en la web en la Biblia
 
           
MUERTE
Guardar como Pdf Guardar como Pdf
Imprimir Imprimir
Enviar este enlace por e-mail a un amigo Enviar este enlace por e-mail a un amigo
Ver más Enciclopedia Ver más Enciclopedia
 

La muerte, grabado de Gustavo Doré
Diversas representaciones.
Entre los griegos, Thanatos, o muerte, se representó como un dios y el hermano gemelo del sueño (Hesíodo, Homero), esforzándose por excluir todo lo que se alzara contra esa idea. Sin embargo, la representación en un periodo posterior, bajo la figura de un sacerdote con indumentaria negra, cortando el cabello de las cabezas de los muertos para ofrecerlo a los dioses subterráneos, delata el pavor natural a la muerte común al género humano. Los romanos presentaron prominentemente las temibles características, describiendo a la muerte como una divinidad implacable, pálida y demacrada de aspecto, con alas negras, etc. Las mitologías de las naciones septentrionales la presentaron bajo la figura de un ave extendiendo su nido o un segador con una hoz en la mano o un esqueleto. En la Escrituras también queda personificada la muerte, describiéndose su inteligencia (Job 28:22), montada en un caballo amarillo (Apocalipsis 6:8) o arrojada al lago de fuego (Apocalipsis 20:14). La Escritura expresa un sentimiento universal de la humanidad cuando denomina a la muerte el rey de los terrores (Job 18:14) y ocasión de sufrimiento y temor (Salmo 55:4; Hebreos 2:15). Pero también habla de ella como una liberación de la aflicción (Job 3:17), el paso a una vida mejor (2 Corintios 5:4), ser "reunido con el pueblo" (Génesis 25:8), un abandono del tabernáculo temporal (2 Corintios 5:1), un estar con Cristo (1 Corintios 15:18; 1 Tesalonicenses 4:13-15), una partida (Filipenses 1:23; 2 Timoteo 4:6) y un descanso (Apocalipsis 14:13).

La muerte, óleo sobre tabla de Jacek Malczewski.
Muzeum Narodowe, Varsovia
Tres clases de muerte mencionadas en la Escritura.
Hay tres clases de muerte mencionadas en la Escritura: física, espiritual y eterna. La muerte física es la disolución del cuerpo en sus partes componentes. El espíritu parte (Eclesiastés 12:7) y el cuerpo vuelve al polvo del que fue tomado (Génesis 3:19; Eclesiastés 3:20). El tiempo de esta disolución sólo lo conoce Dios (Salmo 31:15; Mateo 25:13). Debe considerarse una benignidad para el hombre justo (Números 23:10; Romanos 7:24), pero una pavorosa calamidad para el impenitente, al que pone en su lugar (Hechos 1:25) y para todos como "la noche en la que nadie puede trabajar" (Juan 9:4). La muerte espiritual es un estado de pecado y tinieblas, en el que el hombre queda alienado de Dios, fuente de vida y luz (1 Juan 1:5), quedando destituido de verdadera vida espiritual. El mundo entero, en la venida de Cristo, estaba asentado en la sombra de esta muerte (Lucas 1:79). Todos los hombres, sin excepción, están muertos en delitos y pecados (Efesios 2:1,5; Colosenses 2:13; cf. Lucas 15:32). Jesús quedó sometido a la muerte del cuerpo, pero estuvo siempre en comunión con el Padre y libre de pecado. La entrada en una vida de fe se denomina levantarse de la muerte (Efesios 5:14) o estar vivo para Dios (Romanos 6:11). La muerte espiritual no es una condición estancada, sino un estado progresivo, en el que el corazón se endurece cada vez más, la visión queda cegada (Juan 12:49; Romanos 1:21), la conciencia cauterizada (1 Timoteo 4:2) y el placer codicioso y el odio a Dios se incrementan (Romanos 1:26-31). La muerte segunda o eterna (Apocalipsis 2:11; 20:6,14, 21:8) significa la pérdida final del poder y oportunidad de arrepentimiento y vuelta a Dios. La personalidad no se destruye, pero la imagen de Dios queda totalmente desfigurada y la bendición celestial perdida. Esta terrible sentencia de la muerte segunda se describe bajo la figura de la exclusión de lo que es bueno (Apocalipsis 22:15; cf. Mateo 25:30) y de un lago de fuego y azufre, al que son arrojados los impenitentes (Apocalipsis 20:14; 21:8). Los que vencen (Apocalipsis 2:11) y son partícipes de la "primera resurrección" (la regeneración, cf. Efesios 5:14, etc.), no recibirán daño de ella (Apocalipsis 20:6). La misma idea la expresan las palabras "perecer" (Juan 3:15), "castigo eterno" (Mateo 25:46), "destrucción" (Filipenses 3:19), "destrucción eterna" (2 Tesalonicenses 1:9) y "corrupción" (Gálatas 6:8).

El origen de la muerte.
El pecado y la muerte están indisolublemente asociados en el Antiguo y el Nuevo Testamento. La muerte no es meramente el fruto natural del pecado (Santiago 1:15), sino su justo castigo o salario (Génesis 2:17; Romanos 6:23) y expresión de la ira divina (Salmo 90:7-10; Romanos 2:5-8). Estamos sujetos a ella porque estamos sometidos a la ley del pecado y en virtud de nuestra unión con Adán (Romanos 5:17; 1 Corintios 15:22). Pelagio y los socinianos negaron que la muerte física estuviera incluida en este castigo, considerando que el cuerpo ya era mortal antes de la Caída. Esta idea contradice el significado de las palabras "el día que comieres, ciertamente morirás" (es decir, comenzarás a morir o te convertirás en mortal, Génesis 2:17), cuando se contemplan a la luz de la maldición en Génesis 3:19 "al polvo volverás". Aunque nuestros primeros padres no volvieron al polvo el mismo día que pecaron, no obstante, el principio de la muerte comenzó entonces a operar en ellos (Agustín, De peccatorum meritis, i. 21).

Últimos instantes de Lutero
La abolición de la muerte.
Cristo ha abolido la muerte (2 Timoteo 1:10). Esto se ha realizado mediante la derrota del que tiene el poder de la muerte (Hebreos 2:14) y el saqueo del reino de tinieblas (Efesios 4:8; Colosenses 2:15). Cristo no pudo ser retenido por la muerte (Hechos 2:24) y triunfó sobre la tumba. Los muertos fueron levantados por la palabra de su poder (Marcos 5:41; Lucas 7:15; Juan 11:44). Vivifica con nueva vida espiritual a quien quiere (Juan 5:21; Efesios 2:5), por lo que la muerte no tiene más dominio sobre nosotros (Romanos 6:9). El que cree en él ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24). La muerte del cuerpo se convierte, para los que han sido vivificados espiritualmente, en un sueño (1 Tesalonicenses 5:14), en un descanso de la tarea (Apocalipsis 14:13), de la que serán levantados a un estado de eterna bendición (2 Corintios 15:21,22; 1 Tesalonicenses 4:13-16). Y es tan efectivo este poder vivificador de Cristo que los que son resucitados por él no pueden morir (Lucas 20:36), siendo tan perfecta la vida en el cielo que no hay muerte allí (Apocalipsis 21:4).

La condición de la muerte.
Si el alma duerme con la muerte del cuerpo hasta la resurrección es algo que Calvino negó en su tratado Psychopannychia (escrito en Orleáns en 1534 contra algunos anabaptistas que sostenían esa opinión). Juan XXII negó la doctrina de la inmediata visión beatífica de los muertos bienaventurados. Su sucesor declaró que esa idea era herética. El Catecismo Menor de Westminster (cuestión 37) declara que los cuerpos de los muertos descansan en sus tumbas hasta la resurrección, pero que sus almas pasan inmediatamente a la gloria. Esta fue la idea de los reformadores.

© No se permite la reproducción o copia de este material sin la autorización expresa del autor. Es propiedad de Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo
Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo c/ Villacarlos, 14 28032 - Madrid
info@iglesiapueblonuevo.es - Horario de culto: Domingo 11 horas
Inscrita en el Ministerio de Justicia con el número 015638