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DIÁCONO
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Diácono en el Nuevo Testamento (griego, diakonos, "siervo, asistente, ministro", latín, diaconus; también griego diakŏn, latín diacones [plural] en Cipriano y decretos sinodales) en su sentido genérico se usa para todos los ministros del evangelio como siervos de Dios o Cristo (1 Tesalonicenses 3:2; 1 Corintios 3:5; 2 Corintios 6:4; 11:23; Colosenses 1:7; 4:7; 1 Timoteo 4:6), también para los magistrados (Romanos 13:4). En un sentido técnico denota la segunda clase de oficiales de la congregación, siendo la otra la del presbítero-obispo. Los diáconos aparecen primero en el capítulo 6 de Hechos (bajo el nombre de los "siete") y después repetidamente (como en Filipenses 1:1; 1 Timoteo 3:2,8,12). La palabra diakonia, "ministerio", se usó también frecuentemente para los apóstoles (Romanos 11:13) y otros.

Origen del diaconado.
Como los presbíteros, el diaconado cristiano tenía un precedente en la sinagoga judía, que usualmente empleaba tres oficiales para el cuidado de los pobres (cf. Lightfoot, Horæ Hebraicæ y Hechos 6:3). Vitringa y otros lo derivan erróneamente de hazzan (griego, hypēretēs, Lucas 4:20; Juan 7:32), quien era meramente un ayudante. En lo que respecta a Hechos 6:1-6, el cargo surgió por una emergencia especial de la congregación de Jerusalén, a consecuencia de las quejas de los helenistas, o judíos griegos, contra los hebreos, o judíos palestinos, de que sus viudas eran pasadas por alto en la administración diaria (griego, diakonia) en la mesa común. De ahí que los apóstoles, que hasta entonces habían ayudado en este deber, exhortaron a la congregación para que eligieran de entre ellos a siete hermanos y les ordenaron mediante la oración y la imposición de manos. Por tanto, el diaconado como el presbiterio-episcopado, surgió del oficio apostólico, que al principio abarcaba todas las funciones y deberes del ministerio, el ministerio (diakonia) de mesas y de la palabra (Hechos 6:2,4). Cristo sólo escogió apóstoles y les dejó que organizaran su tarea bajo la guía de su Espíritu, de acuerdo a los tiempos y circunstancias, constituyendo oficiales adicionales en la Iglesia según fuera útil y necesario.

Los "siete" elegidos en esta ocasión no fueron comisionados extraordinarios o superintendentes, sino diáconos en el sentido primitivo del término; pues aunque no son llamados "diáconos" en Hechos (que nunca usa esta palabra), su cargo se describe expresamente como "ministerio" (diakonia) o "servir a las mesas." La tradición exegética es casi unánime en favor de esta idea y muchos de los mejores comentaristas la sostienen (Meyer, Alford, Hackett, Lange-Lechler, Jacobson, Howson y Spence, Stokes en Expositor's Bible, sobre Hechos 6:3 y también muy enfáticamente Lightfoot, Philippians, páginas 185 y sgg.). En la antigua Iglesia el número siete era considerado vinculante y en Roma, por ejemplo, ya a mediados del siglo III hubo sólo siete diáconos, aunque los presbíteros eran cuarenta y seis (Eusebio, Hist. eccl., vi. 43; Harnack, TU, ii, páginas 92-97). El número siete fue abandonado en Roma bajo Honorio II [1124-30], siendo designados 18 diáconos, encomendándose a 12 de ellos el cuidado de los pobres, mientras que los seis restantes servían como ayudantes papales en el altar. Sixto V en 1586 finalmente fijó el número de cardenales diáconos en catorce). Hay una diferencia entre los diáconos apostólicos y los eclesiásticos, que fue reconocida por Crisóstomo, Ecumenio y otros; pero los segundos fueron universalmente estimados como sucesores legítimos de los primeros, del mismo modo que los presbíteros fueron los sucesores de los presbíteros-obispos del Nuevo Testamento, aparte de los cambios en sus deberes y relaciones. Los diáconos en la edad apostólica estaban estrechamente asociados con los presbíteros-obispos y siempre subordinados a ellos. Esta estrecha relación de subordinación se mantuvo en la edad post-apostólica.

Deberes en el Nuevo Testamento.
El diaconado fue constituido primero para el cuidado de los pobres y enfermos. Pero este cuidado era espiritual y temporal e implicaba la instrucción y consolación, así como el alivio corporal. Pablo menciona ayudas y ministraciones (griego, antilēpseis) entre los dones espirituales (1 Corintios 12:28). De ahí que la designación de tales hombres para el oficio de diáconos contemplara una vigorosa fe y ejemplar piedad (Hechos 6:3; 1 Timoteo 3:8 y sgg.). Las cualificaciones morales prescritas por Pablo son esencialmente las mismas que las de un obispo (presbítero). De ahí que la transición del diaconado al presbiterado fuera fácil y natural. Esteban predicó y preparó el camino para el ministerio de Pablo a los gentiles y Felipe, otro de los siete diáconos de Jerusalén, trabajó posteriormente como evangelista (Hechos 8:5-40; 21:8). Pero realizaron esta tarea en el ejercicio de un don especial de predicar, que en la edad apostólica no estaba confinado a ningún oficio particular. Los intérpretes patrísticos entendieron el pasaje en 1 Timoteo 3:13 de promoción del oficio de diácono al de presbítero; pero "el grado honroso" que obtienen los que "han servido bien como diáconos" se refiere al honor más que a la promoción. La libertad de la Iglesia apostólica no debería confundirse con el orden eclesiástico fijado de una edad posterior.

Cambio de posición tras la edad apostólica.
Tras la muerte de los apóstoles, durante el misterioso periodo entre 70 y 150 d. C., donde la información es tan escasa, debió haber tenido lugar ese cambio en la organización eclesiástica que está generalmente bien establecido hacia finales del siglo segundo. La Didaché conoce sólo dos clases de oficiales para las iglesias locales: obispos y diáconos; eran elegidos por las congregaciones y recibían honor "junto con los profetas y maestros" (xv, 1-2). Ignacio menciona a los diáconos como parte necesaria del cuerpo gobernante de la iglesia local. Para él los obispos están por encima de sus colegas presbíteros y posteriormente fueron contemplados como sucesores de los apóstoles; los presbíteros, que al principio simplemente eran pastores y maestros, fueron investidos de dignidad sacerdotal ("sacerdote"), que en el Nuevo Testamento aparece como propiedad común de todos los cristianos, y los diáconos eran como los levitas, sujetos a los sacerdotes, como los del Antiguo Testamento. Esos tres oficios constituyeron las tres órdenes clericales (ordines majores o hierarchici) en distinción del laicado.

Un acto de ordenación marcaba la incorporación. Nadie podía ser obispo sin pasar primero por las dos órdenes inferiores, pero en algunos casos un laico distinguido, como Cipriano y Ambrosio, era elegido obispo por aclamación popular y rápidamente pasaba por las tres ordenaciones. Posteriormente quedó asociado el subdiácono con el diácono, siendo declarado miembro de las "órdenes mayores" por Inocencio III (1198-1216). De hecho, la Iglesia católica y el derecho canónico nunca han decidido formalmente si el episcopado es un orden distinto o no. El concilio de Trento no solventó la cuestión, aunque habla de la jerarquía de obispos, sacerdotes y diáconos. Los escolásticos, incluyendo a Pedro Lombardo (Sent., IV. xxiv. 9), Hugo de San Víctor (De sacramentis, II. ii. 5), Tomás de Aquino (Suplementum, xxxvii. 2ª edición de Migne, iv. 1956) y Buenaventura (Breviloqium, vi. 12. edición de Peltier, cii. 327), dicen una y otra vez que el episcopado no es una orden distinta, sino un oficio o función. Ellos estimaban a los presbíteros, diáconos y subdiáconos constituyentes de las tres órdenes mayores. La idea prevaleciente hasta hoy en la Iglesia católica, si no la universal, es que el episcopado es un orden distinto y que el subdiaconado no lo es.

Diáconos en la Iglesia posterior.
Los diáconos continuaron siendo los distribuidores de limosnas de los fondos caritativos de la congregación. Jerónimo los llama "ministros de las mesas y de las viudas." Debían visitar a los ancianos, las viudas, los enfermos y afligidos, los confesores en prisión y procurarles consuelo bajo la dirección del obispo. Pero en el curso del tiempo esta función primaria se convirtió en secundaria, o fue pasada por alto, al ser los enfermos y pobres recogidos en hospitales y casas de caridad, los huérfanos en asilos, teniendo cada una de esas instituciones un oficial apropiado. En cambio otro deber se hizo prominente, esto es, ayudar en la adoración pública, especialmente en el bautismo y en la comunión. Justino Mártir (Apol., lxv) dice que los diáconos distribuían el pan y el vino en la eucaristía, una vez que había sido bendecido por el que presidía el acto y luego lo llevaban a los enfermos. Arreglaban el altar, presentaban las ofrendas del pueblo, leían el evangelio, daban la señal para la despedida de los inconversos y catecúmenos, recitaban algunas oraciones y distribuían la copa consagrada (en ausencia del sacerdote también el pan), pero les estaba prohibido ofrecer el sacrificio. Entre sus privilegios ocasionalmente se menciona el de predicar, según los ejemplos de Esteban y Felipe, pero muy raramente en occidente. Hilario Diácono (pseudo-Ambrosio), en su comentario a Efesios 4:11, dice que originalmente todos los fieles predicaban y bautizaban, pero que en su tiempo los diáconos no predicaban. En algunos casos se les prohibía y en otros estaban autorizados a predicar. El Pontificale Romanum, sin embargo, define sus deberes y privilegios con las palabras "es el deber de un diácono ministrar en el altar, bautizar y predicar." Estaban cerca de los obispos y presbíteros, que estaban sentados en sus sitiales en la iglesia, y eran diputados y consejeros de los obispos, siendo a veces enviados en misiones confidenciales. Esta intimidad les dio una ventaja y provocó los celos de los presbíteros. Las Constituciones Apostólicas (ii. 44) llaman a los diáconos "el oído y ojo, boca, corazón y alma del obispo, que no puede distraerse con muchos cuidados." El archidiácono ocupó una posición un poco inferior a la del obispo, de ahí que es llamado "el ojo del obispo." Él administraba la mayor parte de los asuntos de la diócesis. La edad canónica para el orden del diaconado fue establecida en el año 385 por Siricio, obispo de Roma, en los 30 años, rebajándose posteriormente a los 25, según Números 8:24; el concilio de Trento la redujo a 23 (Sesión xxiii. 12).

En las iglesias protestantes.
En la Iglesia anglicana y la Iglesia episcopal protestante de Estados Unidos los diáconos forman una de las tres órdenes sagradas, igual que en las Iglesias griega y católica. Los cánones requieren la edad de 23 años antes de la ordenación. A los diáconos se les permite realizar cualquiera de los oficios divinos, salvo el de pronunciar la fórmula de absolución y consagrar los elementos de la Cena. En la práctica el diaconado es meramente un escalón para el sacerdocio. Por eso los diáconos son lo que en otras iglesias se les denomina candidatos para el ministerio. El archidiácono en Inglaterra es un sacerdote y un oficial permanente próximo al obispo, con una parte del poder y jurisdicción episcopal: es ex officio examinador de candidatos para las órdenes sagradas y tiene asiento en la convocación. La institución procede de Lanfranco, arzobispo de Canterbury, el primer prelado que nombró un archidiácono en su diócesis (1075).

En la Iglesia luterana "diaconus" es meramente un título, heredado de la Iglesia católica, para clérigos y capellanes asistentes de rango subordinado. A veces son denominados segundo o tercer predicador o pastor. Lutero deseaba la restauración de los diáconos apostólicos para el cuidado de los pobres y la propiedad eclesiástica. En el siglo XIX el nombre, como la forma femenina, "diaconisa", se aplicó en Alemania a los miembros de ciertas fraternidades, organizadas y preparadas para el servicio cristiano general.

En las iglesias reformadas el diaconado apostólico fue reavivado, hasta donde las circunstancias lo permitieran, con diferente grado de éxito. En la Reforma de la iglesia de Hesse (1526) se prescribió que cada pastor (episcopus) debería tener al menos tres diáconos como ayudantes en el cuidado de los pobres. La iglesia de Basilea en 1529 hizo una provisión similar. Calvino estimaba el diaconado como uno de los oficios indispensables de la Iglesia, siendo el cuidado de los pobres (cura pauperum) su deber propio ("Institutos" IV. iii, ix). Las confesiones reformadas reconocen este oficio (Confesión Galicana, artículo 29; Confesión Belga, artículo 30 y 31). En las iglesias reformada holandesa y alemana los diáconos son los que "recogen y distribuiyen las ayudas y otras contribuciones para los pobres, o las necesidades de la congregación y para el sostenimiento del ministerio del evangelio." La Iglesia presbiteriana en Estados Unidos enseña en su forma de gobierno (capítulo seis): "Las Escrituras claramente señalan a los diáconos como oficio distintivo en la Iglesia, cuya ocupación es el cuidado de los pobres y la distribución entre ellos de las colectas que puedan levantarse para su uso. A ellos, también, se les puede apropiadamente entregar la dirección de los asuntos temporales de la Iglesia."

En las iglesias congregacionales o independiente los diáconos son oficiales muy importantes y tienen el lugar de ancianos laicos en las iglesias presbiterianas. Al principio los Padres Peregrinos de Nueva Inglaterra eligieron ancianos gobernantes; pero la costumbre cayó en desuso y sus deberes se dividieron entre el pastor y los diáconos. Cf. H. M. Dexter, Congregationalism of the Last Three Hundred Years, Boston, 1876, páginas 131 y sgg.).

En la Iglesia metodista episcopal los diáconos constituyen un orden del ministerio como en la Iglesia episcopal, pero sin la teoría de jure divino de la sucesión apostólica. Son elegidos por la conferencia anual y ordenados por el obispo. Sus deberes son "(1) administrar bautismos y solemnizar el matrimonio; (2) ayudar al anciano en la administración de la Cena; (3) realizar todos los deberes de un predicador itinerante." Los diáconos itinerantes deben ejercer su oficio durante dos años antes de ser elegibles para el oficio de anciano. Los diáconos locales son elegibles para el oficio de anciano después de predicar cuatro años.

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