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OBISPO
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Obispo es el nombre del superior jerárquico en el sistema de gobierno eclesiástico basado en el episcopado.

El obispado en la Iglesia católica

Consagración de un obispo. Pintura de la escuela valenciana, siglo XV. Museo Bonnat, Bayona, Francia
Consagración de un obispo. Pintura de la escuela
valenciana, siglo XV. Museo Bonnat, Bayona, Francia
Elección y consagración.
En la Iglesia católica el obispo tiene el primer lugar en la jerarquía, no porque pertenezca a un orden separado, sino porque tiene la plenitud del sacerdocio. Las condiciones para la consagración son las siguientes: nacimiento legítimo, edad de 30 años cumplidos, saber eminente y moralidad demostrada. En el caso ordinario del candidato se supone que es también nativo del país y aceptable para el gobierno. La elección de la persona pertenece, en la teoría de la curia, al papa; pero en la práctica se deja generalmente al capítulo, bien por elección, o cuando hay impedimentos canónicos a ser removidos, como es el traslado de otra sede, por postulación; o puede ocurrir por nombramiento del gobierno. El candidato entonces debe recibir la confirmación papal, tras el examen de su actitud. Esto se hace primero por un delegado papal en el lugar de la elección (processus informativus in pártibus electi), tras lo cual tiene lugar una segunda investigación en Roma, por el comité de cardenales señalado para ese propósito (congregatio examinis episcoporum); este segundo examen es llamado processus electionis definitivus in curia. Si ambos son favorables al candidato, queda confirmado, preconizado y puesto en posesión de sus poderes de jurisdicción, aunque no, por supuesto, de aquellos que pertenecen al orden hasta su consagración, que se supone ha de ocurrir en el plazo de tres meses. Es administrada por un obispo designado por el papa, con la asistencia de otros dos obispos o prelados, en la catedral de la diócesis del nuevo obispo. El candidato hace el antiguo juramento de fidelidad al papa (sustancialmente el mismo que fue prescrito por Gregorio VII en 1079), firma la profesión de fe y luego, tras haber sido debidamente consagrado según la forma establecida en el pontifical, es solemnemente entronizado.

Escudo de obispo
Derechos y deberes.
Los derechos o poderes de un obispo pueden considerarse bajo tres encabezamientos: los que pertenecen a su orden, a su jurisdicción y a su dignidad. En cuanto al primero, él tiene toda la jura ordinis de la plenitud del sacerdocio, incluyendo, además de esos poderes que cada sacerdote comparte con él, las prerrogativas episcopales especiales de administrar la ordenación y la confirmación, de consagrar los santos óleos, iglesias y objetos sagrados en general, bendecir abades y abadesas y de ungir soberanos. Los derechos de jurisdicción, en el sentido amplio, abarcan todo el poder del obispo de gobernar su diócesis como su principal pastor. Sin embargo, algunas veces el término lex jurisdictionis se aplica especialmente a sus funciones legislativa y ejecutiva (para la jurisdictio contentiosa y coercitiva, esto es, el poder de escuchar casos y pronunciar e imponer juicio), mientras que la expresión lex dioecesana se refiere a su derecho a las tasas de las diversas iglesias. Esos derechos pertenecen al obispo como tal y respecto a ellos él es judex ordinarius, "el ordinario"; pero tiene otros poderes especialmente delegados como representante del papa. Finalmente, respecto a su dignidad, tiene rango eclesiástico, en virtud de su exaltado oficio, inmediatamente después de los cardenales y lleva varios títulos de honor. En muchos lugares también disfruta de precedencia secular; tiene insignia y vestiduras especiales. A esas prerrogativas están asociados deberes correspondientes, incluyendo no sólo la cura de almas, sino la residencia en su diócesis y una visita a Roma para informar sobre sus circunstancias a intervalos fijos, variando con la distancia. Ya que el obispo es naturalmente incapaz de ejercer todos los derechos y deberes arriba descritos en persona en toda su diócesis, ha tenido siempre asistentes especiales, que en tiempos antiguos eran los archidiáconos y arciprestes, posteriormente su capítulo y varios funcionarios designados, vicarios generales y semejantes, así como, para aquellas cosas que pertenecen al poder del orden, obispos coadjutores o asistentes.

El obispado en el protestantismo.
En las iglesias protestantes no ha sido preservado el episcopado en el sentido católico. En los primeros días de la Reforma en Alemania los ataques de los reformadores no iban dirigidos tanto contra el poder episcopal en sí mismo, sino contra los abusos en su ejercicio; hasta 1525 se debatió la cuestión de bajo qué condiciones los adherentes de la doctrina evangélica podían someterse a los obispos existentes de la Iglesia católica. Las confesiones luteranas de fe reconocen de derecho divino sólo la función pastoral en el oficio del obispo; todo lo demás es de institución meramente humana y puede ser abolido por el mismo poder que lo creó. Sin embargo, ya que no establecieron una forma definida de política eclesiástica ordenada por Dios, se declararon dispuestos a reconocer esos poderes, en tanto los obispos permitieran libertad para enseñar la pura doctrina y tolerar a los sacerdotes que la predicaran. Algunos obispos cumplieron las condiciones y aceptaron la doctrina evangélica, pero esta semblanza del gobierno episcopal no tenía claramente nada en común con el episcopado de la pre-Reforma salvo el nombre y ciertas formas. En todas partes, como en Schwerin y posteriormente en Osnabrück y Lübeck, se usó el nombre obispo definitivamente para un oficial señalado por el poder gobernante, en ningún sentido eclesiástico. El intento de demostrar que la Reforma alemana deliberadamente intentó retener el gobierno episcopal es bastante inútil, aunque la tendencia que la representa tuvo adherentes, entre los cuales estuvieron Federico Guillermo IV y Bunsen. Donde el título ha sido empleado en la moderna Iglesia evangélica de Alemania representa nada más que un superintendente general. Los obispos de Inglaterra, Suecia y Dinamarca no son obispos en el sentido estricto entendido por los católicos.

El obispado en la Iglesia anglicana.
En la Iglesia anglicana hay tres clases de obispos: los diocesanos, que toman su título (con unas excepciones de sedes recién fundadas) de las antiguas diócesis anteriores a la Reforma, sufragáneos, que igualmente llevan títulos territoriales, y ayudantes. Los obispos diocesanos son elegidos nominalmente por los capítulos de sus catedrales, pero prácticamente son designados por la corona, que envía una propuesta al capítulo con el congé d'élire (real permiso al deán y cabildo en sede vacante para elegir el obispo). Los obispos sufragáneos son también propuestos por la corona, mientras que los obispos ayudantes son propuestos por un prelado bajo el que sirven. Su nombramiento es revocable a su voluntad, mientras que el de los sufragáneos es vitalicio. Ninguna de esas clases tiene jurisdicción independiente de su superior. Con la primera extensión del episcopado colonial anglicano, el gobierno inglés procuró demandar los mismos derechos que en la metrópolis, pero renunció a ellos y los obispos coloniales fueron elegidos por el clero o por las asambleas deliberativas de sus diócesis. En la Iglesia episcopal de Estados Unidos, los obispos son elegidos por las convenciones diocesanas, debiendo su elección ser confirmada por una mayoría de los otros obispos y "comités establecidos." Los obispos ayudantes en esta Iglesia se conocen como obispos-coadjutores, teniendo el derecho de sucesión a la muerte del obispo diocesano. En Inglaterra los obispos son "trasladados" frecuentemente de una sede a otra; en Estados Unidos los obispos de jurisdicciones misioneras pueden ser elegidos para una sede diocesana, pero esto es todo. En toda la comunión anglicana se requiere la consagración por otros tres obispos. Cada obispo inglés en su consagración hace el juramento de lealtad al soberano y de obediencia canónica a su metropolitano; en Estados Unidos cada obispo es independiente, sujeto sólo a la ley general de la Iglesia según está formulada por la convención general, siendo el cargo de obispo presidente meramente honorario. En la comunión anglicana la administración de ciertos ritos cuasi-sacramentales (confirmación, ordenación, consagración de iglesias, etc.) está estrictamente reservada al obispo, quien también tiene poder de jurisdicción ordinaria, parecido en alguna medida al ejercido por los prelados católicos. Los dos arzobispos ingleses, los obispos de Londres, Winchester y Durham y la mayoría de los demás obispos, como "señores espirituales" tienen escaño en la cámara de los Lores. La Iglesia episcopal metodista también tiene sus obispos, que son elegidos en el número requerido por la conferencia general. Tienen jurisdicción en toda la Iglesia, no estando confinada a diócesis o distrito, aunque por razones prácticas la conferencia general designa residencias episcopales en sus sesiones cuatrianuales. Sus funciones son puramente ejecutivas, presidiendo conferencias, ordenando distritos para los ancianos que presiden, fijando predicadores y, especialmente, viajando para promover los intereses espirituales y temporales de la Iglesia. No hay distinción de orden reconocida entre ellos y otros ministros.

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