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Obispado de Basilea es el nombre de la diócesis que probablemente tiene su origen en el período romano. Al lado de Basilea, estaba la ciudad romana de Augusta Rauricorum, que retuvo su importancia hasta bien entrado el siglo IV. La analogía histórica justifica la suposición de que el cristianismo no era desconocido allí y hacia finales del siglo IV la ciudad debe haber entrado en decadencia, ya que la Notitia provinciarum Galliæ no la menciona. Pero como en el siglo VII se sabe de un obispo llamado Ragnachar de Augusta, se puede deducir que el título tenía más antigüedad y cuando lo encontramos también designado como obispo de Augusta y Basilea, se puede suponer que la sede fue trasladada de la antigua localidad decadente a la pujante ciudad de Basilea, que la menciona ya en el año 374 Amiano Marcelino. Por lo tanto, el cristianismo en esta región sobrevivió a todas las tormentas que barrieron esa región en los siglos V y VI. Tras el establecimiento del dominio franco, la diócesis incluía los distritos alemánicos entre el Rin y el Aar, la alsaciana Sudgau, la burgundia Sorengau y la parte nororiental de Elsgau. Sus límites, por lo tanto, estaban formados parcialmente por los dos ríos, parcialmente por una línea trazada desde el Aar hasta el Doubs, de ahí a la falda oriental de los Vosgos, luego a lo largo de sus estribaciones y luego hasta el Rin en Breisach.
El monje benedictino Hatto o Haito, obispo c. 805-822, fue un confiable consejero de Carlomagno y su enviado al emperador Nicéforo en Constantinopla. A finales del siglo X el obispado se convirtió en un principado imperial. Fue en Basilea donde en 1601 Cadalus de Parma fue elegido por los imperiales como antipapa frente a Alejandro II y el obispo Burkhard de Hasenburg (1071-1107) fue uno de los más influyentes consejeros de Enrique IV. También bajo los emperadores Hohenstaufen los obispos de Basilea estuvieron usualmente del lado imperial. Tras el concilio, el siguiente suceso en importancia en la historia de la diócesis fue el estallido de la Reforma, que ocurrió en el episcopado del sabio y piadoso Christopher de Utenheim (1502-27) y a pesar de sus esfuerzos desembocó en muchas turbulencias y finalmente en la supresión del catolicismo en 1529. La universidad fue suspendida y la mayoría de los profesores dejaron la ciudad con Erasmo y Glarean. El obispo se trasladó a Pruntrut y el capítulo a Friburgo, de donde no regresó a la diócesis hasta 1678. Una sucesión de celosos prelados luchó para deshacer la obra de la Reforma. El territorio de la diócesis quedó incorporado a la República francesa y en el Congreso de Viena a los cantones de Berna y Basilea. En 1828 la sede fue creada de nuevo.
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