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Regreso al paraíso
Enrique Méndez (12-11-2012)
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Regreso al paraíso

Título originalReturn to Paradise

Dirigido porJoseph Ruben

Año del estreno: 1998

Protagonizado porVince VaughnAnne HecheJoaquin PhoenixDavid ConradJada Pinkett SmithVera Farmiga

Bajo el sarcástico título “Regreso al paraíso” el director Joseph Ruben con guión de Wesley Strick y Bruce Robinson nos ofrece una buena película que invita a la profunda reflexión del valor de la amistad.

Aunque la factoría Hollywood nos tiene servidos e incluso saturados de producciones absolutamente melosas acerca del tema, en éste caso, por una parte la crítica a la superficial amistad juvenil –solo enfocada al ocio consumista y a la fiesta sin límite- y el planteamiento del verdadero significado de la amistad llevada a una situación extrema, hace que ésta película sea muy recomendable.

Sin entrar mucho en el argumento, la historia trata de tres amigos que deciden hacer un último viaje juvenil de placer y desenfreno en un país asiático, para para después continuar cada uno con su proyecto de vida por separado. Dos años después, dos de ellos se enteran que el tercer amigo no consiguió salir del país asiático y está en prisión con una condena a muerte por posesión de drogas en la fiesta que tuvieron los tres amigos dos años atrás. Para salvarle de tal final, tendrán que volver al país y compartir condena.

El clímax de la película al contrario de lo que pudiéramos pensar, no es un rescate arriesgado espectacular o un momento de extrema tensión en un juicio, si no la reflexión a conciencia de uno de los amigos sobre lo que debería o no debería hacer.

Por otra parte la crudeza y sinceridad de las reflexiones del reo, hacen que la película te deje tocado para unos cuantos días, ya que es ineludible la propia comparación personal –el qué haría yo en su lugar-.

No se trata aquí de hacer un favorcito a un amiguete, ni dejarle dinero, ni escucharle o acompañarle a un sitio, se trata de poner en riesgo de muerte tu propia vida para salvar la de otro.

El amor desinteresado al prójimo, el dar sin recibir, el dar y recibir mal, es algo imposible de ver en nuestra sociedad. A este alto grado de amistad, Jesús le pone la mayor calificación (Juan 15:13) “no hay mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. De una forma clara Jesús también está diciendo cual va a ser su sacrificio por salvar la humanidad. El amor absoluto y la gracia inmerecida hacen que la obra de salvación sea para nosotros algo humanamente incomprensible y a la vez consoladora y reconfortante.

Quisiera que este comentario nos lleve a la meditación y reflexión acerca de cuanto estamos haciendo por el prójimo, qué estamos dando a los demás y cuánto dio Jesús por nosotros.

El apóstol Pablo ya escribió este pensamiento, y hoy nos sirve de inspiración, en su carta a los filipenses (Filipenses 2:3-8): “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.“

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