en la web en la Biblia
 
           
WESLEY, JOHN (1703-1791)
Guardar como Pdf Guardar como Pdf
Imprimir Imprimir
Enviar este enlace por e-mail a un amigo Enviar este enlace por e-mail a un amigo
Ver más Biografías Ver más Biografías
 

John Wesley, padre del sistema doctrinal y práctico llamado metodismo, nació en Epworth, a 37 kilómetros al noroeste de Lincoln, Inglaterra, el 28 de junio de 1703 y murió en Londres el 2 de marzo de 1791.

John Wesley
Juventud.
La familia Wesley era de un antiguo linaje sajón que retrocedía hasta el tiempo de Athelstan el Sajón, cuando Guy Wesley, o Wellesley, era señor feudal o miembro del parlamento. John fue hijo de Samuel Wesley , graduado en Oxford y ministro de la Iglesia anglicana, quien se casó en 1689 con Susannah, quien era la vigésimo quinta hija de Samuel Annesley, siendo luego ella misma madre de diecinueve hijos. En 1696 Samuel fue nombrado rector de Epworth, donde John, el decimoquinto hijo, nacería. Fue bautizado como John Benjamin, aunque nunca usó el segundo nombre. Un suceso en su infancia fue su rescate, cuando tenía seis años, del incendio de la rectoría. El modo como pudo escapar le dejó una profunda impresión en su mente, refiriéndose posteriormente a ello como 'un tizón arrebatado del incendio' y un milagro de la providencia. Los primeros años educativos de los hijos de la familia fueron impartidos por la madre, mujer de destacada inteligencia y profunda piedad, apta para enseñar y sabia y firme para gobernar. En 1713 John fue admitido a la escuela Charterhouse, Londres, donde durante un tiempo vivió la vida religiosa, metódica y estudiosa en la que había sido criado en el hogar. En 1720 entró en Christ Church College, Oxford (máster en filosofía y letras, 1727), siendo ordenado diácono en 1725 y elegido miembro del consejo rector de Lincoln College al año siguiente. Sirvió con su padre como coadjutor dos años y luego regresó a Oxford para ejercer sus funciones como miembro.

John Wesley y sus amigos en Oxford, por Marshall Claxton
John Wesley y sus amigos en Oxford,
por Marshall Claxton
En Oxford y Georgia.
El año de su regreso a Oxford (1729) marca el comienzo del surgimiento del metodismo, cuando se formó el famoso 'club santo', siendo llamados sus miembros, incluyendo a John y Charles Wesley, 'metodistas' por sus metódicos hábitos. John había tenido durante sus primeros años una profunda experiencia religiosa. Según uno de sus mejores biógrafos, Tyerman, fue a Charterhouse como santo, pero siendo negligente en sus deberes espirituales, salió de allí como pecador. El año de su ordenación leyó a Tomás à Kempis y Jeremy Taylor, comenzando a buscar a tientas las verdades que posteriormente sustentarían el gran avivamiento del siglo XVIII. La lectura de Christian Perfection y Serious Call de Law le proporcionaron una idea sublime de la ley de Dios, resolviendo guardarla interna y externamente, creyendo que en su obediencia hallaría la salvación. Se propuso llevar una vida rígidamente metódica y abstemia; estudiaba las Escrituras y realizaba sus deberes religiosos con gran diligencia, privándose a sí mismo para tener limosnas para dar, entregando su corazón, mente y esfuerzo a una vida piadosa. Cuando en 1735 el gobernador Oglethorpe buscaba un clérigo que 'despreciara los ornamentos y comodidades de la vida, para soportar austeridades y con serios pensamientos' que fuera a Georgia, Wesley respondió, permaneciendo en la colonia dos años y regresando a Inglaterra en 1738, sintiendo que su misión para convertir a los indios y profundizar la vida espiritual de los colonos había sido un fracaso. Sus nociones de la alta Iglesia, su imposición estricta de las reglamentaciones eclesiásticas, especialmente sobre la administración de la comunión, no fueron aceptables a los colonos, dejando Georgia con varias acusaciones pendientes contra él (principalmente hechas con malicia) por supuesta violación de las leyes eclesiásticas.

Camp-meeting metodista en Norteamérica en 1819, por Jacques Milbert.
Camp-meeting metodista en Norteamérica en 1819,
por Jacques Milbert
Conversión; predicación al aire libre.
Durante diez años había luchado contra el pecado, esforzándose por cumplir la ley del evangelio, con la intención de manifestar su justicia, pero, según escribió, no había obtenido libertad del pecado ni el testimonio del Espíritu, porque lo buscaba no por fe sino 'por las obras de la ley'. Había aprendido de los moravos que la fe es inseparable del dominio sobre el pecado y que la paz constante procede de un sentido del perdón, siendo concedida la fe salvadora en un momento. Esta fe salvadora la recibió el 24 de mayo de 1738 en una reunión morava en la calle Aldersgate, Londres, mientras escuchaba la lectura del prefacio de Lutero a la carta a los Romanos, donde se expone la fe y la doctrina de la justificación por la fe. 'Sentí, escribió, 'en mi corazón un ardor extraño. Sentí que confiaba en Cristo, y solamente en él, para mi salvación, y me fue dada certeza de que él había quitado mis pecados'. Dos o tres semanas más tarde predicó un memorable sermón, sosteniendo la doctrina de la salvación personal por la fe, seguido por otro sobre la gracia de Dios 'gratis en todo y gratis para todos'. Nunca cesó, en su carrera posterior, de predicar esta doctrina y la del testimonio del Espíritu. Se unió a la congregación morava en Fetter Lane y en 1738 fue a Herrnhut, sede morava en Alemania, para aprender más de la gente con la que estaba profundamente en deuda. A su regreso a Inglaterra preparó un bosquejo de normas para las ramas en las que la congregación de Fetter Lane estaba dividida, publicando una colección de himnos para ellos. Se reunía frecuentemente en Londres con este y otros grupos, aunque no predicó mucho en 1738, principalmente porque la mayoría de las parroquias anglicanas estaban cerradas para él. Su amigo George Whitefield, el gran evangelista, a su regreso de América, fue igualmente excluido de las iglesias de Bristol y yéndose a la vecina localidad de Kinswood predicó al aire libre, en febrero de 1739, a un grupo de mineros.

Wesley predicando desde la tumba de su padre
Wesley predicando desde la tumba de su padre
Esto era un paso atrevido, dudando Wesley en aceptar la invitación de Whitefield para que hiciera lo mismo. Por fin, venció sus escrúpulos y en abril predicó su primer sermón al aire libre, cerca de Bristol. Le costaba trabajo predicar mediante un método para salvar almas que le parecía 'casi pecado'. Esos cultos al aire libre fueron muy fructíferos, no dudando ya en predicar en cualquier lugar donde pudiera concentrase la gente, incluso usando la tumba de su padre en Epworth como púlpito.

Pasó más de cincuenta años predicando, entrando en las iglesias donde era invitado, tomando su lugar en los campos, salones, granjas y capillas, cuando las iglesias no le recibían. A finales de 1739 hubo una ruptura con los moravos en Londres. Wesley les había ayudado a organizarse en mayo de 1738, uniéndose los convertidos ganados por él, por su hermano y por Whitefield a la congregación de Fetter Lane. Pero al descubrir que habían caído en actitudes que no compartía, como el quietismo, tuvo lugar la separación, de modo que a finales de 1739 Wesley creó una sociedad separada. 'De este modo', escribió, 'sin un plan previo comenzó la sociedad metodista en Inglaterra'. Sociedades similares se formaron pronto en Bristol y Kinswood y en cualquier lugar donde Wesley y sus ayudantes hicieran convertidos.

Predicador itinerante
Predicador itinerante
Persecuciones; predicación de los laicos.
Desde 1739 en adelante Wesley y los metodistas fueron perseguidos por clérigos y magistrados, atacados en los sermones, tratados y libros, acosados por el populacho, a veces en controversias, siempre trabajando entre los necesitados y olvidados, pero creciendo constantemente. Fueron denunciados como difusores de doctrinas extrañas, fomentadores de disturbios religiosos, ciegos fanáticos que descarriaban a la gente, que pretendían dones milagrosos, denigraban al clero de la Iglesia anglicana y pretendían restablecer el papado. Wesley fue frecuentemente acosado, siendo hecha gran violencia contra los metodistas en sus personas y propiedades. Pero viendo que la Iglesia había fallado en su deber de llamar a los pecadores al arrepentimiento, que sus clérigos eran mundanos y que las almas perecían en sus pecados, él se vio llamado por Dios para avisar a los hombres a que huyeran de la ira venidera, no permitiendo que ninguna oposición ni persecución ni obstáculos le impidieran la urgencia y autoridad de su comisión. Los prejuicios de la educación de la alta Iglesia, sus estrictas nociones de los métodos y características de la adoración pública, sus ideas de la sucesión apostólica y las prerrogativas del sacerdote, ni siquiera sus más preciadas convicciones, no pudieron cruzarse en el camino en el que la providencia le dirigía. Sin todavía darse cuenta de que los hombres impíos perecerían en sus pecados e incapaz de alcanzarlos desde los púlpitos de la Iglesia, comenzó a predicar al aire libre. Viendo que él y unos pocos clérigos que la ayudaban no podían hacer la obra que tenía que ser hecha, se sintió guiado a principios de 1739 a aprobar tácitamente la predicación laica, siéndoles permitido predicar y realizar tarea pastoral a hombres que no habían sido ordenados. De manera que una de las principales características del metodismo, a la cual debe mayormente su gran éxito, fue adoptada por Wesley en respuesta a una necesidad.

John Wesley predicando en Old Cripplegate Church
John Wesley predicando en Old Cripplegate Church
Capillas y organizaciones.
Ante la necesidad de tener lugares de adoración, comenzó en 1739 a buscar capillas, primero en Bristol y luego en Londres y en otros sitios. El cuidado de Wesley se incrementó en 1742 mediante el sistema de reuniones metodistas. Para mantener el desorden fuera de las sociedades metodistas estableció un sistema de periodo de prueba, visitando cada sociedad una vez trimestralmente, lo que originó la visitación trimestral o conferencia. Al crecer las sociedades, no pudo continuar su método de instrucción oral, por lo que en 1743 propuso una serie de 'reglas generales' para las 'sociedades unidas' que fueron el núcleo de la disciplina metodista, siendo todavía preservadas intactas en la mayoría de los cuerpos metodistas. Al crecer el número de predicadores y lugares de predicación, era deseable que se discutieran los asuntos doctrinales, consideradas las dificultades y repartidos los territorios de predicación, de modo que los dos Wesleys, con otros cuatro clérigos y cuatro predicadores laicos, se reunieron para evaluarlo en Londres en 1744. Esta fue la primera conferencia metodista. Dos años más tarde, para que los predicadores pudieran trabajar más sistemáticamente y las sociedades recibiran sus servicios más regularmente, Wesley designó 'ayudantes' para circuitos definidos, incluyendo cada uno de ellos al menos treinta nombramientos mensuales. Creyendo que su utilidad y eficacia se incrementarían al ser cambiados de un circuito a otro cada año o dos, estableció el itinerario, insistiendo que los predicadores se sometieran a su reglas. Cuando en 1788 algunas personas objetaron ante los frecuentes cambios, escribió: 'Durante cincuenta años le ha agradado a Dios bendecir el plan itinerante, el último año más que ninguno. No debe ser alterado hasta que yo sea quitado de en medio y espero que permanecerá hasta que el Señor venga a reinar sobre la tierra.'

Carta de Wesley advirtiendo que si los metodistas abandonan
la Iglesia anglicana Dios los abandonará a ellos.
Ordenación de ministros.
Al multiplicarse las sociedades y adoptarse todos los elementos constituyentes de un sistema eclesiástico, la brecha entre Wesley y la Iglesia anglicana se amplió gradualmente. La cuestión de la separación de dicha Iglesia era urgente, por un lado, de parte de los predicadores y sociedades, pero por otro era combatida por su hermano Charles y otros. En 1745 escribió que él y sus coadjutores harían cualquier concesión que sus conciencias le permitieran, a fin de vivir en armonía con el clero, pero que no podían abandonar la doctrina de una salvación interior y presente por la fe solamente, ni cesar de predicar en casas y al aire libre, ni suprimir la predicación laica. Más allá de esto, sin embargo, no estaba dispuesto a ir. 'No nos atrevemos' dijo 'a administrar el bautismo o la Cena sin una comisión de un obispo en la sucesión apostólica'. Pero al año siguiente leyó Lord King on the Primitive Church, convenciéndose de que la sucesión apostólica era una fabricación y que él era 'un episcopos como cualquiera en Inglaterra'. Algunos años mas tarde el Irenicon de Stillingfleet le hizo renunciar a la opinión de que Cristo o sus apóstoles habían prescrito alguna forma de gobierno, declarando válida la ordenación hecha por un anciano. Cuarenta años más tarde él ordenó por imposición de manos, considerando la designación de sus predicadores un acto de ordenación. Cuando el obispo de Londres se negó a ordenar ministros para los metodistas americanos que estaban sin ordenanzas, Wesley ordenó por imposición de manos predicadores para Escocia, Inglaterra y América, con poder de administrar el bautismo y la Cena. Consagró también por implosión de manos a Thomas Coke, presbítero de la Iglesia anglicana, para que fuera superintendente u obispo en América y a un predicador, Alexander Mather, para que ejerciera el mismo cargo en Inglaterra. Designó que tanto Coke como Mather ordenaran a otros. Este acto alarmó a su hermano Charles, quien le exhortó a que se detuviera y considerara que 'había roto el puente' y no amargara sus últimos momentos en la tierra, 'ni dejara una mancha indeleble sobre nuestra memoria'. Wesley declaró que él no se había separado de la Iglesia ni pretendía hacerlo, sino que debía salvar tantas almas como pudiera mientras viviera 'sin cuidarse de lo que pudiera pasar cuando muriera'. De este modo, se regocijó de que los metodistas en América fueran liberados de ataduras con la Iglesia y el Estado, aconsejando a sus seguidores en Inglaterra que permanecieran en la Iglesia establecida, muriendo él mismo en esa comunión.

La buena obra de John Wesley, por Peter Jackson
Defensor del arminianismo.
Wesley fue un gran controversista. La más notable de sus controversias fue con el calvinismo. Su padre fue de línea arminiana, pero John resolvió la cuestión para sí mientras estuvo en el college, declarándose fuertemente contrario a las doctrinas de la elección y la reprobación. Whitefield se inclinaba al calvinismo. En su primera gira por América abrazó las ideas de la escuela de Nueva Inglaterra sobre el calvinismo y cuando Wesley predicó un sermón sobre la gratuidad de la gracia atacando la predestinación como blasfema, por representar 'a Dios peor que el diablo', Whitefield le rogó (1739) que no repitiera o publicara el sermón. Él rehuía una disputa o discusión. 'Prediquemos' dijo 'la salvación gratuita para todos', pero guardando silencio sobre la elección. El sermón de Wesley se publicó y entre las réplicas hubo una de Whitefield. La separación se produjo en 1741. Wesley escribió al respecto que los que sostienen la redención universal no deseaban la separación, pero 'los que defienden la redención particular no quieren oír hablar de ninguna acomodación'. Whitefield, Harris, Cennick y otros fueron los fundadores del metodismo calvinista. Sin embargo, Wesley y Whitefield pronto establecieron relaciones amistosas de nuevo, permaneciendo inalterables aunque trabajaron en diferentes sendas. Publicaciones ocasionales sobre el calvinismo aparecían de mano de Wesley y otros, pero en 1770 estalló de nuevo la controversia con violencia y pasión. Toplady, Berridge, Rowland, Richard Hill y otros estaban alineados en un grupo y Wesley, Fletcher y otros en otro. Toplady era editor de The Gospel Magazine, que estaba repleto de controversia. Wesley en 1778 comenzó la publicación de The Arminian Magazine, no para convencer a los calvinistas, dijo, sino para preservar a los metodistas; no para evidenciar a los oponentes, sino para enseñar que 'Dios quiere que todos los hombres sean salvos'. Una 'paz duradera' no podrá quedar asegurada de otra manera.

Doctrinas.
Las doctrinas que Wesley reavivó, reinstauró y subrayó en sus sermones y escritos son la salvación personal por la fe, el testimonio del Espíritu y la santificación. El segundo lo define así: 'El testimonio del Espíritu es una impresión interna sobre el alma de los creyentes, por la que el Espíritu de Dios testifica directamente a su espíritu de que son hijos de Dios'. De la santificación dijo (1790) que es 'el gran depositum que Dios ha entregado al pueblo llamado 'metodistas', y para propagar esa verdad él los ha levantado'. Enseñó que la santificación es obtenible instantáneamente por la fe, entre la justificación y la muerte. No era 'perfección impecable' a lo que se refería, sino que creía que aquellos que están en 'amor perfecto' no pecan, al estar poseídos por el amor. Su deseo era que esta doctrina fuera constantemente predicada.

John Wesley
John Wesley
Personalidad y actividades.
Wesley era el hombre más ocupado de Inglaterra. Viajaba constantemente, generalmente a caballo, predicando dos o tres veces al día. Formó sociedades, abrió capillas, examinaba y comisionaba a predicadores, administraba disciplinaba, levantaba fondos para escuelas, capillas, asociaciones benéficas, supervisaba escuelas y orfanatos, preparaba comentarios y una vasta cantidad de literatura, dirigía controversias y contestaba a un gran cantidad de correspondencia. Se cree que viajó en el curso de su ministerio itinerante más de doscientas cincuenta mil millas, habiendo predicado más de cuarenta mil veces. El número de obras que escribió, tradujo o editó sobrepasa las doscientas. La lista incluye sermones, comentarios, himnos, una biblioteca cristiana de cincuenta volúmenes y otra literatura religiosa de gramáticas, diccionarios y otros libros de texto, además de tratados políticos. Se dice que recibió no menos de veinte mil libras por sus publicaciones, aunque él usó poco para sí mismo. Murió pobre. Se levantaba a las cuatro de la mañana, vivía simple y metódicamente y nunca estaba ocioso. Era de mediana estatura, bien proporcionado, fuerte, con una mirada brillante y un rostro agraciado. Murió tras un corta enfermedad, en la que tuvo gran paz y gozo espiritual, dejando como resultado de sus labores ciento treinta y cinco mil miembros y quinientos cuarenta y un predicadores itinerantes.

John Wesley
Obra literaria.
La mente de Wesley era lógica. Sus conceptos eran claros y sus percepciones rápidas. Su pensamiento se expresaba fácil y naturalmente con lenguaje puro, terso y vigoroso. Su lógica aguda, auto-control y erudición le hicieron un gran controversista. Escribía con pluma fluida. Sus sermones escritos se caracterizan por la sinceridad espiritual y la simplicidad. Son doctrinales, pero no dogmáticos; expositivos, argumentativos y prácticos. Sus Notes on the New Testament (1755) son luminosas y sugerentes. Tanto sus sermones como las notas están en el curso de estudios metodista. Fue un predicador fluido, persuasivo y poderoso, produciendo asombrosos resultados. Predicaba generalmente improvisadamente y con brevedad, aunque ocasionalmente más detenidamente, usando sólo manuscritos en ocasiones especiales. Como organizador fue eminente. Sabía bien cómo dirigir y controlar a las personas, cómo alcanzar sus propósitos. Tenía en sus manos los poderes de un déspota, pero supo usarlos no para provocar rebelión sino para inspirar amor. Su misión fue difundir 'la santidad bíblica', usando los medios y planes que la providencia le indicó. El curso que se trazó lo continuó, sin permitir que nada le apartara del mismo. Las Obras en prosa de Wesley fueron primero recopiladas por él mismo (32 volúmenes, Bristol, 1771-74). Las obras poéticas de John y Charles aparecieron en Londres, edición de G. Osbom, 1868-72. Sus Diarios (publicados originalmente en veinte partes, Londres, 1740-89) son de gran interés; The Doctrine of Original Sin (Bristol, 1757, en réplica a John Taylor de Norwich); Appeal to Men of Reason and Religion (publicada originalmente en tres partes; 2ª edición, Bristol, 1743), una elaborada defensa del metodismo, describiendo con gran vigor los males de los tiempos en la sociedad y la Iglesia; Plain Account of Christian Perfection (1766).

De su sermón titulado The Poverty of Reason es el siguiente pasaje:

'La razón, por muy cultivada y mejorada que esté, no puede producir el amor de Dios, que evidentemente procede de él; no puede producir ni fe ni esperanza, de las cuales únicamente puede fluir este amor. Es, pues, solamente cuando "miramos" por fe, "cuál amor nos ha dado el Padre", al enviar a su único Hijo para que no nos perdamos, sino que tengamos vida eterna, cuando "el amor de Dios es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado." Entonces "nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios", y entonces "le amamos porque él nos amó primero." ¿Qué papel desempeña la razón fría en este asunto? Puede presentarnos hermosas ideas; puede trazar un bello cuadro de amor; pero todo esto es sólo un juego pintado, y la razón no puede ir más allá. Yo hice la prueba durante muchos años. Hice colección de los más hermosos himnos, oraciones y meditaciones que pude encontrar en todos los idiomas; y los recitaba, cantaba o leía vez tras vez, con toda seriedad y atención; y a pesar de ello, era como los huesos en la visión de Ezequiel: "la piel cubrió por encima de ellos: m?.s no había en ellos espíritu". Y como la razón no puede producir el amor de Dios, tampoco puede producir amor hacia el prójimo; una benevolencia serena, generosa y desinteresada hacia cada hijo de los hombres. Esta buena voluntad, franca y firme, hacia nuestros semejantes nunca brotó de ninguna fuente sino de la gratitud hacia nuestro Creador, y si esto es (como lo supone un hombre ingenioso) la misma esencia de la virtud, se sigue que la virtud no puede existir si no brota del amor a Dios. Por lo tanto, como la razón no puede producir este amor, tampoco puede producir virtud. Y como no puede conceder ni fe, ni esperanza, ni amor, ni virtud, tampoco proporciona felicidad, desde que, separada de éstas, no puede haber felicidad para ninguna criatura inteligente. Es cierto que, los que están desprovistos de virtud pueden tener placeres, tales como son; pero felicidad no tienen, ni pueden tenerla. No:
"Su júbilo es todo tristeza;
Vanidad su regocijo;
Locura hay en su risa, Y en su placer, dolor".
¿Placeres? ¡Sombras! ¡Sueños! ¡Raudos como el viento! ¡Inmateriales como el arco iris! ¡Tan poco satisfactorios como el alma que suspira, "Como los vivos colores de una nube oriental". ¡Ninguno de ellos aguanta la prueba de la reflexión; si aparece el pensamiento, las burbujas explotan.'
© No se permite la reproducción o copia de este material sin la autorización expresa del autor. Es propiedad de Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo
Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo c/ Villacarlos, 14 28032 - Madrid
info@iglesiapueblonuevo.es - Horario de culto: Domingo 11 horas
Inscrita en el Ministerio de Justicia con el número 015638