Breviario es el nombre del manual católico que contiene lo que se denomina el "oficio divino" o los servicios para las horas canónicas, distinguido del misal, que contiene el servicio del altar y el ritual, con los ritos para la administración de los sacramentos. En su arreglo es práctico, en una bien dividida colección de oraciones con numerosos extractos breves de la Escritura, los Padres y antiguos himnos. Desde el subdiácono hacia arriba, cada clérigo está obligado a recitar todo el oficio diariamente.
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| Breviario Yates Thompson MS 8 ff. 6v-7 |
Las horas canónicas.
El breviario se basa en la idea de realizar, al menos simbólicamente, el mandato apostólico de "orar sin cesar"; toda la vida del cristiano debería ser una continua oración, no sólo en el corazón y las obras, sino también en palabras, ascendiendo en todo tiempo y lugar de la tierra la oración de la Iglesia a Dios. La costumbre de la sinagoga (Daniel 6:10,13) respecto a las horas matutinas y vespertinas así como otros tiempos de oración (Salmo 119:62,164) se tomó como norma. Al principio estaban las tres horas: la tercia, sexta y nona, que correspondían a las nueve de la mañana, el mediodía y las tres de la tarde (cf. Hechos 2:15,46; 3:1; 10:9). A estas se añadieron medianoche, la hora cuando Pablo y Silas oraron en la prisión (Hechos 16:25) y el comienzo del día y la noche. Este arreglo de la oración lo mencionan Tertuliano, Cipriano, Justino Mártir, Clemente de Alejandría y las Constituciones Apostólicas. En el siglo cuarto, Atanasio (De virginitate, xii–xx) habla de siete horas; Gregorio de Nacianzo habla con aprobación de las vigilias nocturnas y los cantos antifonales. Todas esas horas se adoptaron especialmente en los monasterios, tal como Jerónimo (Epist., vii, cviii, cxxx), Basilio y Agustín testifican. Desde los monasterios esas horas de oración (llamadas canónicas al ser parte de la vida canónica) se difundieron a los capítulos catedralicios y colegiatas. Benito añadió la séptima (compline, completorium) y desde el siglo sexto el orden y número de las horas es el siguiente: prima (normalmente a las seis de la mañana), tercia (nueve de la mañana), sexta (mediodía), nona (tres de la tarde) y vísperas (seis de la tarde); completas y laudes son usualmente reconocidas con ellas. Los maitines, correspondiendo a las tres vigilias romanas, se dividen en tres nocturnos e iban originalmente seguidos por las actuales laudes.
Fuentes y revisiones del breviario.
La mayoría de las oraciones para todas esas horas se tomaron de los salmos, a las que se añadieron antífonas, dando a los salmos un sentido especial apropiado para la ocasión. Después se añadieron las peticiones, que tenían la intención de impedir la distracción y excitar la devoción y por lo tanto eran breves. La postura variaba entre estar de pie, sentado y de rodillas. Toda la estructura quedó enriquecida y completada por la adición de otras oraciones, responsorios, versículos, etc. El elemento musical lo proporcionaban los libros oficiales conocidos como antifonarios, especialmente los compuestos bajo Gregorio I y los llamados micrologus (siglo XII). Casiano atestigua que a cada tres salmos en maitines seguían tres lecturas tomadas de la Escritura, los domingos sólo del Nuevo Testamento; más tarde se insertaron vidas de santos y pasajes exegéticos de los más prominentes maestros de la Iglesia. La introducción de himnos simétricos se vio grandemente obstaculizada (concilio de Braga, 553), especialmente en Roma. Tan arbitrarias adiciones hicieron a los oficios demasiado largos y Gregorio VII los redujo; Gregorio IX, Clemente VII, quien tuvo la ayuda del general franciscano, cardenal Quiñones (1536), Clemente VIII (1602) y Urbano VIII (1631) hicieron otras revisiones. El concilio Vaticano I también introdujo algunos cambios.
Contenido del breviario romano.
Actualmente el breviario romano, que ha logrado suplantar muchos usos locales o diocesanos, consiste de cuatro partes, correspondientes a las cuatro estaciones del año. Cada parte, a su vez, tiene cuatro divisiones: (1) Salterio, o servicio ordinario semanal para cada día y hora; (2) el "apropiado de la estación", el servicio para las festividades de Cristo y los domingos de las diversas estaciones; (3) el "propio de los santos", servicio especial para las festividades de santos particulares y (4) el "común de los santos", proporcionando, bajo clases separadas, servicios para aquellos santos que no tienen uno especial. Los apéndices contienen el oficio de difuntos, los salmos graduales y penitenciales, las oraciones por los moribundos y los viajeros y la acción de gracias antes y después de las comidas.
El manual análogo en la Iglesia ortodoxa se llama Horologium. En la Iglesia luterana un servicio similar se realizó a veces en los capítulos catedralicios y colegiatas, para el que las sugerencias de Lutero de 1523 y 1526 proporcionaron una base. Los maitines y vísperas se mantuvieron especialmente. Posteriormente se han hecho intentos, con diverso éxito, para restaurar las otras horas; pero el problema no está resuelto. La Iglesia anglicana, en su Libro de Oración Común, ha hecho uso de importantes porciones del antiguo orden.
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