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HELVÉTICO, CONSENSO

Consenso Helvético (Formula consensus ecclesiarum Helveticarum) es el nombre de un credo reformado suizo elaborado en 1675 para protegerse contra las doctrinas enseñadas en la academia francesa de Saumur.

Origen.
La definición estricta y sin compromisos de las doctrinas de la elección y reprobación del sínodo de Dort (1618-19) originaron una reacción en Francia, donde los protestantes vivían rodeados de católicos. Moïse Amyraut, profesor en Saumur, enseñó un universalismo hipotético o condicionado y su colega, Louis Cappel, negó la inspiración verbal del texto hebreo del Antiguo Testamento y La Place rechazó la imputación inmediata del pecado de Adán, por ser arbitraria e injusta. La famosa y floreciente escuela de Saumur tuvo que cerrar por la creciente desconfianza hacía la heterodoxia de la sede, especialmente para los suizos, quienes estaban enviando estudiantes allí. El primer impulso para atacar la nueva doctrina vino de Ginebra. En 1635 Friedrich Spanheim escribió contra Amyraut, a quien el clero de París intentó defender. En el curso del tiempo la herejía de Amyraut echó raíces en Ginebra. En 1649, Alexander Morus, sucesor de Spanheim, pero sospechoso de pertenecer a la facción liberal, fue obligado por los magistrados de Ginebra a suscribir una serie de artículos en forma de tesis y antítesis, siendo el primer germen de la Formula consensus. Su lugar lo tomó Philippe Mestrezat y posteriormente Louis Trouchin, inclinados ambos hacia la tendencia liberal de Francia, mientras que François Turrettini defendió celosamente el sistema ortodoxo. Mestrezat indujo al Consejo de Ginebra a tomar una posición moderada en el artículo sobre la elección, pero los otros cantones de Suiza objetaron a esta nueva tendencia y amenazaron con dejar de enviar sus alumnos a Ginebra. El Consejo de Ginebra sometió y perentoriamente demandó a todos los candidatos la suscripción de los artículos antiguos. Pero los elementos conservadores no estaban satisfechos y se les ocurrió la idea de dejar de esparcir tales novedades mediante el establecimiento de una fórmula obligatoria sobre todos los profesores y predicadores. Tras considerable discusión entre Gemler de Basilea, Hununel de Berna, Ott de Schaffhausen, Heidegger de Zurich y otros, al último mencionado se le encargó redactar la fórmula. A comienzos de 1675 el borrador latino de Heidegger se entregó a los ministros de Zurich; en el curso de ese año recibió una adopción general, siendo añadido en casi todas partes como apéndice y exposición a la Confesión Helvética.

Contenido.
El Consenso consiste de un prefacio y 26 cánones y postula claramente la diferencia entre el calvinismo estricto y la escuela de Saumur. Los cánones uno al tres tratan de la inspiración divina y la preservación de la Escritura. Los cánones cuatro al seis relacionan la elección y la predestinación. En los cánones siete al nueve se muestra que el hombre fue originalmente creado santo y que la obediencia a la ley le habría permitido vivir eternamente. Los cánones 10 al 12 rechazan la doctrina de La Place de una imputación mediata del pecado de Adán. Los cánones 13 al 16 tratan de la predestinación particular de Cristo, ya que él desde la eternidad fue elegido cabeza, dueño y heredero de aquellos que serían salvados por él, de modo que en su momento se convirtió en mediador para aquellos que le fueron otorgados por elección eterna. De acuerdo a los cánones 17 al 20 el llamamiento para elección se produce en diferentes momentos en pequeños y grandes círculos. Los cánones 21 al 23 definen la incapacidad del hombre para creer en el evangelio por su propio poder natural, no sólo moral, por el que podría creer si sólo lo intentara. Según los cánones 23 al 25 hay sólo dos formas de justificación ante Dios y consecuentemente un doble pacto de Dios, llamado el pacto de las obras para el hombre en el estado de inocencia y el pacto a través de la obediencia de Cristo para el hombre caído. El canon final amonesta a aferrarse firmemente a la pura y simple doctrina y evitar vanas habladurías.

Historia posterior.
Aunque el Consenso Helvético fue introducido en todas partes en la Iglesia reformada de Suiza, no pudo mantener su posición ya que era producto del reinante escolasticismo. Al principio, se mostró circunspección y tolerancia hacia la obligación de su firma, pero tan pronto como muchos predicadores franceses procuraron posiciones en Vaud tras la revocación del Edicto de Nantes, se ordenó que todos los que quisieran predicar debían firmar el consenso sin reservas. Una petición del gran elector de Brandeburgo a los cantones reformados, en la que, en consideración a la peligrosa posición del protestantismo y la necesidad de una unión de todos los evangélicos, pedía una nulidad de la fórmula separadora, resultó en que la firma no fue exigida en Basilea después de 1686 y también se abandonó en Schaffhausen y posteriormente (1706) en Ginebra, mientras que Zurich y Berna la retenían. Mientras tanto la tendencia global del tiempo había cambiado. La ciencia secular aguardaba en el trasfondo. El lado ético y práctico del cristianismo comenzó a ganar influencia dominante. El racionalismo y el pietismo minaron los fundamentos de la antigua ortodoxia. Se obtuvo un acuerdo temporal entre las facciones liberal y conservadora, en tanto se decidía que el Consenso no fuera contemplado como regla de fe, sino sólo como norma de enseñanza. En 1722 Prusia e Inglaterra solicitaron a los magistrados respectivos de los cantones suizos la abolición de la fórmula, por causa de la unidad y paz de las iglesias protestantes. La réplica fue evasiva, pero aunque la fórmula nunca fue formalmente abolida, gradualmente cayó en desuso.

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