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Siete almas
Chad Reeser (22-12-2012)
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Siete almas

Título originalSeven pounds

Dirigido porGabriele Muccino

Año del estreno: 2008

Protagonizado porWill SmithRosario DawsonWoody HarrelsonBarry PepperElpidia CarrilloConnor CruiseMichael EalyRobinne LeeJoe Nunez

Desde la primera escena de Siete Almas, hasta casi la última, nosotros como espectadores estamos hechos un lío. Casi nada nos cuadra. Por ejemplo, una de las primeras escenas muestra al protagonista Ben Thomas (Wil Smith) como si estuviera poseído, llamando por teléfono a un teleoperador ciego para insultarle. Y al cabo de un rato, da patadas a algunos objetos en su habitación, gritando los nombres de siete personas. Tenemos curiosidad por saber si este hombre es realmente un psicópata. Más tarde, aprendemos que Ben, un trabajador de Hacienda, va detrás de otras personas que experimentan dificultades físicas y financieras, haciéndoles preguntas íntimas sobre su moralidad y mirándoles con cara de estar juzgándoles mientras le responden. Parece que si esa gente acierta, él está dispuesto a viajar a sus casas y quitar las malas hierbas de su huerto, o a pasear a sus perros, o a obsequiarles con su propia mansión, o a donarles uno de sus propios riñones, y aún a más cosas.

No sabemos mucho, pero lo que sí sabemos es que Ben Thomas no está en sus cabales. Entre los insultos, las investigaciones, las buenas obras, y los regalos, suele mostrar una cara de tristeza. Llora espontáneamente. Sin embargo, al cabo de un rato, comenzamos a sospechar que aunque esté loco, también es sincero y de verdad quiere ayudar a los demás.

¿Qué es lo que motiva a este hombre? El desarrollo de la trama nos da algunas pistas. Lo más llamativo es que lo que dice ante la pregunta que le repiten, "¿Por qué me ha elegido?" o "¿Por qué me da su propio riñón?" Su respuesta a esas preguntas se convierte en la clave de la historia. "Porque eres una buena persona." En otra ocasión, cuando habla con Emily (protagonizada por Rosario Dawson) acerca de congelar el cobro de sus deudas con la Hacienda estatal, Ben la mira a los ojos y le dice, "Tengo la impresión de que te lo mereces."

También, es por ello que nos damos cuenta de que Ben no está dispuesto a donar sus órganos a cualquiera. En otra ocasión, cuando descubre que una de las personas a la cual está investigando no es buena gente, le da un puñetazo, golpeando la cabeza del inmerecido contra una ventana. Así que si no eres buena persona, no eres santo de su devoción.

Cada vez que vemos historias de hombres o mujeres dispuestos a sacrificar sus vidas para el bien de los demás, nos hace pensar en el sacrificio de Cristo en la cruz. Esta película no es diferente. Romanos 5:8 dice que "Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." En cierto sentido, Ben Thomas se puede comparar con Cristo, al querer morir por los demás para que pudieran vivir sus vidas plenamente.

Con todo lo impresionante que fue, la verdad es que su sacrificio no se compara con la expiación de Jesús en cuanto a varios aspectos. En primer lugar, hay una frase en medio de Romanos 5:8 que refleja el tipo de persona por la que Jesús murió. Esta cláusula dice, "siendo aún pecadores." El versículo 7 nos elabora esta maravilla aún más cuando dice, "porque a duras penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno." Es decir, Jesús murió por prostitutas, adúlteros, personas inmorales, codiciosos, y muchos otros, aunque no lo merecían. Por el contrario, Ben Thomas hizo todo lo que pudo para evitar que tales personas sacaran provecho de él. De hecho, si no estaban situados a cierta altura, era muy probable que Ben les diera nada más que un puñetazo. No estaba dispuesto a arrimar el hombro a favor de alguien que tenía una pizca de malo. Tenían que merecerlo.

Segundo, lo que Ben no reconoció, y muchos de nosotros tampoco, es que sus criterios para lo que constituía lo bueno, según lo que la Biblia dice, hacían aguas por todas partes. Mientras seguía detrás de los que posiblemente iba a salvar, frecuentemente se preguntaba si eran buena gente. Y al final, creía con todo su corazón que había encontrado a los que lo merecían suficientemente, los que sí eran buena gente. Pero mientras yo lo veía, no podía dejar de pensar, ¿qué pasa si se equivocó? ¿Qué pasa si eligió a los que solamente se estaban comportando bien durante aquella semana en la que se encontró con ellos? ¿Y si durante una parte de sus vidas habían sido codiciosos, asesinos, adúlteros, mentirosos, o egoístas? Tengo que admitir, que si yo hubiera sido un candidato para el riñón del señor Thomas, dependiendo del día, no habría dado la talla. Quizás me hubiera pillado echando una bronca a mi mujer, quejándome de mis jefes, o mintiendo a mi amigo.

A fin de cuentas, si somos honestos acerca de nuestras imperfecciones, ninguno de nosotros somos buena gente. Si tenemos alguna duda, Pablo nos baja los humos al decir, "No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se han desviado, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno."1 No hay nadie que haga lo bueno. Esta realidad hace que el sacrificio de Jesús por nosotros sea aún más maravilloso. No tenemos un salvador igual que Ben Thomas. Si fuera así, otro gallo cantaría. Lo que sí tenemos es el salvador que nos mira y sabe de sobra nuestra degradación, todos nuestros fracasos y nuestras debilidades, y aun así, murió por nosotros para que pudieramos experimentar no solamente "la vida plenamente," sino la vida eterna.2

1 Romanos 3:10-12
2 Juan 17:3

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