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LACTANCIO (c. 240- c. 320)

Lactancio (Lucio Cecilio Firmiano Lactancio) nació probablemente en el norte de África, aunque durante mucho tiempo se pensó que era italiano, en el año 240 y murió hacia el 320 en Augusta Treverorum, Bélgica.

Vida.
Muy poco se sabe de su vida. Jerónimo afirma (De vir. ill., lxxx) que fue alumno de Arnobio y llamado por Diocleciano a Nicomedia como maestro de retórica, obligándole a ser escritor por falta de eruditos; se dice que fue en su ancianidad maestro en la Galia de Crispo, el hijo de Constantino. Que haya estudiado bajo Arnobio es dudoso, siendo imposible determinar la fecha de su nacimiento o si era de familia cristiana o pagana. Ya que Diocleciano fijó su residencia permanente en Nicomedia en el año 285, el llamamiento de Lactancio no tuvo que ser mucho más tarde de esa fecha, siendo evidente por De divinis institutionibus (I, i. 8) que estaba todavía desempeñando su oficio al principio de la persecución de Diocleciano (23 de febrero de 303). Si era cristiano en ese momento, debe haber perdido la oportunidad de enseñar ese año, asumiendo presumiblemente su actividad literaria. Pero no hay evidencia cierta de la fecha de su conversión al cristianismo o de su destino en la persecución, si se asume que entonces era cristiano. Los hechos que describe como testigo llevan a la conclusión de que estaba todavía en Bitinia en 305 y probablemente después. Su estancia en la Galia como maestro de Crispo (nacido el 307) fue probablemente antes del año 317. Si De mortibus persecutorum fue escrito por él y en Bitinia, entonces estuvo allí hasta el 313.

Obras.
En el pasaje anteriormente citado, Jerónimo nombra doce obras de Lactancio, de las que siete se han perdido total o casi totalmente. De las que existen De opificio Dei es un pequeño tratado dirigido a un antiguo alumno llamado Demetriano, un hombre rico en peligro de abandonar sus principios filosóficos por una vida de placer. El principal propósito de ese tratado es determinar la relación entre el alma y el cuerpo. Lactancio muestra que Dios ha dado al hombre la razón como una protección y justifica los planes de la providencia por una detallada descripción del cuerpo humano, terminando con una exposición de la naturaleza del alma y refiriéndose a un tratado que iba a escribir contra los filósofos paganos, que es obviamente las Institutiones. Sobre la fecha de la obra se ha acostumbrado a extraer conclusiones de I, i. 7 y xx. 1, que la situarían tras el comienzo de la persecución, pero los pasajes citados no justifican ni siquiera una decisión aproximada como esa. La principal obra de Lactancio es De divinis institutionibus en siete libros. El primero, De falsa religione, combate el politeísmo como base de todo error, demostrándose la unidad de Dios a partir del concepto de un Ser supremo e históricamente del testimonio de poetas y filósofos. En el segundo libro, De origine erroris, Lactancio muestra que los demonios son la fuente del error. El tercero, De falsa sapientia, muestra la debilidad de la filosofía, al pretender tener un conocimiento que no tiene y estar dividida en numerosas sectas que se contradicen entre sí; mientras que el cuarto, De vera sapientia et religione, elabora un cuadro distintivo del cristianismo. Los tres restantes libros discuten conceptos fundamentales de ética (v), la forma apropiada de rendir culto a Dios (vi) y la inmortalidad (vii). La misma dificultad existe en el caso de De opificio sobre la determinación de la fecha, pero es una hipótesis sostenible que el comienzo de la persecución, que cubre un periodo de al menos dos años, está entre la composición de los primeros cuatro libros y la del quinto, cuando el autor halló quietud para continuar su obra tras dejar la sede del movimiento anti-cristiano. De pasajes tales como V, xi. 15 y VI, xvii se sigue que esos libros fueron escritos no antes de 305 o después del edicto de tolerancia de Galerio en 311. El Epitome, o forma abreviada de Institutiones, fue conocido por Jerónimo y, generalmente, hasta 1712, solo en forma mutilada, de la que un tercio estaba perdida al principio. En el año citado fue publicado por C. M. Pfaff de un manuscrito descubierto por Maffei en Turín. Va dirigido a frater Pentadius, posiblemente un hermano de Lactancio y ofrece no una selección sino una completa reedición en forma más breve de la obra grande, hecha, según el prefacio, poco después.
De ira Dei trata la cuestión sugerida en Institutiones (II, xvii. 5) de si a Dios se le puede atribuir una afección personal como la ira. Según ello, la teología cristiana presupone a Dios como gobernante del universo y a quien se debe reverencia y temor. Sin el temor de Dios el hombre cae víctima de sus deseos y si Dios consintiera eso sin ira, estaría permitiendo el pecado. La fecha no puede ser fijada con más exactitud que por sus referencias a las Institutiones; Brandt lo sitúa en el 308, pero es más probable que fuera escrito después del cese de la persecución, lo cual supondría el 311 o 312.

Obras perdidas.
De las obras perdidas de Lactancio, aparte de unos pocos fragmentos, nada se sabe más allá de los títulos dados por Jerónimo. Completamente perdidas son Symposium, Grammaticus, los dos libros dirigidos a Asclepiades y la descripción métrica del viaje de Lactancio desde África a Nicomedia, en el que sigue una moda literaria común en su época. Quedan unos pocos fragmentos de las tres colecciones de cartas mencionadas por Jerónimo, que parece fueron más pequeños tratados sobre diversos temas en forma epistolar que cartas en el moderno sentido. Dámaso se queja (Epist. ad Hiieronymum, en Jéronimo, Epist., xxxv. 1) de que son largas y tediosas, insuficientemente representativas de la doctrina cristiana y escritas en el tono de un pedagogo.

Obras dudosas.
A las obras cuya autenticidad es dudosa pertenece el tratado que ha sido conocido desde 1679 por un solo manuscrito que lleva el título L. Cæcilii liber ad Donatum confessorem de mortibus persecutorum. Su propósito es mostrar que los perseguidores del cristianismo han sido visitados por el juicio divino. El autor parece estar bien informado en cuanto a los hechos que narra, aunque obviamente indispuesto contra los perseguidores y dispuesto a dar crédito a cualquier habladuría que se adapte a su propósito. El libro fue escrito antes del estallido de la persecución de Licinio en 321 y, ya que se menciona la muerte de Diocleciano (3 de diciembre de 316), no fue antes de 317. La autoría ha sido cuestionada casi desde su primera publicación, pero no se han presentado razones convincentes para negar la autoría de Lactancio. Los siguientes hechos tienen peso en la discusión: el estilo muestra parecidos y diferencias al de Lactancio, por lo que no es concluyente; la tradición, a partir de Jerónimo, es favorable a Lactancio; el autor estaba evidentemente en Nicomedia durante la persecución y señala los hechos con precisión, aunque seleccionándolos; fue evidentemente un hombre de posición, por la manera en la que presenta a gente importante como sus autoridades. La hipótesis de una falsificación literaria presenta demasiadas dificultades, mientras que no hay nada en los hechos conocidos de Lactancio que milite contra la aceptación de su autoría, ya que la fecha de su partida de Nicomedia está sin determinar. El poema De ave phænice es una versión de la antigua leyenda del ave fénix, escrita por un cristiano, como se muestra en la conclusión, donde el fénix simboliza a Cristo en su resurrección. Hay semejanzas en dicción entre ésta y las obras en prosa de Lactancio, de quien se sabe que escribió versos y aunque los manuscritos lo atribuyen definidamente a él no hay razón para dudar de esa atribución, a pesar del hecho de que Jerónimo no lo incluye en su lista. Los otros dos poemas a veces atribuidos a Lactancio no son suyos, el titulado De resurrectione o De pascha es de Venancio Fortunato y delDe passione Domini, publicado primero en la edición de Aldine de 1515, no hay manuscrito, por lo que puede tratarse de una falsificación del Renacimiento. Todas las obras de Lactancio llevan la huella de su profesión retórica. Son agradables de leer e imitan fructíferamente los mejores modelos clásicos en estilo, mostrando una amplia gama de conocimiento histórico, citando frecuentemente a filósofos y poetas clásicos. Esa capacidad fue la que mereció que Pico della Mirandola otorgara a Lactancio el título de 'Cicerón cristiano'. Como teólogo tiene poca importancia. Si según parece fue cristiano ya en sus años maduros, nunca penetró profundamente en el espíritu de su nueva fe. En la edición de Brandt del índice de sus citas de autores clásicos aparecen veinticuatro páginas, mientras que solo cuatro de las Escrituras y de éstas la mayoría basadas en la autoridad de Cipriano. Su principal contenido teológico se resume en la creencia en Dios como creador del mundo y en el poder de la nueva ley dada por Cristo, que libera al hombre del pecado y su castigo. No le afectó la controversia cristológica y su escatología es una reproducción de la antigua enseñanza milenarista. En una palabra, Lactancio no pertenece a los grandes de la antigua Iglesia, pero con toda su superficialidad permanece como una personalidad atractiva, seguida por muchos en su propia época y posteriormente.

El siguiente pasaje procede de su obra La ira de Dios, 14, 1-2:

'Lo mismo que Dios ha fabricado el universo para el hombre, ha fabricado al hombre para Él, como sacerdote del templo divino y espectador de las obras y realidades celestiales. En efecto, sólo el hombre, dotado de sentidos y capaz de razonar, puede conocer a Dios, admirar sus obras, ver claramente su fuerza y su poder. Si ha sido provisto de reflexión, de inteligencia, de prudencia; si, entre todos los animales, sólo él ha sido formado con un cuerpo en actitud derecha, ha sido para que, de manera visible, esté despierto para la contemplación de su Padre. Si él sólo está dotado de palabra y lenguaje, ha sido para que pueda proclamar la gloria de su Señor. En fin, si todo, sin excepción, le está sometido, es para que él, a su vez, esté sometido a Dios, creador y arquitecto.'
Mapa de los Padres de la Iglesia - Lactancio

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