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ANABAPTISTAS
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Anabaptistas ("rebautizadores") es el nombre peyorativo que les dieron sus oponentes a los miembros de la facción protestante, en los tiempos de la Reforma, que se distinguieron por su oposición al bautismo de niños, que ellos consideraban anti-bíblico y por lo tanto no un verdadero bautismo.

Árbol de la Reforma

Caricatura de los distintos grupos anabaptistas
Caricatura de los distintos grupos anabaptistas
Ellos bautizaban a todos los que se les unieran, pero, según su creencia, esto no era un re-bautismo como les acusaban sus enemigos. En oposición a la doctrina comúnmente sostenida entendían que el bautismo debería ser administrado sólo a quienes pudieran expresar por sí mismos su aceptación de la fe cristiana, de ahí que sus convertidos fueran bautizados realmente por vez primera. Otro epíteto que a veces se les aplicó fue el de "katabaptistas", que quiere decir pseudo-baptistas, como si su bautismo fuera una burla y con una implicación de ahogamiento, lo que fue considerado el castigo apropiado para su conducta y que frecuentemente siguió a su arresto.

Al estudiar este movimiento hay que tener los siguientes hechos en cuenta
(1) Los anabaptistas no inventaron su rechazo del bautismo infantil, pues siempre hubo facciones en la Iglesia que eran anti-paidobaptistas (cf. A. H. Newman, History of Antipedobaptism, Filadelfia, 1897).
(2) Hubo dos clases de anabaptistas, los moderados y los fanáticos. No hacer esta distinción ha provocado confusiones y hecho que los bautistas modernos nieguen su relación con los bautistas de la Reforma, aunque ellos son descendientes lineales del tipo moderado y no tienen razón para avergonzarse de sus antecesores.
(3) Incluso entre los anabaptistas fanáticos hubo soñadores inofensivos; no todos los extremistas estaban dispuestos a establecer un reino de los santos mediante medios poco santos.
(4) La información sobre los anabaptistas muchas veces se deriva de fuentes prejuiciadas y deficientes.

Los anabaptistas moderados.
Fueron el producto de la Reforma en Suiza comenzada por Zwinglio. Poco después de que él empezara a predicar en Zurich la doctrina reformada, en 1519, algunos de sus oyentes, la mayoría personas muy humildes, se reunieron en casas privadas para discutir sus sermones y Zwinglio a veces se juntaba con ellos. Él había establecido como principio que lo que no está enseñado en la Biblia no es ley de Dios para los cristianos y había aplicado este principio al pago de diezmos y la observancia de la Cuaresma. En 1522 esos amigos de Zwinglio le preguntaron dónde encontraba en la Escritura un lugar autorizando el bautismo de niños y si, según su principio, no estaba obligado a abandonarlo. Sin embargo, Zwinglio, aunque al principio vaciló, decidió permanecer con la Iglesia, argumentando que había bastante apoyo por inferencia en la Biblia para la práctica y que era el sustituto cristiano del rito judío de la circuncisión. Sobre este punto se produjo un distanciamiento entre él y sus parroquianos. El pequeño grupo recibió incorporaciones de un carácter deseable, incluyendo a eruditos y teólogos como Félix Manz y Conrad Grebel, quienes social e intelectualmente estaban a la par de los seguidores de Zwinglio. Hübmaier era un visitante. En 1524 como resultado de cartas o visitas de Thomas Münzer y Andreas Carlstadt adoptaron decididas posiciones anti-paidobaptistas; pero la opinión pública en Zurich estaba contra ellos y los magistrados ordenaron el 18 de enero de 1525, tras lo que fue considerado la victoria de la facción eclesiástica en un debate público, siguiendo muchas conferencias privadas, que los anti-paidobaptistas presentaran a sus hijos para ser bautizados y declararon como ley que cualquier padre que rehusara hacerlo fuera desterrado.

Mujer anabaptista quemada en la hoguera
Mujer anabaptista quemada en la hoguera
El 21 de enero prohibieron las reuniones de los anti-paidobaptistas y desterraron a todos los extranjeros que defendían sus ideas. Poco después de esto los anti-paidobaptistas comenzaron a practicar el bautismo de creyentes. En una reunuión compuesta enteramente de laicos uno derramó agua en el nombre de la Trinidad sobre los otros miembros en sucesión, una vez que habían expresado el deseo de ser bautizados y de esta manera, afirmaron, quedó instituido el auténtico bautismo cristiano. Escenas semejantes se realizaron en otras asambleas. Es notorio que sus primeros bautismos de creyentes eran por derramamiento de agua, introduciéndose la inmersión posteriormente. Igualmente en los extensos tratados de Zwinglio sobre el bautismo no discute el modo. Estos primeros bautistas practicaron el derramamiento, aspersión e inmersión según fuera apropiado a su conveniencia y no consideraron el modo un asunto de importancia. Aunque el bautismo de niños fue el primer y principal asunto de diferencia entre los anabaptistas y la facción eclesiástica, había otros de gran importancia. Ellos decían que sólo los que han sido bautizados tras la confesión de fe en Cristo constituyen la verdadera iglesia; pero sus oponentes decían que todas las personas bautizadas que viven en un distrito determinado constituyen la Iglesia estatal. Los anabaptistas mantenían que debería haber una separación entre la Iglesia y el Estado, que ningún cristiano debería llevar armas, hacer juramentos o desempeñar cargos públicos y que debería haber completa libertad religiosa. Todo esto no estaba en sintonía con los tiempos y por lo tanto los anabaptistas fueron considerados enemigos del orden constituido y tratados consecuentemente. El 9 de septiembre de 1527 los cantones de Zurich, Berna y Saint Gall se unieron en un edicto que se puede tomar como ejemplo de su clase. Exponía las razones para perseguir a los anabaptistas, a quienes se consideraba manifiestamente prejuiciados e incluso en parte falsos y luego decretaba la muerte por ahogamiento de todos los que fueran maestros, predicadores itinerantes, dirigentes de conventículos o que se hubieran retractado y luego recaído. Los extranjeros asociados con los anabaptistas serían desterrados y si volvían de nuevo serían ahogados. Los adherentes simples serían multados.

Ejecución de la anabaptista María van Monjou. Grabado holandés del siglo XVII
Ejecución de la anabaptista María van Monjou.
Grabado holandés del siglo XVII
Era un deber obligatorio de todos los buenos ciudadanos informar contra los anabaptistas. Medidas similares contra ellos se impusieron en Alemania meridional, Austria, Tirol, Países Bajos, Inglaterra y donde quiera que estuvieran. Tal actitud para reprimir el anabaptismo, como mucho, logró esconderlo bajo la superficie. Pero la ineficacia para extinguirlo se demuestra por el hecho de que a principios de 1537 cuatro anabaptistas de los Países Bajos entraron tranquilamente en Ginebra y comenzaron a hacer convertidos. Juan Calvino, quien no despreciaba ninguna oportunidad para servir a Dios como él lo entendía, tomó cartas en el asunto, siendo desterrados por los magistrados con sus siete convertidos (el incidente está descrito por Beza en su vida de Calvino). Los anabaptistas persistieron en gran número en Moravia, el Palatinado, Suiza, Polonia y otras partes. Sólo en los Países Bajos escaparon a la persecución, siendo allí bastante numerosos. En 1538 se unió a ellos un personaje destacado, Menno Simons, quien los organizó, llegando a ser su dirigente más destacado, hasta el punto de que fueron conocidos por su nombre. Desde los Países Bajos pasaron a Inglaterra, pero poco después de hacer convertidos Enrique VIII los incluyó en un decreto de destierro y a los que se quedaran los amenazó con la muerte. De hecho, en 1535 diez personas fueron quemadas en Londres y en otras ciudades inglesas por la acusación de anabaptistas (cf. John Foxe, Acts and Monuments, edición de Townsend, v, Londres, 1843, p. 44). Del poco éxito que tuvo esta cruel medida es evidencia la continuada presencia en Inglaterra de la Iglesia bautista. Que entre los anabaptistas moderados hubiera personas indignas, que algunos de ellos tuvieran ideas visionarias y que algunos puedan haber sido espoleados a la violencia ocasional en la expresión y posiblemente en la conducta, está demostrado; pero que fueran como facción culpables de las acusaciones contra ellos, tal como se afirma en el edicto mencionado, no es verdad. Por su vida y su conducta merecen, por lo menos, el mismo respeto que sus perseguidores, y sus dirigentes, en conocimiento bíblico y agudeza teológica, no iban a la zaga de sus antagonistas.

Mapa de difusión de los grupos anabaptistas en el siglo XVI
Mapa de difusión de luteranos, calvinistas y grupos anabaptistas en el siglo XVI

Los anabaptistas fanáticos.

Los anabaptistas de Münster bajo asedio
Los anabaptistas de Münster bajo asedio

La primera mención de anabaptistas en relación con la Reforma luterana es en la primavera de 1521 cuando Niklaus Storch, Markus Stübner y una tercera persona, que era un tejedor, como Storch lo había sido, se presentaron en Wittenberg y procuraron convertir a los profesores de la universidad a sus ideas, que eran las clásicas anabaptistas de oposición al servicio militar, a la propiedad privada, al gobierno, al bautismo de niños y al juramento, junto con la novedosa idea de que debería disolverse el matrimonio en los casos donde no hubiera acuerdo en la pareja sobre creencias religiosas. Esas ideas las defendían con gran vehemencia y no poco éxito. También afirmaban que estaban inspirados para hacer sus declaraciones. Al proceder de Zwickau, fueron llamados los profetas de Zwickau. Carlstadt quedó impresionado por ellos, de modo que comenzó las prácticas iconoclastas en su Iglesia. Melanchthon vaciló, pero Lutero, que durante su visita estaba en Wartburgo, quedó tan conmocionado por la confusión provocada que dejó su escondite para oponerse a ellos y silenciarlos por el ridículo más que por argumentos.

Juan de Leiden, Museum Catharijneconvent en Vrije Universiteit, Ámsterdam
Juan de Leiden, Museum Catharijneconvent
en Vrije Universiteit, Ámsterdam
Entre los dirigentes y seguidores del lado campesino en la Guerra del Campesinado que desoló Alemania en 1525, estaban los que sostenían ideas anti-paidobaptistas. Tras la guerra Estrasburgo se convirtió en el centro de los anabaptistas y después de 1529, cuando la visitó Melchior Hoffmann, "el genio malvado de los anabaptistas", se convirtió en centro de su propaganda. Hoffmann unía a las ideas usuales anabaptistas la creencia de que era el intérprete inspirado de la profecía y líder inspirado general. Declaró que él era uno de los "dos testigos" de Apocalipsis 11:3; que Estrasburgo sería la Nueva Jerusalén y sede del dominio de los santos y que podía abandonarse la no resistencia. Predicó esas ideas con gran eficacia por Frisia oriental y los Países Bajos y sus seguidores se llamaron a sí mismos "Melchioritas". Tras ser encarcelado (1533) apareció en Estrasburgo Jan Mathys, un panadero de Haarlem, afirmando ser el otro "testigo" de Apocalipsis; pero él alteró el programa al transferir la capital del reino de los santos a Münster y defender su mantenimiento por la fuerza. Tras enviar cuatro apóstoles, uno de los cuales era el notorio Juan de Leiden, él mismo vino allí (febrero de 1535) y dirigió una revuelta contra la magistratura y el obispo de la ciudad. En abril de 1535 fue asesinado, siendo sucedido por Juan de Leiden, quien se proclamó rey y declaró la poligamia ley del reino. Mientras tanto la ciudad fue asediada por el obispo expulsado, ayudado por los príncipes vecinos y por las tropas imperiales. Si la mitad de lo que se dice sobre lo que se hacía en la ciudad es verdad (los informes vienen de fuentes muy prejuiciadas), el fanatismo estaba a la orden del día. De ahí que la defensa fuera débil, debido a la dependencia del poder divino para que efectuara la liberación. Sin embargo, el sitio duró muchos meses, siendo la traición interna más que el ataque externo lo que al final abrió las puertas de la ciudad el 25 de junio de 1535. Los anabaptistas fanáticos fueron considerados universalmente anabaptistas típicos y hasta el día de hoy cuando la palabra anabaptista se menciona en algunos círculos se la relaciona con la interpretación absurda de la Escritura, la pretensión blasfema y la indecencia descontrolada. Sin embargo, Münster fue sólo el punto culminante del fanatismo, alimentado por la persecución, no siendo responsable el anabaptismo en sí, estrictamente interpretado.

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