boston y obispo de Massachusetts, hombre de gran temple, devoto, simpático, culto, refinado y espiritual que llegaba fácilmente a la gente. Los congregacionales tuvieron aún a Beecher en sus años finales e influencia decadente; pero con él estuvieron R. S. Storrs de Brooklyn, W. M. Taylor de Nueva York, N. J. Burton de Hartford; y posteriormente Lyman Abbott, Newman Smith, George A. Gordon de Boston, F. W. Gunsaulus (quien empezó como metodista) de Chicago, Newell D. Hillis de Plymouth Church Brooklyn y el ampliamente conocido evangelista D. L. Moody, hombre directo y sencillo, pero eficaz, no gran pensador, pero profundo en seriedad y sabedor de cómo llegar a grandes asambleas de gente. Los presbiterianos sólo tuvieron algunos grandes hombres tales como John Hall, nacido irlandés, pero pastor en Nueva York, T. DeWitt Talmage, de Brooklyn, sensacional y florido, pero popular y efectivo; el errático pero conmovedor David Swing, de Chicago; el venerable y amado Theodore L. Cuyler; A. T. Pierson, C. H. Parkhurst, D. J. Burrell, M. D. Babcock, G. T. Purves y otros en el norte; en el sur Moses D. Huge, de Richmond y B. M. Plamer de Nueva Orleáns, ambos cultos, admirados y elocuentes. Los metodistas septentrionales están representados por los obispos Matthew Simpson, J. P. Newman, C. H. Fowler, F. T. Bristol y el reverendo L. A. Banks. Los metodistas del sur contaron con algunos nombres de grandes predicadores, tales como los obispos E. M. Marvin, Geo. F. Pierce, A. G. Haygood, A. W, Wilson, J. C. Granberry, J. J. Tigert y C. B. Galloway. A estos también pertenece el sensacional y a veces rudo popular maestro y predicador, Samuel P. Jones, cuya fama y obra los alcanzó parcialmente por sus extraordinarios métodos en el púlpito y también a pesar de ellos. Los bautistas contaron con varios excelentes predicadores durante el período. George C. Lorimer, nacido en Escocia, pero activo en Boston, Chicago y Nueva York, fue un predicador de capacidad asombrosa en el pensamiento y expresión; P. S. Henson, de Filadelfia, Chicago y Boston tuvo un largo y brillante ministerio; otros nombres notables son los de A. J. Gordon, R. S. MacArthur, T. G. Jones, J. L. Burrows, J. R. Graves, B. H. Carroll y J. B. Hawthorns. Pero la preeminencia fue justamente dada por sus colegas al devoto y erudito John A. Broadus, durante corto tiempo pastor en Charlottesville, Virginia, pero mejor conocido como profesor y presidente del seminario teológico Bautista del Sur, en Louisville, autor, erudito, profesor, líder, pero sobre todo un predicador tierno, simple y persuasivo del evangelio.
  • © No se permite la reproducción o copia de este material sin la autorización expresa del autor. Es propiedad de Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo
    Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo c/ Villacarlos, 14 28032 - Madrid
    info@iglesiapueblonuevo.es - Horario de culto: Domingo 11 horas
    Inscrita en el Ministerio de Justicia con el número 015638