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TICONIO
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Ticonio fue un donatista africano de la última parte del siglo IV. Es mencionado primero por Genadio, quien le sitúa entre Rufino († 410) y Sulpicio Severo († después de 420), señalando que fue entendido en las Escrituras, historia y ciencias profanas, lleno de celo por la Iglesia y autor de De bello intestino, Expositiones diversarum causarum, así como de un libro conteniendo siete reglas para la exégesis e interpretación espiritual del Apocalipsis. Negó el futuro reinado de mil años de los justos en la tierra tras la resurrección, sosteniendo que la doble resurrección descrita en Apocalipsis denotaba, por un lado, el crecimiento de la Iglesia, cuando los que fueran justificados por la fe serían reavivados en el bautismo de la mortandad de sus pecados, al servicio de la vida eterna y, por otro lado, la resurrección general de toda carne. Genadio también señala que Ticonio era contemporáneo de Rufino y que floreció durante el reinado de Teodosio y sus hijos. El único escritor posterior que añade información sobre él es Johannes Trithemius, quien proporciona una larga lista de los escritos donatistas, mencionando tres libros de De bello intestino y aludiendo también a 'numerosas cartas a diversas personas y muchas otras cosas' (De scriptoribus ecclesiasticis, xcii).

Las reglas exegéticas de Ticonio (MPL, xviii. 15-66) fueron expuestas en detalle y comentadas por Agustín en De doctrina Christiana (iii. 30-37), recibiendo de ese modo una aprobación que les aseguró larga influencia. La primera regla 'sobre el Señor y su cuerpo' muestra cómo, cuando la cabeza y cuerpo (o Cristo y la Iglesia) son presentados en una persona, se puede determinar con certeza lo que se dice de cada cual. Por ejemplo, 'la piedra que golpeó la imagen' según Daniel 2:35 es Cristo y 'el gran monte' en que se convirtió es la Iglesia. La segunda regla 'sobre el doble cuerpo del Señor' trata con la división en buenos y malos, por lo que cuando la Iglesia es descrita como 'morena, pero codiciable' (Cantares 1:5) el primer adjetivo se refiere a su lado malo y el segundo al bueno. La tercera regla 'sobre las promesas y la ley' muestra como, aunque nadie es justificado por las obras de la ley, algunos han cumplido la ley y han sido justificados. La cuarta regla 'sobre especies y géneros', trata con esos pasajes de la Escritura en los que hay una transferencia de especie a género o viceversa. Como en las palabras de Cristo 'los muertos... que oigan vivirán' (Juan 5:25), refiriéndose a la primera, o resurrección espiritual, mientras que 'todos los que están en las tumbas... saldrán' (Juan 5:28) alude a la segunda, y general, resurrección. La quinta regla 'sobre los tiempos' proporciona la medida mística del tiempo en la Biblia, ya sea por sinécdoque o por fórmulas numéricas. En el caso de la sinécdoque los tres días entre la muerte y resurrección de Cristo (Mateo 12:40) implican que la hora de su entierro significa el día entero y la noche precedente, mientras que la hora de la noche en la que se levantó significa la noche entera y el día siguiente, interviniendo un día entero y una noche entera entre ambas partes. El juego de números incluye el siete, diez y doce, junto con sus cuadrados y múltiplos de diez. La sexta regla 'sobre la recapitulación' afirma que lo que parece ser una continuación de una narrativa, en realidad se refiere bien a lo que recientemente ha tenido lugar como a lo que ocurrirá en el futuro; y la séptima regla 'sobre el diablo y su cuerpo' subraya la importancia de determinar, en cada caso, si lo que se dice sobre el diablo se refiere a él mismo o a su cuerpo.

Esas reglas fueron prácticamente aplicadas por Ticonio en su comentario sobre Apocalipsis, que fue preservado en manuscrito en la biblioteca del monasterio de San Gall hasta el siglo IX. Pero como ha desaparecido, debe ser reconstruido de los extractos preservados por exégetas posteriores de Apocalipsis. A ellos pertenecen los cinco libros del comentario de Primasio sobre Apocalipsis, obispo de Hadrametum (MPL, lxviii. 793-936>), siendo complementados por los diez libros del comentario de Ambrosio Autpert, que fue seguido por Alcuino (MPL, c. 1086-1156) y Haimo de Halberstadt (MPL, cxvii. 937-1120), siendo este último la fuente de Glossa ordinaria (MPL, cxiv. 710-752) de Walafrido Etrabón. Casiodoro en Complexiones in epistolas et Acta Apostolorum et Apocalypsis, también cita brevemente a Ticonio; Beda en Explanatio Apocalypsis (MPL, xciii. 130-206) cita explícitamente el comentario de Ticonio sobre ciertos pasajes. Igualmente Jerónimo incorporó ciertos pasajes de Ticonio en su revisión al comentario de Victorino de Petau. Las homilías pseudo-agustinianas sobre el Apocalipsis (MPL, xxxv. 2415-52) son extractos en los que se ha despojado de su carácter donatista a Ticonio, con adiciones de Victorino; del mismo modo, todo donatismo ha sido expurgado de los fragmentos sobre Apocalipsis 2:18-4:1 y 7:10-12:6, preservados en un manuscrito de Turín y editados en Spicilegium Casinense, III, i. 261; (Monte Cassino, 1897). Una de las fuentes más importantes para una reconstrucción del comentario de Ticonio es el comentario del Beato de Liébana (ed. E. Flores, Madrid, 1770), quien escribió en 776 y unió en su obra las tendencias más divergentes de exégesis latina sobre Apocalipsis. Finalmente, la heterogénea producción titulada Etherii et Beatii adversus Elipandum (MPL, xcvi. 894-1030) contiene no sólo fragmentos del comentario de Ticonio, sino también de De bello intestino, un hecho que es de la mayor importancia, ya que esta última obra sería desconocida de otra manera. La dificultad de la reconstrucción del comentario de Ticonio por las fuentes enumeradas, yace en la determinación que el texto presenta en cada ejemplo no sólo del pensamiento, sino también de las palabras de Ticonio.



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