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FRANCOS
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Francos es el nombre aplicado tras la mitad del siglo tercero a las tribus germánicas que moraban en el curso medio y bajo del Rin, quienes durante el declive del poder romano se convirtieron en los más formidables enemigos del imperio.

Mapa de los reinos bárbaros
A pesar de las sucesivas derrotas lograron hacerse dueños de las posesiones romanas en el bajo Rin, estableciéndose en Batavia, Toxandria u Holanda, Zelanda y Brabante. Entonces aparece una distinción de nombres entre los habitantes de las costas o francos sálicos y los habitantes en las orillas del Rin o ripurianos. En el curso del tiempo la orilla izquierda del Rin, las cuencas del Scheldt y el Somme y el valle del Mosela quedaron bajo su poder; su victoria sobre Siagrio en Soissons en 486 quebrantó el poder romano en la Galia y extendió su autoridad hasta el Loira; su victoria sobre los visigodos en el año 507 les llevó al Garona, mientras que en el este la derrota de los alamanos (496) y de los turingios (531) hizo al Neckar y al Rednitz los límites de su reino. En la orilla oriental del Rin los habitantes permanecieron puramente germánicos, pero en la Galia el elemento franco fue rápidamente absorbido por el romano y los celtas romanizados. El gran episodio en el avance de los francos fue la conversión de su rey Clodoveo en el año 496. Que él no era enemigo del cristianismo desde el principio se demuestra por el hecho de que su esposa era cristiana y que sus hijos fueron bautizados con su permiso. Su propia conversión fue primordialmente impulsada por la creencia de que el paso era necesario para la preservación de su reino. La leyenda de que Clodoveo se convirtió mientras estaba siendo duramente atacado en batalla por los alemanes e hizo voto de bautizarse si el Dios de los cristianos le daba la victoria no tiene fundamento histórico. Al contrario, su conversión parece haber sido el resultado de la deliberación y de las exhortaciones de su esposa cristiana.

Bautismo de Clodoveo, obra en madera anónima, c. 1550.
National Gallery of Art, Washington, EE.UU.
El bautismo de Clodoveo es de primordial importancia en la historia de la Iglesia, al conseguir el apoyo del más poderoso de los reinos bárbaros, asegurando el triunfo del cristianismo entre las tribus germánicas. Más aún, marcó el principio del fin del arrianismo y garantizó la unidad de la Iglesia en occidente. La conversión del rey franco fue seguida por la de su pueblo, pero la fe hizo progresos desiguales en las diferentes partes de sus dominios, principalmente en la Galia, y menos en los territorios germánicos al este del Rin, donde a principios del siglo octavo la mayor parte de los hesse eran todavía paganos. La organización de la Iglesia bajo Clodoveo permaneció sin modificación. Los obispados gálicos y renanos extendieron su influencia más allá del Rin, donde no se habían creado nuevas sedes. La Iglesia permaneció en posesión de los derechos que había disfrutado bajo los romanos, pero en el curso del tiempo el rey logró obtener el derecho de confirmar la candidatura de obispos y convocar asambleas eclesiásticas, poderes que, junto con la restricción de la jurisdicción papal, hicieron de la Iglesia franca una Iglesia verdaderamente nacional, carácter que retuvo a través de todo el periodo merovingio.
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