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PAGANISMO
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Términos empleados.
El Antiguo Testamento emplea la palabra goyim ("pueblos", "naciones") para designar a los demás pueblos, usándola en un sentido religioso. Otras naciones de la antigüedad tuvieron designaciones similares para pueblos de otras creencias, pero sólo tenían significado étnico o nacional, tal como el barbaroi de los griegos o el airya o arya por el que los indios e iranios se distinguían de los demás. Un nombre para otros pueblos, fundado sobre diferencias religiosas, sólo es peculiar de los judíos. El uso del Antiguo Testamento pasó al Nuevo Testamento y a las versiones latina y gótica, donde ethnē, gentes, thiedos se emplearon para designar a los seguidores de falsas religiones. En el latín posterior el uso de la palabra paganus llegó a aplicarse a los que retenían la antigua fe en tanto distinta de la mayoría cristiana, aunque el sentido original de la palabra pude haber sido simplemente "civil" opuesto a "militar", adquiriendo posteriormente el significado de "rústico" o "campesino" (cf. el gótico haithns). En Alemania desde el tiempo de Lutero el término Heide ha estado en uso para nombrar a todas las religiones, salvo el judaísmo y el cristianismo. Esas dos religiones están históricamente relacionadas, siendo consideradas religiones auténticas o de revelación. Como norma, el islam es también ahora considerada en la categoría de religión de revelación, aunque falsa.

Hércules conducido ante Júpiter, por A. Mengs
Clasificación de las religiones.
En la clasificación de las religiones se ha usado otro término para distinguir las tres religiones mencionadas de las demás, esto es, monoteísmo. No obstante, hay que destacar que el monoteísmo se desarrolló en la fe hebrea y es una tendencia en todas las politeístas, pues en todas ellas hay elementos que se dirigen hacia el monoteísmo y lo mismo se puede decir incluso de las religiones animistas. De hecho, en la mayoría de las religiones se han hecho esfuerzos para descubrir la unidad en medio de la diversidad y pluralidad, aunque esos intentos han fracasado en obtener credibilidad, e incluso donde han obtenido un pequeño éxito se han quedado reducidos a círculos estrechos. Más aún, esos intentos hacia la unidad han evolucionado no hacia el monoteísmo sino hacia el panteísmo. Pero las religiones se pueden clasificar en monoteístas o no monoteístas, aplicándose el término paganismo a las segundas. Se ha suscitado la pregunta de si, entre las religiones paganas, hay que excluir al budismo al pertenece a la categoría de religión atea, a lo que la respuesta es negativa, pues ni por su origen ni desarrollo el budismo es ateo, aunque el auténtico discípulo es totalmente independiente de dioses y no necesita adorarlos. Las religiones paganas se distinguen por el carácter de sus objetos de adoración en politeístas y animistas. Las religiones animistas se distinguen por su fetichismo, en el que los espíritus adorados están estrechamente relacionados con objetos materiales, o con el chamanismo, en el que los espíritus son elementales. En ambas religiones hay adoración de almas y especialmente de los muertos, cuyas almas se considera que tienen poder para bien o para mal sobre los vivos. El límite entre alma y espíritu no puede ser bosquejado claramente. Las religiones animistas subrayan la magia, es decir, el poder de hacer que los espíritus sirvan a la voluntad de los hombres.

Prometeo trayendo el fuego, por Jan Cossiers.
Museo del Prado, Madrid
Las divinidades del politeísmo.
El concepto y la expresión para "dios" es anterior a los sistemas politeístas históricamente conocidos. La cultura de los pueblos indo-germanos antes de sus separación fue ciertamente más elevada que la de muchas tribus actuales, teniendo ya la palabra (y por tanto la noción). De hecho, además de la palabra deva en sus varias formas, los persas y eslavos tuvieron la forma baga o bogu, "señor", mientras que los indios e iranios tenían asura, ahura, "el viviente." Los pueblos semíticos tienen varios nombres para "dios", siendo el más común el o il, cuya etimología es incierta, mientras que "señor" o "rey" se usó tanto para "dios" como para "Dios". De forma similar la civilización de América central tuvo una expresión para "dios". Pero en esos casos no se puede determinar qué era la concepción original, aunque probablemente expresaba no tanto el ser de la divinidad sino su relación con el hombre; no era abstracta sino concreta, denotando un poder personal del que el hombre se sentía dependiente, aunque con la posibilidad de acceso. Algunas veces aparece en la relación de señor y súbdito; también la expresión implica participación en las formas de la naturaleza, como en el caso de deva, "luz", que expone el contraste empleado en la religión indo-germánica y otras entre luz y tinieblas. Pero falta material para el adecuado conocimiento, pues la lengua indo-germánica ha proporcionado pocas palabras que pueden ser consideradas nombres originales de las divinidades; de hecho el sánscrito Dyaus pitar, griego Zeus patēr, latín Juppiter o Diespiter son casi únicas, expresando la idea del dios-cielo. En otras religiones también el dios de los cielos es el más antiguo y en tiempos posteriores la principal deidad. Las divinidades originales indo-germánicas deben haber sido pocas, aunque la comparación de nociones iranias e indias muestra un gran número común en ambas, aunque con muchos cambios introducidos. Dyaus es reemplazado en la India por Varuna, en Persia por Ahura Mazda, "el viviente" o "sabio señor" y junto a este elevado dios hay en ambos países otras seis divinidades estrechamente relacionadas con él. En tiempos históricos todos los pueblos indo-germánicos desarrollaron ricos panteones que incluían no sólo divinidades naturales sino también personificaciones de ideas éticas y religiosas. Incluso en los Vedas las fuentes naturales originales de algunas de las divinidades son parcialmente olvidadas en favor del aspecto ético o religioso, lo mismo que ocurre con las otras ramas de la familia en tiempos históricos. Incluso en el caso de divinidades naturales originales no se puede sostener que esa era la única idea presente y que no se concebían relaciones éticas; de hecho la ética era a veces resultado de la fase de la relación natural con el mundo representada por la divinidad particular, como en el caso de un dios de luz que pelea contra los poderes de tinieblas.

El sátiro en el jardín de las Hespérides, acuarela
y lápiz de color de Néstor M. Fernández de la Torre.
Museo Néstor, Las Palmas de Gran Canaria
Desarrollo del politeísmo.
El politeísmo parece surgir al percibir en la naturaleza una noción de la deidad seguida de una diferenciación del fenómeno natural y una especialización de las funciones de los poderes que las originan. Esto se confirma porque a veces varios dioses se hallan relacionados con el mismo fenómeno, como cuando en la India, Surya, Pushan, Visnú, Tvasthar, Savitar y Vivasvant están todos relacionados con el sol. Un posterior desarrollo acontece al desplegarse nociones puramente éticas en divinidades que no tienen relación con fenómenos naturales. Se ha objetado que tal desarrollo lleva a la adoración de todos los dioses de un círculo en cualquier tiempo o lugar dado, mientras que históricamente, como entre los griegos, sólo algunos de los dioses fueron honrados en cualquier ciudad. Luego el politeísmo sería el resultado de un sincretismo de varios cultos producido por políticas externas u otras circunstancias, que posteriormente significaron una partición de las esferas de la naturaleza entre las diversas divinidades. Pero la comparación muestra que la condición en tiempos históricos entre griegos, eslavos, egipcios, babilonios y otros se debió a la diferenciación en un sistema original de divinidades. La primera tendencia del politeísmo, pues, no es hacia el monoteísmo sino a apartarse del mismo. Las ideas puramente éticas del ser de los dioses no son una consecuencia del politeísmo sino que existen a pesar de ello. El sentimiento religioso demandó de sus dioses omnipotencia, omnisciencia, omnipresencia, rectitud y santidad, atributos que se les dio originalmente, según muestran los cultos, pues la posibilidad de un culto es dependiente de la omnipresencia de la divinidad, por la que los hombres pueden tener acceso a ella. Y lo mismo ocurre con los otros atributos de la divinidad. El modo religioso de considerar las cosas se muestra en que al dios más elevado se le atribuye la deidad absoluta, mientras que muchas veces las otras divinidades son creaciones. El politeísmo muestra no un desarrollo a ideas más elevadas, sino una tosquedad de concepciones. La mayoría de las religiones politeístas ponen aparte lugares especiales para la adoración de deidades por medio de símbolos o imágenes sagradas. Originalmente no eran más que expresiones externas de la presencia de la deidad, pero para la mayoría eran la deidad misma, siendo así adoradas, un ejemplo de lo cual se aprecia en la adoración de imágenes de los pueblos católicos, entre griegos y romanos del primer siglo de nuestra era y en el moderno brahmanismo. El sacrificio, originalmente una expresión de dependencia, se convirtió en un medio mágico, distinguiéndose el culto muy poco del fetichismo y el chamanismo.

Los signos del Zodíaco. Biblioteca Nacional, Matrid
Mitología y adoración de los astros.
Un asunto añadido de importancia es el desarrollo del mito en las religiones politeístas. El mito es la exposición de las ocurrencias y operaciones de la naturaleza bajo el disfraz de los acontecimientos y sucesos de las personas divinas o semi-divinas, hasta donde tienen significado religioso, o al menos puestas en conexión con nociones y usos religiosos. El mito no ha de ser confundido con la saga, que a veces significa lo que ha evolucionado del mito y tiene que ver con héroes más que con divinidades. El mito es generalmente un artículo de fe, cosa que la saga no es, al menos en el sentido religioso. La característica del mito es su antropomorfismo llevado al dominio de la naturaleza, por lo que las operaciones en esa esfera se presentan como actos de la persona con el sentimiento y métodos de los hombres, como cuando la tormenta es descrita como una batalla de una divinidad con las nubes-demonios. El mito permanece asociado con el politeísmo y ha experimentado el mismo desarrollo; igual que los dioses pierden su antigua conexión con la naturaleza, lo mismo le pasa al mito. De ahí que proclaman los actos y suerte de una deidad en la que, como norma, no actúa desde un motivo religioso y por tanto son subversivos de las ideas religiosas. Los mitos originales a veces portan la marca inequívoca de su origen en las operaciones de la naturaleza, siendo luego propuestos como hechos históricos. Se ha de hacer una distinción entre aquellos en los que las divinidades son los actores y aquellos en los que aparecen espíritus elementales. La teoría moderna considera tal cosa etapas en su desarrollo, pero probablemente ya era así en su principio. La adoración de las estrellas, que es casi una especialidad de los semitas, no es una forma original de politeísmo, sino que devino por la identificación de ciertas estrellas con divinidades individuales, de lo cual hay huellas en el Avesta.

Danza del búfalo de los indios mandan,
óleo pintado por George Catlin.
Animismo distinguido del politeísmo
Las dos formas de animismo, fetichismo y chamanismo, tienen en común que no tratan con dioses, sino con espíritus que son objeto de adoración. Los espíritus se distinguen de los dioses principalmente por su número. El politeísmo desarrollado tiene sólo un número limitado de divinidades, mientras que los espíritus del animismo son innumerables. En su mayor parte no tienen nombre; sólo aquellos a los que se atribuye más poder tienen esta distinción. En general esos espíritus nada tienen que ver con la creación, aunque puede haber un gran espíritu al que se le atribuye esa función. No son éticos en su influencia, ya que la prohibición es la esencia de la ley que promulgan. Una segunda distinción entre politeísmo y animismo es que los dioses son considerados benéficos; las divinidades malignas no son originales, sino el resultado de un desarrollo secundario. Por el contrario, los espíritus del animismo son por naturaleza maléficos. Consecuentemente el propósito del culto es diferente. El propósito en el politeísmo es mostrar la buena voluntad de los dioses o recuperar su favor cuando se ha perdido por alguna falta. En el animismo el culto tiene el objetivo de evitar la acción perjudicial de los espíritus o de doblegar tal acción, por la magia, a la voluntad del hombre. Generalmente en el politeísmo el adorador no necesita la intercesión del sacerdote; en el animismo esta ayuda es necesaria, ya que sólo el sacerdote conoce cómo usar la magia. La hipótesis de que el origen de la religión fue el temor a poderes desconocidos estaría justificada si se demostrara que el animismo fue la forma original de la religión. Pero la prueba histórica para ello falta, ya que en ninguna parte es evidente que el politeísmo se haya desarrollado del animismo. De hecho, el animismo de los finlandeses supone un temprano politeísmo. Frecuentemente entre los pueblos politeístas se usa la magia que es decididamente animista junto con reminiscencias de fetichismo. A veces se explica ese fenómeno como evidencia de una animismo y fetichismo anterior del que surgió el politeísmo, pero sin fundamento suficiente. Los encantamientos de la India y Babilonia son politeístas, pero no son más antiguos que la creencia en dioses.

Figura de chamán yupik, c. 1890.
National Museum of the
American Indian, Nueva York
Chamanismo y fetichismo.
El chamanismo, la adoración de espíritus elementales o de las almas de los muertos, es mejor conocido entre los pueblos turanios de Asia, América y Australia. Manifestaciones especiales son el totemismo de los indios americanos y el tabú de los isleños de los Mares del Sur. Un tótem es una animal o planta del que se dice ha surgido un tronco o una familia, que actúa como protector del tronco, mientras que a su vez los individuos del tótem familiar son adorados. El tabú se halla principalmente entre los polinesios y denota la prohibición de ciertos objetos o lugares para uso común porque pertenecen a los espíritus. Tiene importante influencia en las relaciones sociales. El fetichismo, que está confinado a África, es la veneración religiosa de un objeto considerado morada de los espíritus. Las dos formas principales de animismo no pueden separarse totalmente entre sí; además de la adoración de los espíritus ambas comparten el uso de la magia, la adivinación y la adoración de los espíritus de los muertos. El chamanismo tiene muchos elementos fetichistas. Sobre nociones éticas estas religiones no tienen influencia.

La designación de religiones paganas para el politeísmo, chamanismo y fetichismo se basa en su manifestación en términos de su culto; no implica todo el pensamiento y sentimiento religioso de los pueblos que los emplean. El politeísmo, como se ha demostrado, a veces contiene elementos de categoría inferior; el animismo también posee indicaciones de formas más elevadas; pero en cada caso no cambian el carácter general de la religión en cuestión. Numerosos restos del antiguo paganismo se encuentran en la práctica de muchos cristianos, lo que se clasifica bajo el nombre de superstición.

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