Nerón fue emperador romano desde el año 54 al 68 d. C. Nació en Antium, a unos 50 km. de Roma, el 15 diciembre del año 37 y murió cerca de Roma el 9 junio del 68.
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| Moneda romana con la efigie de Nerón |
Su nombre está asociado con la primera gran persecución de los cristianos conocida en la historia e inmediatamente conectado con la conflagración que asoló Roma durante seis días y noches, comenzando con la noche del 19 de julio de 64. Esos sucesos ocurrieron en el periodo más oscuro de la vida de Nerón y aunque es incierto cuán fundadas estaban las sospechas populares y las acusaciones directas de los historiadores romanos de que él deliberadamente causó el incendio, hay mucha vivencia, tal como su política de reedificar y embellecer la ciudad, para creerlo. En cualquier caso, la conflagración fue expiada mediante la sangre de los cristianos a los que presentó como culpables del desastre ante el pueblo, una vez que los intentos de aplacar a la población fracasaron. La razón precisa por la que los cristianos fueron escogidos especialmente como víctimas propiciatorias no está clara. Sin embargo, es seguro que no fueron los celos de la emperatriz Popea a causa de la supuesta amante cristiana de Nerón, Acte, como supuso Aubé; o por un motivo religioso de hacer a los cristianos chivos expiatorios por despreciar los templos romanos de su destrucción, como sostuvo Renan. Tampoco puede mantenerse la teoría de Hilgenfeld de que la persecución se debió al temor instintivo del paganismo ante su venidera sentencia, pues el cristianismo entonces no era contemplado todavía como "religión prohibida". Por tanto, parece ser que un factor primordial en la selección de los cristianos fue el odio popular hacia los judíos y los orientales en general, quedando los cristianos envueltos porque eran considerados por los paganos como una secta judía. No obstante, la situación se complicó por las expectativas mesiánicas de los judíos que les empujaron a proclamar el juicio divino sobre los paganos y a estimar como tal visitación la quema de la metrópolis mundial. Por otro lado, los cristianos, con su expectativa de una segunda venida, esperaban la destrucción del mundo por fuego (cf. Minucio Félix, Octavius, xi. 1; Apocalipsis 18:9 sqq.), lo que añadía una base para la sospecha de que podían haber provocado la conflagración. La restricción de la acusación no se debió a acusaciones judías, como algunos han pensado, sino al hecho de que, por un lado, la población judía de Roma era muy grande y que los judíos ya estaban intensamente prejuiciados contra los romanos, y, por otra parte, que los cristianos eran considerados los más grandes fanáticos y culpables de graves vicios, además de ser los instigadores de revueltas judías (cf. Suetonio, Claudius, xxv).
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| Persecución de los cristianos durante la época de Nerón, obra policromada en madera del siglo XIX |
Aunque el curso preciso de la investigación no es absolutamente seguro, Tácito (Annales, xv. 44) parece implicar que ciertos cristianos fueron primero arrestados y que a consecuencia de sus declaraciones los cristianos fueron capturados y condenados en masse, siendo su mera adherencia al cristianismo y su supuesto odio al resto del género humano evidencia suficiente de culpabilidad, sin demostración de su intervención en el incendio.
La ejecución de los cristianos se convirtió en un festival para el populacho romano. En los jardines de Nerón, la actual plaza de San Pedro, algunos fueron crucificados o cosidos en pieles y destrozados por los perros y otros fueron embadurnados en brea y quemados por la noche como antorchas vivas. Más aún, según Tácito, Nerón mismo apareció como un auriga en los juegos del circo celebrados con ocasión de las ejecuciones y se mezcló con la gente; pero ni siquiera así pudo desviar la sospecha del pueblo de que los cristianos no estaban siendo sacrificados por el bien común sino por la crueldad de un individuo.
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| Las antorchas de Nerón, de Henryk Siemiradzki, 1876, Museo de Narodowe, Cracovia, AKG Londres/Erich Lessing |
Está claro por Tácito y Suetonio, aparte de las afirmaciones de Orosio (vii. 7) y Sulpicio Severo (ii. 28), que la persecución se limitó a Roma. Pero aunque la escena de la persecución de Nerón fue local, sus efectos fueron de largo alcance. En la quema de la gran metrópolis y la sangrienta reacción del paganismo contra el cristianismo se percibió la proximidad del fin del mundo, siendo esta creencia confirmada por los sucesos de los años siguientes: la caída y muerte de Nerón, la guerra judía y la feroz lucha por el trono de Roma. La figura demoníaca de Nerón se hizo presente en la escatología del tiempo (cf. Apocalipsis 18). Escapando de sus asesinos, o, en otra versión, levantándose de los muertos, vuelve como Anticristo para llevar a cabo la última gran guerra de aniquilación contra los seguidores de Cristo, sólo para ser aplastado por la aparición del Mesías en juicio.
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